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por circunstancias que los sometian á duras pruebas. Reducidos al mas lamentable estado de pobreza, por las leyes prohibitivas del comercio y de la inmigracion, su patriotismo no desmayaba sin embargo, ni la fidelidad á sus indolentes reyes habia dejado de manifestarse, con toda firmeza.

Acababan de dar una prueba heroica de su decision por el honor nacional, desalojando á los portugueses de la Colonia del Sacramento; y este esfuerzo patriótico habia quedado estéril por el acuerdo entre las coronas de España y Portugal, volviendo la Colonia á poder de esta potencia, que no solo tenia en vista la usurpacion de un territorio, al conservar aquel establecimiento, sino tambien la esplotacion del estado miserable de estas desgraciadas provincias.

De ahi el empeño de los pobladores de la Colonia, por introducir su comercio en las comarcas del Rio de la Plata, para lo que no podian ser mas favorables las circunstancias. Pero las autoridades de estas provincias, su gobernador don Agustin de Robles y el cabildo de Buenos Ayres, fueron el obstáculo inquebrantable para los portugueses, que les impidió alcanzar la satisfaccion de sus aspiraciones.

Esas autoridades se negaron decidida y constantemente al establecimiento de relaciones comerciales, ó de otro cualquier género, con los pobladores de la Colonia, concibiendo el pensamiento y llegando hasta alimentar la esperanza de conseguir por ese medio el abandono de aquel establecimiento, que el tratado les prohibia inutilizar por las armas.

Y no fueron del todo vanas las esperanzas fundadas en ese medio indirecto de hostilidad. Grandes pérdidas de mercaderias esperimentaron los portugueses, por la

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resistencia á recibir su comercio por parte de estas provincias; lo que debió, sin duda, inducirlos al nuevo género de esplotacion que pusieron en planta sobre los ganados argentinos del territorio oriental.

Este esceso de los usurpadores, y la falta de medidas tendentes á impedirlo, por parte de la corte, cooperando al plan de las autoridades de Buenos Ayres, debieron desesperar al cabildo de esta ciudad, cuando no tuvo inconveniente en hablar al rey, en una de sus notas, sobre la necesidad en que se verian estas provincias de comerciar con los portugueses, por falta de providencias.

Son mui notables los documentos sobre que hacemos estas rápidas observaciones, con el único objeto de llamar la atencion de nuestros lectores; honran altamente á la ilustre corporacion de que proceden, y no hacen menos honor al nombre del gobernador don Agustin de Robles, cuya prorogacion en el mando fué pedida, reiteradas veces, por el cabildo, en cuyo concepto estas provincias debian mas á dos años de su gobierno que á muchos de sus antecesores.

Pero, los esfuerzos del gobernador y del cabildo de Buenos Ayres, contrariados por la emulacion radicada de los comercios de Lima y Sevilla, segun las espresiones del cabildo, y por falta del remedio único eficaz por parte de la corte, eran impotentes para producir el bienestar del pueblo, esplotado, cada cuatro ó cinco años, por especuladores patentados, que se presentaban á llevar sus frutos, por lo que se les antojaha pagar por ellos, abandonando nuevamente en brazos de la miseria, por otro largo periodo, á estos infelices productores.

Así es como en el pais mas feraz de la tierra, una corta poblacion que, con otro orden de cosas, habria vivido gozando en la abundancia y progresando rapidamente,

se enseñoreaba, por el contrario, la miseria, hasta el estremo de la prostitucion de las virgenes, obligadas por la necesidad, aun antes de llegar a la pubertad.

Terrible estudio es este en que nos encontramos empeñados, de los primeros siglos de la vida de estas provincias. Amarguísimo el caliz de sufrimientos que apuraron nuestros escelentes progenitores; los colonos mártires de la América del Sud; los venerables fundadores de la sociedad argentina.

Entregamos al recto juicio de los lectores de nuestra Revista, los importantes documentos históricos de que van á imponerse.

Copia de carta del cabildo de Buenos Ayres á S. M.

acreditando un procurador general, y objetos de esta mision-28 de Abril de 1693.

Señor-El año de 1682 dispuso esta ciudad de la Trinidad, puerto de Buenos Ayres, cabeza de las provincias del Rio de la Plata, el enviar por su procurador ante la real persona de V. M. á Bernardo Gayoso, vecino y natural della; y habiéndose embarcado en prosecucion de su viage, en los navios de registro que se hallaban en la ocasion en este puerto, del cargo de don Juan Thomas Miluti, que arribaron á los estados del Brasil, murió en ellos dicho procurador general, dejando en poder de dicho Juan Thomas Miluti las instrucciones, cartas y papeles tocantes a las pretensiones desta ciudad, y á ella en el desconsuelo de no merecer que llegasen á V. M. por parte de uno de sus naturales, las individuales noticias que asisten á los vasallos que V. M. tiene en ella, y se fundan en la suma pobreza de sus moradores, cortedad de sus labranzas, y poca ó ninguna salida de los frutos que la componen.

Y aunque por el accidente referido previno esta ciudad pasase su poder á don Juan Perez de Amézaga, residente en esa corte, no mereció consiguiese el alivio que esperaba de vuestra real benignidad, y dispuso tambieu pasase á don Francisco Dominguez, persona que residió algunos años en estas provincias, para que con las noticias é inteligencia que tenia dellas, las representase á V. M. como lo ha hecho con repetidos memoriales, sin mas fruto que el que suele conseguir esta ciudad de la emulacion radicada de los comercios de Lima y Sevilla.

Siendo así que como llave principal de estas Indias, ha llevado siempre la atencion de V. M. y de sus reales progenitores, y que para su conquista y conservacion han concurrido siempre los vecinos della, como fieles vasallos de V. M. sirviendo siempre á su costa á la real corona, en todas las ocasiones que se han ofrecido y la han querido invadir los enemigos della, con gloriosos efectos de amor y fidelidad con que se han opuesto a todos los peligros, derramando su sangre, que puede servir de in. tercesion para que V. M. se digne de mandar aplicar el remedio al consuelo de que carecemos, mirando con gratitud y dando audiencia y facil despacho a la persona del capitan don Gabriel de Aldunate, nuestro vecino, á quien hemos deliberado enviar en prosecucion de nuestra justa pretension, á la clemencia y reales pies de V. M. con las instrucciones que manifestará, y conducen á que por ellas se reconozca lo aniquilado desta poblacion, atraso de sus moradores y cortos propios desta ciudad, de donde resulta el privarse del alivio que pudiera esperar de vuestra real benignidad, por medio de sus procuradores, que escusa enviar por no tener forma de asistirlos con ningunos medios; y puesto que todo resulta de la imposibilidad de despender los frutos que tiene, principalmente la corambre, en que pudiera librar parte de sus desempeños á permitirse á este puerto el comercio que no se niega á los demas vasallos que V. M. tiene en estas Indias, y de la poca disposicion que hay en el cultivo de las labranzas, por la gran falta que hay de esclavos y ser provincias de ningun gentio que las puedan beneficiar, suplicamos á V. M. mande proveer del remedio en uno y otro, amparando á esta ciudad en sus fueros y concesiones antiguas, de poderlos navegar en navios de su cuenta á los puertos de Sevilla ó Cadiz, que de otra suerte será imposible subsistir, segun la mucha miseria della.

Y cuando por su desgracia no merezca á V. M. este favor, espera de su real benignidad se servirá de mandar se embarquen en todas las ocasiones de los navios de registro pertenecientes á esta ciudad, hasta doscientas piezas de esclavos para el cultivo de la agricultura, por la forma propuesta á V. M. en los memoriales presentados por nuestro procurador don Francisco Dominguez, en que no hay ni puede haber ningun inconveniente; pues de otra suerte será imposible el que se puedan mantener sus moradores, por haber llegado a valer, repetidos años, una fanega de trigo, diez y doce pesos, por no haber quien lo siembre ni recoja.

Y porque puede ser que á nuestro procurador don Gabriel de Aldunate, necesite de mas tiempo para su despacho del que permiten los pocos ó ningunos medios que se han podido juntar para residir á los reales pies de V. M. le suplicamos por una de las mercedes que esperamos recibir, sea servido mandar despachar la real cédula que tenemos pedida en otra ocasion, para que en los primeros

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