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Es propiedad del autor.

POLÍTICA DE ESPAÑA EN ULTRAMAR,

CAPÍTULO PRELIMINAR.

Razón y motivo de esta obra: objeto y fin

de su publicación.

Conocida es de un modo casi unánime la aspiración que durante la segunda mitad del siglo xv se dejaba sentir en los paises de Europa, por ensanchar los límites del mundo que entonces se creía habitado. El Mediterráneo se hallaba constituído en centro universal donde la actividad humana se desplegaba con mayor energia, y los pueblos que habitaban sus costas y sus islas, los más ilustrados, más activos y poderosos.

Era España entre estos pueblos la que menos parte había tomado en aquella actividad, ocupada como estaba de la reconquista de su territorio y en reconstituir la unidad que había perdido con motivo de la invasión sarracénica. Logrado que hubo su propósito, ó más bien hallándose todavía en camino de realizarlo, por espontáneo esfuerzo de su vitalidad, extendió su influencia y poderío por mucha parte de los países que aquel mar rodeaban. Ocupaba ya en esta época la Península ibérica el puesto de nación influyente, , y no podía menos de presentársele ocasión propicia para consolidar esta influencia y hacerla extensiva por las más dilatadas regiones, llevando á ellas su civilización . y su comercio.

Era entonces Venecia la que había alcanzado y mantenia

una preponderancia marítima y comercial por todos reconocida, ensanchando su espíritu mercantil hasta haber logrado el monopolio del tráfico en los países confinantes con el Indo, paises que eran considerados como fuente de toda clase de riquezas, y pugnando con éxito por conservar este monopolio, había hecho suyo casi todo el comercio de Europa. La rivalidad de todos los demás países no podía menos de avivar el incentivo que se sentia por investigar los medios de vencer al poderoso por otros que no fueran los de la fuerza, porque en ese terreno era Venecia superior á las demás potencias marítimas. Y uno de los medios en defecto de los de la guerra, que universalmente parecía haberse tácitamente adoptado, era el de hallar un camino para la India distinto de aquel de que servía la reina de los mares, para hacer floreciente el comercio que sostenia. Uníase á esta aspiración de los hombres de negocios, del comerciante y del industrial, la de los navegantes y de los geógrafos, en quienes había ido desarrollándose la idea de existir ese camino, que en el mundo mercantil se deseaba ó se presentia.

Cúpole á Colón la fortuna de hallar propicia á su deseo la Soberana de Castilla y de realizar, por consiguiente, no el suceso, notable ya en sí, de hallar ese nuevo camino para la India de Marco Polo, sino el acontecimiento más sorprendente de los presentes siglos, como lo fué sin duda el descubrimiento de un mundo, tan lleno de encantos y de maravillas, como podían serlo aquellos que bañaban las aguas del Ganges y del Rio Amarillo. El efecto que este acontecimiento debió producir en Europa, no pudo menos de ser extraordinario, y aquel pais ó aquel pueblo que llegó á encontrarse sorprendido también por tal hallazgo, ó debió sentirse anonadado bajo el peso de tanta magnificencia, ó dar evidente muestra de gigantesco aliento y de elevación de ánimo, aceptándole con la calma y la serenidad del genio, que mide su grandeza por la grandeza misma de sus concepciones.

La pasión más exaltada ni la crítica más acerba podrían negar que fué obra digna de un gran Soberano y de un gran pueblo, acoger como ofrenda de la Providencia la adquisición de extensos y ricos territorios, de numerosos y nuevos habitantes, y aceptar la responsabilidad que contraían de regenerar aquellas nuevas razas, atrayéndolas á. la civilización cristiana, reorganizando una sociedad, múltiple en sus necesidades y aspiraciones, repulsiva en grados distintos á la misma Europa, por medio de leyes y de instituciones, donde campeasen la sabiduría y rectitud del magistrado y la acendrada caridad del sacerdote.

Obra tan difícil como gloriosa fué la emprendida por España en este sentido, y aunque bruscamente interrumpida en la más importante y extensa parte del Nuevo Mundo á principios del presente siglo, esa obra se halla perennemente manifiesta en aquellas instituciones que fundó y en aquella civilización cuyos gérmenes sembró, instituciones y gérmenes que subsisten aún, ya en aquellos mismos paí. ses que se desprendieron del seno de la patria comin, ya en los que permanecen unidos á ella, compartiendo sus infortunios presentes, como compartieron sus pasadas glorias.

En cuatro periodos puede dividirse la época durante la cual España se dedicó á realizar esta civilizadora empresa. · El primero, constituído por el espacio de tiempo que transcurrió desde el descubrimiento hasta finalizar el siglo xvi, pudiendo designársele como el período de ocupación, conquista y organización. El segundo, que puede ser considerado como el de desarrollo, progreso y perfeccionamiento, le constituye el siglo xvii. El siguiente siglo constituiría el tercer período, que merecería ser designado como el de transformación y decadencia. Y el cuarto, en fin, el transcurrido en todo el presente siglo, que bien pudiera llamársele el de incertidumbre y de postración,

Durante el primero de estos períodos se dedicó España á pacificar los territorios en los cuales la ocupación y conquista hallaron mayor resistencia por parte de los naturales, á someter las nuevas razas conquistadas á las reglas de una civilidad más perfecta, teniendo por base la familia, la sociedad y la cultura intelectual, en armonía con las costumbres y con las instituciones cristianas.

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