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ben escoger y recoger desde el origen de la Monarquía Católica, y establecimiento de la Religión Christiana en España, procurando entresacarlas como granos de trigo de un pajar , de las historias generales, que son pocas, y raras veces tratan del Patronato Real , y de otros derechos de regalía: de las historias de las Iglesias , que no todas se han escrito con la diligencia conveniente , y exactitud debida: de las historias de las Religiones , que se han detenido mas en engrandecer la virtud y doctrina de las personas que vistieron su hábito , que en aclarar los derechos de los Reyes sobre sus Monasterios y Prelacias: de las Crónicas ó vidas de los Reyes , cuyos autores fueron muy atentos á referir batallas, sucesos singulares , y acciones de valor, de prudencia , ó astucia , y poco cuidadosos de los derechos de la Corona: de las historias particulares de las Ciudades, Villas , y Lugares, llenas de impertinencias : de las inscripciones antiguas , en cuya colección no se ha puesto el debido cuidado , y mucho menos en el discernimiento de las verdadera* y fingidas: de los Privilegios Reales , unos perdidos , Otros consumidos , y otros confundidos en los mismos Archivos públicos y particulares: de las Bulas Apostólicas , que por no haberse publicado en las historias coetáneas , y por haberse perdido muchas de ellas en el discurso del tiempo , hemos visto que algunas se han negado ó puesto en duda : de los Manifiestos , Representaciones, Consultas , Decretos y Testamentos de los Reyes: de las tradiciones verdaderas de los Pueblos : de los memoriales trabajados por los Letrados mas doctos en los pleytos de mayores intereses ; y para decirlo en una palabra , de todas las fuentes de la hisí." totoria en donde se hallan esparcidas.

Otra reflexión nace de la referida órden Real, y es , que habiendo mandado el Rey que por su parte interviniese el Gobernador del Consejo , con Don Pedro de Hontalva , que es lo mismo que decir el primer Ministro de sus Tribunales de Justicia* aconsejado para que tratase con el Nuncio Apostólico y su Auditor , personas habilísimas y muy sagaces y diestras en'el manejo de los negocios: para entrar en este tratado mandó el sábio Monarca , que se tuviesen presentes las dudas que se disputaron en las vacantes de Indias, especialmente acerca déla jurisdicción de la Cámara de Castilla , para las dependencias del Real Patronato.

Pero si bien el Cardenal Gobernador dirigió dicha órden á Don Pedro de Hontalva , y se debe tener por cierto , que con la mayor brevedad que pudo , formó este Ministro alguna instrucción correspondiente á la estimación que tiene merecida por sus escritos; no llegó el caso de que se tuviese en la Corte de España alguna conferencia.

Lo cierto es , que el dia 8 de Septiembre del año de 1741 se dió órden á Don Gabiiel de la Olmeda , entonces Fiscal de la Real Cámara , y ahora Marqués de los Llanos y Camarista, para que formase un apuntamiento ó instrucción de los fundamentos de hecho , y de derecho , con que los Reyes de España y sus Tribunales han conocido de tiempo inmemorial de todas las causas y negocios del Real Patronato , cuya jurisdicción hoy reside en el Consejo supremo de la Cámara. Y habiéndolo executado dicho Ministro con su acostumbrado zelo , y conocida doctrina , trató según expresa su mismo título de Real Patronato , de su naturaleza , de la de

la In jurisdicción , de los motivos que hubo para 1o dispuesto en el art. 23. del Concordato con la Corte Komana , de sus conseqiiencias , y del mas eficaz re-r ir.edio, con otros puntos incidentes, y muy propios de la materia, para su mejor comprehension. La Real "Cámara aprobó este apuntamiento , que luego se pasó á la Secretaría de Eítado , de donde por ór-» den. del Rey se envió á los Cardenales Troyana* •Aquaviva , y Don Luis de Belluga , encargados de los negocios de España en la Corte Romana. No se comunicó aquel apuntamiento á los referidos Carde-» » niales para que ofreciesen los derechos de los Reyes de España al arbitrio del Santísimo Padre; sino para que en casó de proponerles algunas dudas, estu-» viesen instruidos en muchas cosas, á fin de que de pronto pudiesen responder. Ninguna facultad se les dió para que manifestasen á su Santidad aquel apuntamiento; pero ó por no cansarse en estudiarle, ó por parecerles medio mas expedito , que el Santísimo Padre le viese para informarse mejor , ó por otro motivo qualquiera que sea , entregaron y confiaron á su Beatitud aquel apuntamiento. Lo que resultó de aquel hecho se lee en el §. 8. de la representación que hizo al Rey Don Felipe Y. el Ilustrísimo Se* ñor Nuncio del Santísimo Padre Don Enrique Enriquez , Arzobispo de Nazianzo , que á su esclarecido nacimiento y perspicaz ingenio , añade un incansable estudio , madurísimo juicio , y prudencia* práctica , acompañada de singular eloqüencia y ama* bilidad , por sus christiánas y suaví:imas costumbres. Allí , pues , hablando de nuestro Santísimo Padre Benedicto XIV , añadió lo siguiente. vPuso i,eh sus manos el Cardenal de Aquaviva algunos ,,exemplarcs simples de muchas Bulas Pontificias,

«que se tenían como basa y fundamento del regia «Patronato universal. Sobre estas mismas Bulas , y rcon espíritu, no de humano interés, ni de mun«dana ambición , sino de zelo , de justicia , y de «verdad , qual conviene al Sumo Sacerdote , y es «conforme al nativo candor de un animo verdaderamente angélico como el de Benedicto XIV ; co«menzó este , (sin que se lo embarazasen los grasísimos negocios del universal gobierno ) á tajar una «larga y fundamental disertación , en que se hace «ver tan clara como la luz del dia la insubsistencia, «é ineficacia de los sobredichos documentos. Hi«ciéronse 4e esta disertación varias copias , dos de iilas quales se entregaron para su respectivo uso á los «dos Cardenales que diximos, y algunas otras se pudieron en manos del Cardenal Aquaviva , para que «desde allí pasasen á las de los Ministros de V. M. «y donde no quedasen plenamente satisfechos de las «sabias razones del Pontífice , pudiesen replicar , y «dar las convenientes respuestas , las quales hubie«ran sido en Roma con grato ánimo recibidas , y «con sanísima intención examinadas. Es cierto , Sc«ñor r que de tres ó quatro años á esta parte , vinieron á España algunos exemplares de aquella sá«bia disertación; y que el Nuncio suplicante, es«tá pronto á satisfacer con ellos el deseo de quien necesitare las noticias de su contenido. También es «cierto que hasta ahora ninguna respuesta se ha dando á la Corte Romana sobre dicha disertación, «sin embargo de haberse esparcido una voz vaga naquí , y en Roma , de que se habia trabajado una «respuesta docta , y prolixa acerca de ella. Igualemente es cierto , que habiendo tenido la honra el «Nuncio antecesor, y mucho mas el presente, de hacer

r,cer por causa de su Ministerio varias representacio„nes, ya de palabra , ya por escrito á los Ministros de V. M. y particularmente al dignísimo Seiicretarió de Estado; siempre estos han hecho la ma„yor instancia á fin de que se respondiese á la Disertación' dé-su Santidad , ó se remitiese á Roma „la respuesta qué se suponía.

Hasta aquí el Nuncio Pontificio, con quien debemos convenir, y gustosamente convenimos en las alabanzas que dá á nuestro Santísimo Padre , por-1 que ciertamente las merece por aclamación univer-' sal. Pero á quién mandó el Rey que respondiese , y que sucedió después, se dirá prosiguiendo esta historia.

Luego que recibió el Rey la Disertación del Sumo Pontífice , mandó al Marques de los Llanos que respondiese : el qual con mucha brevedad y diligencia escribió una satisfacción histórico-canónicolegal, que sin perder tiempo llegó á las manos del Rey. Sería curiosidad muy atrevida intentar averiguar los ocultos motivos que tuvo para detenerla ert su poder un Monarca tan sabio , y de tan religioso silencio como Don Felipe V. Lo que por defuera se sabe es, que Don Andrés González de Barcia, del Consejo y Cámara de Castilla v doctísimo Juris-r ta, y de muchas y largas experiencias , fué de pa-; recer que la respuesta no se enviase á Roma ; y sin defraudar al Marques de los Llanos de la gloria que lé resultó de tal confianza y encargo , se puede con-¡ siderar sin la menor ofensa de sai doctrina , que hu> Jjo muchas razones para que el Rey estimase y premiase su obsequio , y no le hiciese público. Porque su primer apuntamiento fué una instrucción secreta , dada á los Cardenales Belluga y Aquaviva; , Tom. XXV. I el

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