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mismas reglas (en lo substancial) que en sus Países, y siendo la jurisdicción consular favor á los Españoles, se les dispensaba igual privilegio , que es uno de los capítulos acordados en las convenciones públicas. Este Consulado parece conveniente tuviese la calidad de general, y que con él hubiesen de seguir su correspondencia todos los demás del Reyno , con subordinación en lo gobernativo , según es el espíritu de la ley 2, lib. 3. tit. 13. de la Recopilación arriba citada.

La residencia en la Corte , é inmediación á la Real Junta general de Comercio, facilitarían la pronta participación de las providencias de dicho supremo tribunal, y por su medio se comunicarían á los demás Consulados. El de Madrid , adonde deberán dirigirse todos, representaría ya á la Real Junta , ya al Ministerio , quanto aquellos le representasen conveniente en sus respectivos Departamentos , sin necesidad de mantener Agentes ó Diputados, y patrocinaría sus instancias y breve despacho. El Consulado de Madrid alcanzaría mas inmediatamente quanto ocurre en las Fábricas del Reyno , pues pudiera solicitar de la Real Junta aquellas noticias que creyese conducentes al fomento de todas. De suerte, que así para lo directivo y gobernativo , por parte de la Real Junta, como para la introducción de las pretensiones por los Consulados , el de Madrid sería el mas proporcionado conducto , y por lo mismo sería conveniente á su autorización calificarlo con el título de general. Por lo expuesto sobre la conveniencia dd Comercio y Comerciantes , en tener Jueces propios y ordenanzas , se deduce lo importante que sería su establecimiento en Sevilla y Cádiz, pues así lo extensivo de su trafico , como el número de sus individos , son circunstancias que recomendadas por la ley Real, por condición se hallan en las citadas Ciudades. Estos Consulados (á que se les pudiera agregar su Junta de Gobierno , para que privativamente á imitación de las de Barcelona y Valencia, conociese y cuidase la Agricultura , Fábricas , y Artes) deberían tener sus correspondencias con el de Cádiz , de la carrera de Indias, y con los establea cidos en aquellos vastos dominios, á fin de las remisiones reciprocas de frutos y electos: esto es, que auxiliasen á los respectivos consignatarios. Puede objecionarse el que los cinco Gremios mayores porsus ordenanzas, y por otra Real orden del año de 1755, gozan del fuero de la Real Junta general de Comercio, cuyo subdelegado conoce en primera instancia de los incidentes que ocurren á la comunidad , y que por consiguiente parece menos precisa , ó no lo es absolutamente la erección de Consulado. Se satisface la objeción: lo primero , no se propone aquella institución como conveniente únicamente al Comercio de los cinco Gremios , sino por importantísima á la generalidad del tráfico. Lo segundo , el subdelegado no substancia , y determina los pleytos por ordenanzas y práctica de Comercio , sino por los trámites legales, y formalidades forenses , y siendo el destierro de estas uno de los capítulos mas interesantes al tráfico de los cinco Gremios , y demás Comerciantes, no evacuándose por la subdelegacion, se hace mas precisa la erección de Consulado y ordenanzas. Convendría igualmente el que e>tas fuesen generales para el todo de la Nación , cuya uniformidad, evitaría se suscitasen dudas , competencias , y excepciones , que no producen otro electo que el de la dilación en . las ..determinaciones. . . , . j Xom.XXVIL . B Eva

Evacuada ó procurada persuadir la importante ventaja , que seria á los cinco Gremios (y al todo delConercio)la institución deConsulado; no debien* do ya dudarse á vista de lo expuesto , el mérito de e^te cuerpo , á que se le dispensen todas las que sean posibles; pasemos á la producción de otras. Tal lo sería el permiso de ropas en los intermedies de las sa'idas de las flotas, con tal que hiciesen bastante acopio de papel , géneros de las Fábricas de España y frutos. Ya escucho la inmediata reconvención , de que equellas ropas harian baxar el precio de las que se navegaren en la flota. Para desvanecer este argumento , es menester reflexionar , lo primero : que todo el ca gamento de un navio de quinientas toneladas no sube el valor, aun siendo su totalidad ropas, de un millón de pesos , valor de España. Esta es una pequeña partida , en comparación de la gran provisión que necesitan aquellos dilatados dominios. Lo segundo , aun quando perjudicase , recargaría el daño contra los Extrangeros, dueños de la mayor parte de la cargazón de una flota , y por tanto , hecho paralelo de la utilidad que disfrutarían los cinco Gremios mayores , verdaderamente Españoles , el navio y carga que llevasen de su cuenta , y del perjuicio que experimentarían los demás cargadores, quedaría mas gananciosa la Nación con el renglón de lo que lucrasen los Gremios, llevando su permiso , que en el caso de que se les negase por respeto á la próxima flota. Lo mucho que utilizarían los ExtrangeTos, saldría fuera del Reyno. Lo poco que adelantaran los Gremios , quedaría d°ntro de él. Supongamos que los particulares flotbtas perdiesen.. La Ka» cion lucraba. Lo tercero : es notorio que á la publicación de una flota se atropella»> los pretendientes

por poi licencias. Siempre quedan quejoso?. Aunque se compusiese de veinte navios, habría quien todavia solicitase permiso. Este es un argumento convincente, de que uno ó dos navios mas sobre los que regularmente forman la expedición de flota en el dia,, np impedirían el ventajoso despacho de los cargamentos que llevasen los demás. Los pretendientes saben unos de otros. Esto es público desde luego en la Plaza. No es verosimil se quisiesen arruinar tantos. Pudiera ser que uno ú otro se empeñase en la licencia por cubrir sus dependencias, ó sosegar sus acreedores como arriba se ha expresado , pero no es creíble que tantos , y con especialidad los cargadores, solicitasen su propia ruina. Lo quarto : parece no puede dudarse que la flota no es bastante provisión para aquellos Reynos , y mucho menos por la mayor dilación que haya de una á otra , á vista del Comercio clandestino de que se quejan los navegantes, y nadie duda hacen los Extranjeros en nuestras Indias. El navio de permiso de los cinco Gremios los surtiría, y tendrían los naturales menos disculpa, y lia Nación mas utilidad. Por mucho que la expedición citada perjudicase (quierolo conceder por un momento) á la futura inmediata flota, nunca puede ser tanto como las embarcaciones extrangeras del tráfico fraudulento. Enhorabuena: no se conceda el permiso; pero este hueco le ocuparán los bageles que hacen el giro clandestino. La sana política exige quando no se ,pueda remediar todo el daño , al menos moderarle. Esto se consigue con la licencia intermedia de los cinco Gremios de flota á flota. Dos ventajas se con-? seguirían: una , si habia necesidad abastecerían , y eso menos se consumiría del Extrangero en su introducion fraudulenta. Si.no habia necesidad, almacenáis 2. rían, rian , pues no tendrían precisión de malvaratar las ropas para pagar empeños , y este repuesto siempre convenia para en el caso de alguna irrupción de las potencias. No hay el riesgo de que los cinco Gremios levantasen el precio de sus géneros. No podian ignorar la próxima expedición de la flota , con «cuya esperanza se contendrían los compradores á no ser los precios regulares , ni dexarian de conocer que los Extrangeros en tal caso baxarian los suyos. Lo quinto: los que se hallan instruidos en la historia del Comercio , no ignoran que el navio de permiso que disfrutaban los Ingleses, era un almacén en el agua que se reponía freqüentemente por medio de otras embarcaciones de su Nación , dando motivo á repetidas quejas. Tampoco hay duda de que entonces era mas continuado el despacho de las flotas. Sin embargo , los géneros se despachaban con crédito. Se hacían ventajosas ventas; enriquecían los navegantes, siendo de ello prueba muchas casas desde aquel tiempo opulentas, no habiendo impedido á la felicidad de las expediciones , aquel permanente perpetuo repuesto.

Pero supongamos que por el citado permiso lo* cinco gremios lograsen utilidades crecidas, y que se perjudicasen muchos particulares Españoles, todavía (salvo el superior dictamen) no lo opino por justo m« tivo á la denegación. Lo primero, la utilidad cedia á favor de un cuerpo importantísimo al Estado , y que retribuye á la Nación por varios otros renglones el btneikio que de aquella gracia pudiera recitarle, subsanando el perjuicio (aun quando existiese) que elia ocasionase. Lo segundo , la sana política exige se limiten las exenciones y especiales privilegios, siempre que ícdundui en daño del todo de la Nación:y al

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