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INTRODUCCION

La idea de inventariar las ediciones de la prensa chilena no es nueva, viene trabajándose en ella desde largos años. Su primer ensayo fué una lista de los periódicos publicados hasta 1846, lista que el abogado don J. B. Alberdi insertó como ilustracion en una instituta de nuestras leyes sobre la prensa. Simple nómina de los títulos de 1 o 5 periódicos, sin otra especificacion que la de su fecha en los homónimos, esa lista lleva al fin esta nota: «de todos esos periódicos solo unos veinte pasan de cincuenta números,» con la cual parece que se quiso prevenir de un desengaño a quien deseara mayor informacion sobre tan fugaces pu blicaciones. Este somero apunte tuvo su complemento en un catálogo de los libros i folletos dados a luz hasta 1857, que rejistró La Revista de Ciencias i Letras. Los hermanos Amunátegui, autores de este trabajo, segun despues se ha sabido, esplicaron el criterio que los guió al formarle, diciendo que «no habian incluido aquellas publicaciones que tenian un interes de circunstancias ni que versaban sobre asuntos privados, como informes en derecho, etc.» Omitiéronse, pues, en ese catálogo los opúsculos forenses, los escritos, muchas veces en hoja suelta, de la polémica política i de la diatriba personal, i las novenas i devocionarios; pero así deficiente él estaba destinado a ser el oríjen de una bibliografía estensa i mejor concebida. Miéntras esta obra se preparaba, el jefe de la oficina de estadística, don Santiago Lindsay, reunia el catálogo de los hermanos Amunátegui con el de Alberdi, i adelantándolos hasta 1858 los daba en el segundo Anuario de aquella oficina. Se tuvo así una lista de 124o publicaciones correspondientes a los cuarenta i siete años de prensa corridos desde 1812 hasta aquella fecha, entre las cuales «no se comprendian las memorias sobre juicios, muchos libros de devocion que en gran cantidad se publicaban todos los años, i en jeneral muchas impresiones que no podian considerarse como artículos de librería.» Esta esclusion de lo que no se consideraba artículo de comercio o de librería (sin embargo de que si se publicaban devocionarios era porque hallaban compradores,) se comprende mejor que no la pretension formulada por los señores Amunátegui de atender solo a lo científico i literario en la prensa de un pais jóven i de incipiente cultura. En ámbos casos, sin embargo, se desconocia el oficio modesto, pero útil, de la bibliografía, de rejistrar todas las producciones de la prensa, sin nada omitir, ni jéneros

1. Lejislacion de la prensa en Chile, o sea manual del escritor, del impresor i del jurado. Por J. B. Alberdi. Valparaiso: Imprenta del Mercurio. 1846.—52, una páj. de 156x95. (No menciona la lei de imprenta dictada este año.) N

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ni calidades, como no los omite el naturalista que con igual interes describe el gran cetáceo i el zoófito de rudimentario organismo. El bibliógrafo ha de ser el guia que señale fuentes de informacion a quien quiera que las busque, ya para especulaciones científicas, ya para compajinar la crónica o escribir la historia, ya para basar en sus antecedentes empresas industriales. La prensa almacena cuanto siente, cuanto piensa la humanidad, cuanta esperiencia recoje hora a hora, i la bibliografía pone esta esperiencia al alcance de los cultores del campo intelectual, a todos los cuales proporciona la materia de sus trabajos,... ménos al poeta, feliz creatura a quien, como es sabido, bástale para quedar bien informado mirar en su propia alma, o divagar como el ave en el espacio. Ni ha de olvidar el bibliógrafo que para merecer con fianza de quien le consulte, dos cualidades han de avalorar sus informaciones. Es la primera una exactitud rigorosa en la reproduccion de los testos, unida a la veracidad de las noticias con que los ilustre, dando lo cierto como cierto i lo dudoso como dudoso. Leer de prisa i tomar apuntes de lijera es fatal para la composi

cion de este jénero de trabajos. Si el diario vive de las

noticias oportunas, aunque sean anónimas i desautorizadas, los trabajos históricos i esperimentales las exijen ante todo seguras. La equidad en los juicios que emita sobre los libros i sus autores es otra de las cualidades que han de recomendarle, equidad propia de su papel de guia i consejero. I sin que le corresponda llamarse autor en el sentido enfático de la palabra (como algunos lo presumen), pues nada crea ni nada inventa el bibliógrafo, ha de tener presente en dignificacion de su modesto papel que, segun Melchor Jufré, nuestro viejo cronista,

Esto del enseñar en sí contiene
Un no sé qué de propia estimativa.

Pero volvamos a aquellos primeros e imperfectos catálogos. Su mérito consistió en haber llamado la atencion por sus mismos vacíos hácia la necesidad de formar la bibliografía jeneral de la prensa chilena ántes que desapareciesen las ediciones de sus primeros años.

Dado el carácter técnico de semejante obra, impro. pio para interesar al grueso público, i los costos que demandaban su preparacion e impresion, ella solo podia ser emprendida bajo el patrocinio oficial. Exijia ademas su ejecucion un trabajo paciente i mui ordenado; i el consejo de la Universidad la confió con buen acuerdo al profesor de filosofía del instituto nacional don Ramon Briseño, varon tan metódico como lo fué el célebre filósofo i profesor de Kenisberg, con quien se iguala hasta por la nonajésima que con robusta salud hoi alcanza.

Guiado el señor Briseño por su método, ya que no por su filosofía, recorrió prolijamente, escrutando materiales para su trabajo, el fondo de impresos chilenos de la Biblioteca Nacional, i las bibliotecas particulares del doctor don José Gabriel Palma i de don Pedro Francisco Lira, especialmente ricas en publicaciones del pais; i como resultado de su rebusca dió a luz en 1862, con el título un poco estraño de Estadística bibliográfica de la literatura chilena, un volúmen en folio que colacionaba 4,594 publicaciones correspondientes a los primeros cuarenta i ocho años de nuestra prensa (1812-1859). El segundo tomo de esta obra, que apareció veinte años despues con la colacion de 5,143 títulos, avanzó la bibliografía jeneral del pais hasta 1876”. Como primera esploracion en folma del vasto campo de la prensa chilena, pues el señor Briseño fué llamado a inventariarla sin escluir jénero alguno de impresos, su obra adolece de errores i vacios que tal vez le habria sido fácil evitar en parte si a la rebusca en las grandes bibliotecas, que no siempre lo poseen todo, hubiese unido la de algunas bibliotecas pequeñas donde de seguro habria encontrado lo que en aquellas faltaba; i sobre todo, si no hubiese descuidado de aprovechar las informaciones orales que entónces pudieron suministrarle muchos de los actores i espectadores conscientes del período que esa bibliografía reflejaba. Mas, como quiera que se consideren esos errores i vacíos, ellos no aminoran sino mui débilmente el mérito de una obra que fué a su aparicion, i es hoi todavía al cabo de cuarenta años, un libro capital en su jénero. En cambio, lo que puede apresurar su decrepitud, es decir, su reemplazo por otra mas perfecta, que tal es a la larga o a la corta la suerte a que nacen condenadas las bibliografías”, es que olvidó el señor Briseño some

. Estadística Bibliográfica de la Literatura Chilena. Obra compuesta, en virtud de encargo especial del Consejo de la Universidad de Chile, por el miembro de la misma Universidad en la Facultad de Filosofía i Humanidades, Don Ramon Briseño. Santiago de Chile, Imprenta Chilena, 1862.—xiii, una, 546 p. de 222 XI49. El tomo II repite las primeras líneas del tílulo auterior, i agrega: Por el secretario de la Facultad de Filosofía i Humanidades de la misma Universidad i conservador de la Biblioteca Nacional, Don Ramon Briseño. Tomo segundo, que comprende todas las publicacisnes en Chile hechas por la prensa en el espacio de 17 años, contados desde 186o inclusive hasta 1876 tambien inclusive. Santiago de Chile. Imprenta Nacional. 1879.—xiii, 5o8 p. de 244x 17o. 2. Son los trabajos de este jénero de tal manera progresivos, si vale la palabra, que el hallazgo de un papel desconocido, el descubrimiento

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