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tidas suman quarenta y tres por ciento , - reportando el Exrrangero cinquenta y cinco , que ha salido como la anterior partida de la substancia de los vasallos, porque cambió el dinero por el género , y lo pagó tanto mas caro, quanto fueron los derechos que se le exigieron al Extrangero sobre los géneros, y los gastos que ocasionaron.

El Fabricante ó Comerciante forma su factura con arreglo al costo principal de la materia primera, los de la manufactura , embarque, flete , avería , seguros , derechos nacionales y consulares, los que se pagan en la Real Hacienda, la conducción desde el navio á tierra , el transporte al Almacén, el arrendamiento de éste , la comisión , el corretage y otros gastillos anexos , y luego le computa la correspondiente ganancia , que haciendo todo precio de factura , lo paga el Español comprador. De forma, que al propietario del género se le compensa quanto dispendio ha tenido. También incluye, aunque con disimulo y baxo un renglón conocido , el tres por ciento de la extracción de la plata , ó vende la ropa mas cara para su descuento. Se infiere con la mayor evidencia que los quarenta y tres por ciento, que percibió el Real Erario , los pagó efectivamente el comprador Español. Obsérvese que de los trece renglones de gastos , que forman el de la manufactura , embarque , flete &c. hasta en el dia de la venta de la ropa,los ocho ó nueve renglones (y son los mayores, excepcionando el de los derechos reales) ceden , y se reparten entre sus nacionales y los redantes, como son el transporte desde el enbarcadero al Almacén, el alquiler de este, y el corretage, son los que quedan á nuestro beneficio , y tal vez ni aun estos, pues si la casa extrangera á quien viene la comisión, tiene Almamacenes , el mismo Extrangero di:fruta el importe del almacenage , á que se añade que regularmente se sirven para las negociaciones de corredores extrangeros. También suelen servirse de las lanchas y botes de sus navios para la conducción de las ropas al muelle. De suerte, que no le queda al Español en este tráfico otra utilidad, que la del cargador ^ mandadero (llamados Aljameles , que cargan sobre sus caballos ó carros de la Aduana los fardos) que conduce los géneros desde el muelle á la Real Aduana , y desde allí á los Almacenes. Esta demostración prudencial , pero verdadera , hace ver que el Real Erario percibe muy poco , en comparación de lo que pierde en lo mucho que la Nación es perjudicada , y no se observa de este modo aquella reciproca estrecha correspondencia entre la Real Hacienda y Comercio , que constituye la felicidad pública.

Todos aquellos renglones, ganancia , y compensación de costos que logra el Extrangero en la venta de sus efectos, mantienen á sus Nacionales , destruyen á los nuestros, la Población, Agricultura, Artes &c. Supóngase que la Real Hacienda lucra considerables derechos en la mayor introducción de géneros extrangerosrpero confiésese que la Nación pierde considerablemente. Estos dos extremos son incompatibles en el dictamen de los mejores políticos para sostener la prosperidad del Reyno. La Francia ( así lo reflexionan sus escritores políticos) sufrió un Comercio ruinoso por bastante tiempo. Ningún género extrangero se prohibía , y su introducción se executaba baxo moderados derechos.La Inglaterra, ó prohibía , ó sobrecargaba los de Francia , y así en la balanza del tráfico, era aquella Nación la que adelantaba. Ocupó el trono el Señor Don Luis XIV. váno

se el sistema , ó propiamente hablando se estableció sistema. Se prohibieron ó sobrecargaron las mercaderías , que podían hacer competencia á las Fábricas del Reyno, hubo menos importación de géneros extrangeros, se deterioró precisamente el Real Erario por la disminución del renglón de entradas, pero se acrecentó porque el Comercio , Fábricas, é Industria prosperaron. Estos son hechos incontrovertibles. Las rentas de la Corona se quadruplicaron desde el Señor Don Luis XIV. como se puede ver en los escritores de aquella Nación , y otros sobre su comercio y política. El exemplo de las demás Naciones debe servir del mayor convencimiento. Todas gravan con derechos, ó prohiben la introducción de todo lo que puede perjudicar á su Industria , Artes &c. Este es el clamar de los mas clásicos políticos. Nuestras leyes tienen aplicadas baxo el mismo espíri- » tu oportunísimas providencias , pero el declamado ínteres de la Real Hacienda ocasiona su inobservancia. Ignoro de que principio, sino de la falta de una prudente calculación »t puede derivar la tal declamación. Si se examinan todos los Reales Decretos excitando la Agricultura , Comercio , Fábricas , ¿Industria , concediendo franquicias , y exenciones, se encontrarán dos circunstancias muy particulares. Una, que el Real ánimo defiere y fomenta la industria de los vasallos, á fin de evitar el consumo de los géneros extrangeros , no salgan el, pro.y plata en re- • torno , prospere la Nación y se enriquezca , pues en ello consiste el poder del Estado , y la facilidad de subvenir á las contribuciones y urgencias. Esto no es compatible con la demasiada importación de las mercaderías extiangeras , y decadencia de nuestras Fábricas , agraciando aquellas , ó exigiéndolas modera

dos derechos , y no franqueando estas, y por consiguiente no será violento opinar, que semejante conducta es contraria á las reales intenciones. La otra circunstancia deriva de conceptuarse en los tales Reales decretos compatibles, y conciliables las franquicias con el interés del Real Erario. Asi han opinado nuestros Soberanos , lo opina y promueve por repetidos benignísimos Reales decretos nuestro amabilísimo Rey , Padre y Señor (que Dios guarde y prospere) el Señor Don Carlos III. El Gobierno y Ministerio es muy ilustrado , zeloso y amante del Real servicio y causa pública , para creer que sea de contrario dictamen á estas elementales, constantes, universales máximas. Es verdad que se advierten al'gunos efectos contrarios á aquellos principios: pero es menester inferir no dimanan directamente del Gobierno , sino de las influencias ó informes de los subalternos.

Los Administradores y demás empleados en rentas Reales, conceptúan no es otro su cargo (hablo generalmente y sin ánimo de agraviar) que el adelantamiento de aquellas , sin creerse obligados á conciliar el interés de la Real Hacienda , con el de la nación. Mientras mas entradas logran durante su tiempo , mas declaman su mérito por relevante. Los partidarios (que hay bastantes) contra las fábricas, gritan que no prosperan ni convienen en España, que es preciso surtirnos de los géneros extrangeros, que son mejores y mas baratos, aun habiéndolos ¡guales manufacturados en España. Unas y otras veces llegan al Gobierno , y considerando la precisión de provisionar de ropas al Reyno , se mira forzado á desviarse del concepto explicado por los Reales decretos, que concillan las ventajas del Real EraTom. XXVIL h rio rio y nación , concediendo á favor de la industria de estas franquicias, que al parecer deterioran los Reales derechos, excitándose la aplicación de los vasallos al aumento de las fábricas, y que no necesitemos el abastecernos de las extranjeras. Todo vasallo y amajite de la Patria , debe coadyubar y concurrir á quanto sea aumento de la Real Hacienda. Debe mirarse con horror , y como miembro podrido de la sociedad , al que la* desfrauda , aconseja ó presta para ello auxilio.

La dificultad consiste en que se aumente igualmente la fortuna ó prosperidad de los vasallos. Esto se consigue siempre que la Agricultura, Comercio, Fábricas, é Industria se feliciten , y á sombra de dichos ramos los Pueblos. Nadie puede dudar que son los principios elementales de la prosperidad de la nación , y que enriquecen el Estado y la Real Hacienda. Entre esta y aquellos, debe sostenerse un fluxo y rerluxo político ^ por cuyo medio se mutilen las respectivas utilidades. Mientras mas labradores , fabricantes, operarios ocupados, comerciantes , artistas , criadores de ganados, cosecheros, y finalmente individuos empleados en la sociedad , mayores consumos de especies afectas á contribución, mas contratos de compras y ventas, mas facilidad á los repartimientos. Para la Real Hacienda es indiferente la recaudación de derechos , el conservarse y acaudalarse por el renglón de las entradas de los géneros extrangeros , ó por los derechos alectos á los consumos, á los contratos de compra y venta , encabezamiento y demás motivos que causen contribución. Pero hay la notabilísima diferencia , que el acrecentamiento del Real Erario por las entradas de géneros de- fuera del Reyno , no solo

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