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amena, que rayaba en lo jocoso, so hizo notable, no menos por sus luces, que por su benevolencia y sencillez apostólica; dejando una memoria que será por siempre venerada en Centro América.

Cítanse varios dichos agudos y anécdotas curiosas del Padre Goicochea. Entendémos que á su pluma se deben algunas memorias muy interesantes de la " Sociedad de Amigos"' y diversos artículos de la primera Gaceta que hubo en Guatemala; así como un poema escrito en latin.

He aquí los únicos datos biográficos que hemos podido adquirir relativos á este distinguido Costa Rícense.

DON BRAULIO CARRILLO.
(Véase su retrato página 16.)

Nadie tiene, en nuestro concepto, mas títulos que Carrillo, á ocupar un lugar, entre las celebridades de su patria, habiendo sido esta misma el teatro principal de sus glorias, y donde desplegó las eminentes calidades que lo proclaman hombre de estado, las dos veces que estuvo al frente de la administracion.

El Señor Carrillo nació en Cartago el año de 1800, é hizo sus estudios en la Universidad de Leon, donde se recibió de abogado. Allí pudo observar de cerca el espantoso carácter que la revolucion tomó en aquel Estado, en la cual su hermano y protector Don Basilio hizo un papel memorable.

Despues de viajar por Honduras, Salvador y Guatemala, restituido á su patria en 1830, inicióse Don Braulio en la carrera pública, sirviendo la Fiscalia de la Corte Suprema de Justicia, de donde ascendió, por eleccion popular, á la Presidencia del mismo Tribunal; cuyos destinos desempeñó á satisfaccion general; dando á conocer en ellos su ilustracion y talentos y comenzando á adquirir influjo y popularidad.

En seguida encontramos á Carrillo, asociado de otros jóvenes que como él despuntaban, formando la oposicion al Gobierno de Don Juan Mora, entonces en su segundo periodo. Tratóse en aquella época de destruir el monopolio que ejercian en la administracion de Justicia cierto número de letrados viejos, residentes en el pais, y Carrillo fué de los que se pronunciaron contra los letrados, opinando por que cualquiera ciudadano, sin distincion, fuese elejible para las Magistraturas y Juzgados. Sin embargo, la oposicion de entonces se condujo con mucha propiedad, respetando la ley y el órden establecido.

En 1834, el Señor Carrillo tomó asiento en el Congreso Federal, á la sazon reunido en Sonsonate, como uno de los Representantes de Costa Rica, acompañando á dicho Cuerpo, cuando se trasladó á la ciudad del -Salvador, que se habia declarado Distrito Federal. Presenció allí la lucha empeñada entre el Gobierno Nacional y la administracion del Salvador, á cargo entonces del Jefe San Martin; lucha que terminó con la derrota completa de dicha administracion y la renovacion de todos los poderes del Estado. Carrillo no pudo ménos que levantar su voz contra las demasias del Poder Nacional, procurando moderar las persecuciones y defendiendo siempre el principio de la soberania de los Estados.

Salió del Congreso en 1835, y regresó I Costa Rica, á punto en que se practicaban elecciones para la primera silla del Ejecutivo, por renuncia del Señor Gallegos, y tocóle á Carillo ser llamado por el voto de sus conciudadanos, para llenar el tiempo que faltaba del periodo correspondiente al enunciado Señor Gallegos.

Empuñaba Carrillo el mando supremo, cuando tuvieron lugar, primero, el levantamiento de las ciudades llamado de la liga y mas tarde, la intentona de Quijano; pero el Gobierno obró con tanta firmeza y enerjía, que uno y otro movimiento fueron bien pronto sofocados; quedando en consecuencia, mas afianzado que nunca, el imperio de la ley y el prestijio de la autoridad.

Semejantes triunfos aumentaron naturalmente la reputacion de Don Braulio, y cuando en 1837, tuvo que cesar en sus funciones, por haber expirado el tiempo de su eleccion, hicieron sus partidarios los mayores esfuerzos, á fin de reelijirlo. Esto, sin embargo, no pudo lograrse, habiendo obtenido una escasa mayoría de votos, el Licenciado Don Manuel Aguilar, que era el candidato del bando contrarío.

El Señor Aguilar, hombre de carácter dulce y conciliador, apénas se hizo cargo del Gobierno, comenzó á dar muestras de querer apoyar su administracion sobre todos los pueblos del Estado indistintamente; lo que disgustó en alto grado á los Josefinos, que se encontraban vencedores. Alarmado Aguilar por los síntomas de sedicion que observaba, procedió á expulsar del pais, sin prévia formacion de causa, á tres de sus opositores mas audaces, siendo dos de ellos, miembros de la Lejislatura. Este golpe, dado aisladamente y sin tomar las demas medidas que hubieran sido necesarías para sostenerlo, no sirvió, sino para precipitar la caida de Aguilar.

Así fué como sus desafectos no tuvieron la menor dificultad en fraguar la conspiracion militar que estalló en San José el 27 de Mayo de 1838: Aguilar fué destituido y deportado; y Carrillo, que ambicionaba siempre el poder, se puso á la cabeza de los negocios. Dueño del cuartel, lo fué de la Capital, y los demas pueblos desarmados, no tuvieron otro recurso que suscribir el acta del pronunciamiento.

No podemos, ciertamente, ménos de deplorar la manera con que Carrillo se apoderó de las riendas del Gobierno, esta segunda vez, siendo el primero en dar el funesto ejemplo de conculcar el órden constitucional, cuya violacion jamás había podido consumarse anteriormente. Tampoco aprobarémos su sistema de absolutismo interior y de completa disociacion respecto á los demas Estados que ántes compusieron la Federacion Centro Americana; pero, por otra parte, es fuerza confesar que Carrillo cubrió con grandes hechos el crimen de usurpador; y que el curso de los acontecimientos ha justificado su política exterior.

Conocida, por una larga y costosa experiencia, la repugnancia é ineptitud de los Estados, en orden á sostener un Gobierno general, la idea mas simple y la que, necesariamente debia presentarse, á cualquiera hombre que pensase con exactitud, era la de aislar y fortificar á Costa Rica, hasta donde alcanzasen sus propios recursos. He aquí el plan que Carrillo se propuso, y el que siguió con una constancia y un acierto admirable, consagrando toda su atencion al arreglo de la hacienda pública, á la disciplina de las tropas y al acopio de elementos de guerra.

El fué quien realmente echó los cimientos de la organizacion de la República en todos los ramos, y á quien debe Costa Rica, la chancelacion de su deuda extranjera,* y el establecimiento de los Códigos que rijen en materia penal, civil y de procedimientos. La organizacion que dió á los tribunales y juzgados, ha servido de pauta para todos los arreglos que se han hecho posteriormente: lo mismo se puede decir de su reglamento de policia interior; y el que decretó para la hacienda pública, es el que todavía se observa con muy lijeras innovaciones.

Estos servicios bastarían para asegurar la fama póstuma de cualquier individuo, pero Carrillo tiene otros títulos á la gratitud de sus compatriotas, habiendo promovido, con eficaz empeño, la mejora de las vias de comunicacion, la abertura de un camino carretero para Matina y la construccion de varios puentes. Bajo sus auspicios se levantaron'igualmente, la Garita de Rio Grande y la Aduana de Punta Arenas, edificios ámbos de alguna importancia: se trazó la planta de la poblacion de aquel puerto: se dió nueva delincacion á Cartago y se dictaron providencias, para ensanchar las calles de todas las ciudades y para hermosearlas y alumbrarlas.

Sobresalía Carrillo por su zelo en "perseguir el vicio y castigar á los criminales y por su pureza en el manejo de los caudales públicos, así como por el cuidado que ponia, en que todos los empleados cumpliesen exactamente sus deberes, dándoles él mismo, el ejemplo de una laboriosidad infatigable. Estas virtudes, cívicas que aun sus mismos enemigos políticos le conceden, fueron, no obstante, oscurecidas, en varias circunstancias, por la excesiva severidad que desplegó, para reprimir las insurrecciones que se proyectaron para derrocarlo del poder.

Habiendo hecho desaparecer, por este medio, todo principio dejoposicion y con

* Contribuyeron mucho á facilitar este arreglo, los buenos oficios del Cónsul Chatfield y la generosidad de los tenedores de bonos.

siderando ya consolidada su dominacion, Carrillo se ofuscó, hasta el extremo, de declararse Gefe perpetuo é inviolable de Costa Rica, emitiendo con fecha 8 de Marzo de 1841, la que llamó Ley de Garantías, en que se sobreponia á todos los derechos políticos de los Costa Ricenses, pretendiendo que los pueblos le habian conferido facultades sin límites, para constituir el Estado de la manera que tuviese por conveniente.

A pesar de este paso innecesario é indiscreto, puede ser que su dominacion hubiese durado largo tiempo, si el General Morazan no hubiera cortado su carrera política, invadiendo el pais, en 1842, con fuerzas de los otros Estados. Carrillo, abandonado por una parte de su ejército, tuvo que capitular y resignarse á la expatríacion, dejando el pais en poder de los invasores, y aunque estos fueron lanzados, pocos meses despues, el nuevo gobierno que se estableció, le rehusó el permiso de volver.

Obligado á peregrinar por las repúblicas del Sur y luego por el Estado del Salvador, fijó, por último, en éste, su domicilio, en la ciudad de San Miguél, donde vivía consagrado al ejercicio de su profesion, y se ocupaba en algunos trabajos de minas que habia emprendido, cuando plugo á la Providencia poner un fin trájico á sus dias. Cierto enemigo personal suyo, á quien habia ganado un pleito referente á la propiedad de las mismas minas, aprovechándose de las revueltas civiles, en que por desgracia estaba envuelto aquel pais, y acompañándose de otros facinerosos, le sorprendió en un bosque solitario, á donde se habia refujiado, con noticia de .que se le perseguia, cerca de su habitacion, en el pueblo de la Sociedad, y le dio muerte desapiadadamente, saciando así su antiguo rencor.

La muerte de Carrillo, acaecida en 1845, fué generalmente sentida en Costa Rica, aun por aquellos mismos que habian pertenecido á partidos contrarios, y en la actualidad, todos reconocen sus grandes servicios y hacen justicia á sus . virtudes. Pruébalo así la disposicion que dictó el Gobierno, en 1849, mandando que sus restos fuesen recojidos y trasportados á San Jose, donde deberán depositarse en un mausoleo, levantado á costa del tesoro público.

Era Carrillo pequeño de estatura, inclinándose á la obesidad. Lleno de rostro, con ojos grandes y prominentes y de semblante grave, al cual daba cierto aire de vejéz prematura la circunstancia de tener la cabeza casi enteramente despoblada de cabellos y ser estos canos, lo mismo que la barba. En sus facciones se notaba mucha resolucion y fuerza de voluntad. Si bien, por una parte, era descuidado en su trato, hasta tocar en el desaliño y aspereza, era por otra, sencillo en su porte, como funcionario público: enemigo del fausto y de la ostentacion y sumamente frugal y arreglado en sus costumbres privadas.

Pereció á la edad de 45 años: es probable que si hubiese vivido, habria modificado sus ideas.

EL EXCELENTISIMO SEÑOR DON JOSÉ MARÍA ZAMORA Y
CORONADO.

(Vease su retrato página 32.)

Experimentamos la mas viva complacencia, en poder presentar á nuestros compatriotas algunas pinceladas, acerca de este hombre ilustre, que nos pertenece por el nacimiento, aunque domiciliado en los dominios de Su Majestad Católica, á cuyo servicio ha consagrado una larga y laboriosa existencia.

La historia del Señor Zamora es uno de aquellos ejemplos notables, de lo mucho que el talento puede alcanzar, cuando está unido con la integridad, con una conducta intachable y con el amor al trabajo. Partiendo de humildes principios y sin el auxilio de un gran patrimonio, de relaciones de familia ni de protectores poderosos, él ha sabido labrarse una brillante carrera, á fuerza de mérito y honradez, y ha sabido triunfar de contratiempos, que talvez á otro habrian desalentado, hasta colocarse entre las primeras notabilidades de la toga española.

Vió la luz el Señor Zamora, en la ciudad do Cartago, el año de 1785. Su familia, una de las mas antiguas y respetables del pais, procuró desde luego, darle la mejor educacion que se podia proporcionar en aquellos tiempos, enviándole á estudiar en la ciudad de Leon, donde existia un colegio, que despues se convirtió en universidad. En consecuencia, el jóven Zamora abandonó la casa paterna á la edad de trece años, saliendo en Febrero de 1798 de Cartago, á cuya ciudad jamás debia volver. Permaneció en Leon seis años, cursando las clases de gramática, filosofía, cánones y leyes, distinguiéndose, desde el principio, por su aplicacion y talentos, y saliendo de todos los exámenes acostumbrados con el mayor aplauso y lucimiento, hasta graduarse de bachiller en cánones y leyes, cuando apénas contaba diez y nueve años. En el de 1804, pasó á Guatemala con el objeto de completar sus estudios, y allí tuvo que someterse á un nuevo exámen, en todas las materias que habia estudiado: por que los grados adquiridos en el colegio de Leon no tenian autoridad. En aquel acto, practicado con dobles réplicas y con extraordinaria solemnidad, Zamora llenó de admiracion á sus examinadores, por sus extensos conocimientos, como lo acreditan los lisonjeros atestados que, sin solicitarlos, se le dieron y la aprobacion unánime que obtuvo. A continuacion emprendió su pasantia, en el bufete del ilustrado jurisconsulto Don Miguel de Larreinaga, entonces relator de la Audiencia y Chancilleria real del reino, bajo cuya direccion hizo rápidos progresos y se dio á conocer, mereciendo bien pronto el nombramiento de segundo relator. Desempeñó este destino dos años, á satisfaccion general, y hallándose en él, se ocupó de un trabajo muy importante, formando el índice de las reales cédulas correspondientes al reino, documento que dejó concluido y que todavia debe existir en los archivos.

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