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por ciento sobre las mercadurías que produce la Gran Bretaña y se fabrican en ella, y que asimismo esta exencion ocasionaría frecuentes embarazos y dificultades entre sus vasallos y los oficiales de las aduanas y otros de su Majestad católica en su ejecucion, lo que pudiera en adelante entibiar ó alterar la estrecha union y buena correspondencia que su Majestad británica desea restablecer y mantener con la corona de España, ha venido su Majestad británica en desistir enteramente, como desiste, de la referida exencion ofrecida por la Francia de los derechos de quince por ciento en las mercaderías que produce la Gran Bretaña y se fabrican en ella. 11.o Su Majestad católica conviene en que los súbditos de su Majestad británica gozarán de todas las ventajas, derechos y privilegios que han sido concedidos á la nacion inglesa y que esta gozaba en el tiempo que murió el señor rey Cárlos II, sea en virtud de los tratados de paces o de comercio ó por cédulas y actos particulares, y especialmente por el tratado de comercio del año 1667, con los privilegios concedidos á los mismos ingleses en el año de 1645; como tambien por el tratado de comercio de la América del año 1670 (1), y se formará luego un arancel por el cual se reglarán los dercchos que deberán pagar las mercadurías á su entrada en España, los cuales no podrán esceder á los que estaban establecidos en el tiempo que murió el señor rey Cárlos II, y ademas de esto concederá su Majestad católica á la nacion inglesa todas las demas esenciones, ventajas, derechos y privilegios que están concedidos y no revocados, ó que en adelante se concedieren á los súbditos de Francia ú de otra cualquiera nacion. 12.o Su Majestad católica atenderá asimismo á las instancias que milord Lexington ha hecho por dos memorias que ha presentado, solicitando la esplicacion y estension de algunos articulos del comercio, tanto en Europa como en la América. 13.o Su Majestad católica promete que no concederá en adelante licencia ó permiso alguno á ninguna nacion estranjera, sin escepcion de

(1) Sobre estos tratados véase la nota 5 del de comercio de 15 de julio, y del de comercio tambien de 9 de diciembre de 1715.

alguna por cualquiera razon ó pretesto que haya para ir á comerciar en las Indias españolas; y su Majestad católica hará restablecer el referido comercio en conformidad y en el pie de los antiguos tratados y las leyes fundamentales de España tocante á las Indias, por las cuales leyes está absolutamente prohibida la entrada y el comercio en las Indias á todas las naciones; y reservado únicamente á los españoles súbditos de su Majestad católica; pero no podrán los mismos españoles traficar en Indias indirectamente con licencias ó permisos particulares concedidos debajo de sus nombres para otra ninguna nacion estranjera por cualquier motivo ó pretesto que sea, consintiendo asimismo su Majestad católica en que todo lo referido en este artículo sea confirmado y estipulado, y que esta defensa ó prohibicion general sea tambien renovada y confirmada por un artículo particular y específico en los tratados de paces que se han de hacer con todas las naciones que estan en guerra. 14.o

Su Majestad británica ha convenido en pro— mulgar desde luego las mas fuertes prohibicio— nes y debajo de las mas rigurosas penas á todos sus súbditos á fin que ningun navío de la nacion inglesa se atreva á pasar á la mar del Sur ni á traficar en otro paraje alguno de las Indias españolas, escepto solamente los de la compañia del asiento de negros, los cuales lo podrán ejecutar unicamente para el comercio de los negros solamente en los puertos del norte y en Buenos-Aires, arreglado á las condiciones del referido asiento, sin poder hacer otro ningun comercio ilícito debajo de las mismas penas, y su Majestad británica promete que esta prohibicion de su Majestad católica y la que se hará por las otras naciones serán estipuladas en los tratados de paces por un artículo separado y específico.

15.o

Su Majestad católica en consideracion y á las instancias de su Majestad británica concederá un perdon y amnistia general á los catalanes con el goce de sus vidas, haciendas y lo ho— norífico que han tenido antes de la rebelion; pero sin embargo de las fuertes y reiteradas instancias que milord Lexington ha hecho á fin que se les conservase tambien sus fueros, no ha podido su Majestad católica condescender a esta peticion por la consideracion de que los referidos fueros son demasiado perjudiciales a su soberanía, á su real servicio y á la misma quietud de los demas reinos de su Majestad católica; y milord Lexington ha declarado que deja pasar tambien este artículo del presente tratado por no retardar, ni poner de su parte obstáculo alguno á la conclusion de paz; sin embargo de que este punto es opuesto á las instrucciones y órdenes precisas de la reina británica; por lo cual no se deberá desaprobar su proceder, ni resultarle descrédito alguno en caso que la reina su ama desaprobase este artículo. fecha de este tratado, Y para que conste y haga fé todo lo referido, hemos firmado el presente

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Su Majestad católica en contemplacion á su Majestad británica y condescendiendo á sus eficaces instancias consentirá á la cesion del reino de Sicilia á favor de su Alteza real el señor duque de Saboya, con la espresa condicion de que el referido reino volverá á incorporarse á la corona de España por falta de sucesion masculina de la casa de Saboya, en las lineas declaradas en el llamamiento, y segun el que su Majestad católica ha hecho á la monarquía de España; y con la calidad tambien de que por ningun motivo ó pretesto y en cualquiera manera que sea no pueda su Alteza real, ni ninguno de sus sucesores empeñar, trocar ni enajenar el refe— rido reino á otra potencia alguna, sino es únicamente á la corona de España.

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Su Majestad británica en demostracion de lo que estima á la serenísima princesa de los Ursinos se obliga y hará que antes que se firme el tratado de la paz se la ponga en la actual y real posesion de la soberanía que su Majestad católica la ha concedido en los Paises Bajos de Flandes con un dominio unido y anejo á la espresada soberanía, y que produzca treinta mil escudos al año, independiente de todo feudo en conformidad de la patente que su Majestad católica ha hecho espedir concediéndola esta gracia con fecha de 28 de setiembre de 1711; y que la dicha señora princesa de los Ursinos será mantenida real y efectivamente en posesion y goce de la mencionada soberanía y dominio, sin que se le pueda perturbar en tiempo alguno, y para su mas puntual observancia se formará sobre esto un artículo en el tratado de paz, en la cesion del referido Pais Bajo, y garantida por su Majestad británica.

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res, y hecho poner en él los sellos de nuestras armas. En Madrid á 27 de marzo de 1713.—El

tratado en virtud de nuestros respectivos pod - marqués de Bedmar. — Lexington.

A s. - - s

Tratado de paz y amistad entre sus Majestades el rey de España y reina de Inglaterra, en el cual, entre otras cosas, se estipula la incompatibilidad de las coronas española y francesa en una misma persona, y la sucesion hereditaria de la Gran Bretaña en la descendencia de la reina Ana, en la de la electriz viuda de Brunswick y de sus herederos en la linea protestante de Hanover. Se con

cluyó en Utrecht el 13 de julio de 1713.

Habiendo sido servido el Arbitro supremo de todas las cosas ejercitar su divina piedad, inclinando á la solicitud de la paz y concordia los ánimos de los principes que hasta aquí han es— tado agitados con las armas en una guerra que ha llenado de sangre y muertes á casi todo el orbe cristiano; y no deseando otra cosa con mas ardor el serenísimo y muy poderoso príncipe Felipe V, por la gracia de Dios, rey católico de las Españas y la serenísima y muy poderosa pricesa Ana, por la gracia de Dios, reina de la Gran Bretaña, Francia é Hibernia; ni habiendo otra que solicite con mas vehemente anhelo que el restablecer y estrechar con vínculos nuevos de conveniencia recíproca la antigua amistad y confederacion de los españoles é ingleses de modo que pase á la mas remota posteridad con lazos casi indisolubles: para concluir, pues, felizmente este negocio tan útil y por tantas razones deseado, nombraron de una parte y de otra sus embajadores estraordinarios y plenipotenciarios, dándoles las instrucciones convenientes, es á saber, el rey católico por su parte al escelentísimo señor don Francisco María de Paula Tellez Jiron, Benavides, Carrillo, y Toledo, Ponce de Leon, duque de Osuna, conde de Ureña, marques de Peñafiel, grande de primera clase, gentilhombre de su cámara, camarero y copero mayor, notario mayor de sus reinos de Castilla, caballero de la órden de calatrava, clavero mayor de la misma órden y caballería, y comendador de ella y de la de Usagre en la de Santiago, capitan de la primera compañía española de sus guardias de corps, y al escelentísimo señor don Isidro Casado de Rosales, marqués de Monteleon, del

consejo de Indias, embajadores estraordinarios

y plenipotenciarios de su Majestad católica, y

la reina de la Gran Bretaña por la suya, al muy reverendo señor Juan, obispo de Bristol, de su consejo privado y guarda del sello secreto, Dean de Windsor y secretario de la muy noble órden de la jarretera, y al escelentísimo señor Tomas, conde de Strafford, vizconde de Wentwoile, Woodhouse y de Staineborugh, baron de Ravy, Newmarch y Overseliy, del consejo privado, teniente general de sus ejércitos, primer comisario del Almirantazgo de la Gran Bretaña y de Irlanda, caballero de la muy noble órden de la jarretera, embajador estraordinario y plenipotenciario á los Estados jenerales de las provincias unidas del Pais Bajo: los cuales embajadores estraordinarios y plenipotenciarios segun el tenor de lo que se ha acordado y convenido por los ministros de ambas partes, así en la córte de Madrid como en la de Londres, consintieron y ajustaron los artículos de paz y amistad siguientes.

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Siendo cierto que la guerra que felizmente se acaba por esta paz, se empezó y se ha continuado tantos años con suma fuerza, inmensos gastos y casi infinito número de muertes por el gran peligro que amenazaba á la libertad y salud de toda la Europa la estrecha union de los reinos de España y Francia; y queriendo arrancar del ánimo de los hombres el cuidado y sospecha de esta union y establecer la paz y tranquilidad del orbe cristiano con el justo equilibrio de las potencias (que es el mejor y mas sólido fundamento de una amistad reciproca y paz durable) han convenido así el rey católico como el cristianisimo en prevenir con las mas justas cautelas, que nunca puedan los reinos de España y Francia unirse bajo de un mismo dominio, ni ser uno mismo rey de ambas monarquías; y para este fin su Majestad católica renunció solemnisimamente por sí y por sus herederos y sucesores todo el derecho, título y pretension á la corona de Francia en la forma y con las palabras siguientes.

( Se insertan aqui los siete primeros instrumentos de renuncias que van colocados en el tratado de esta fecha con el duque de Saboya.)

Y su Majestad católica renueva y confirma por este artículo la solemnísima renuncia suya que va mencionada. Y habiéndose establecido esta como ley pragmatical y fundamental, promete nuevamente en el modo mas obligatorio que lo observará inviolablemente y cuidará de que se observe, procurando con el mayor conato y disponiendo con la mayor diligencia que las referidas renuncias se observen y ejecuten irrevocablemente, tanto de la parte de España como de la de Francia; pues subsistiendo estas en su pleno vigor y observándose de buena fé por una y otra parte, juntamente con las otras transacciones que miran al mismo fin, quedarán las coronas de España y Francia tan divididas

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Para dar mayor firmeza á la paz restablecida y á la fiel y nunca quebrantada amistad, y para cortar todas las ocasiones de desconfianza que pudieren orijinarse en algun tiempo del derecho y órden establecido para la sucesion hereditaria al reino de la Gran Bretaña, y de la limitacion de él hecha por las leyes de la Gran Bretaña (formadas y establecidas en el reinado. así del difunto rey Guillermo III, de gloriosa memoria, como en el de la presente reina) en favor de la progenie de la dicha señora reina, y en acabándose ella de la serenísima princesa Sofía, electriz viuda de Brunswich y de sus herederos en la línea protestante de Hanover;. para conservar pues indemne la dicha sucesion segun las leyes de la Gran Bretaña, reconoce el rey católico sincera y solemnemente la limitacion referida de la sucesion al reino de la Gran Bretaña, y declara y promete que es y será perpetuamente grata y acepta para él y para sus herederos y sucesores bajo de fé y palabra real, y empeñando su honor y el de sus sucesores. Promete tambien el rey católico bajo del mismo vínculo de su honor y palabra real, que no reconocerán ni tendrán en ningun tiempo él, ni sus herederos y sucesores por rey ni por reina de la Gran Bretaña

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Promete tambien el rey católico en su nombre y el de sus herederos y sucesores que en ningun tiempo turbará ni dará molestia alguna á la dicha reina de la Gran Bretaña, ni á sus herederos y sucesores, descendientes de la referida familia protestante que posean la corona de la Gran Bretaña y los dominios sujetos á ella: ni en tiempo alguno dará el dicho rey católico ni alguno de sus sucesores auxilio, ayuda, favor, ni consejo directa ó indirectamente por tierra ó por mar, con dinero, armas, municiones, pertrechos de guerra, naves, soldados, marineros, ni en otro modo alguno á persona ó personas algunas si las hubiere que por cualquier causa ó pretesto intentasen oponerse a la referida sucesion, ya con guerra declarada ó ya fomentando sedicion, ó tramando conjuraciones contra el principe ó príncipes que ocuparen el sólio de la Gran Bretaña en virtud de los actos aprobados en aquel parlamento, ó contra aquel príncipe ó aquella princesa á quien por los actos del parlamento perteneciere, como va dicho, la sucesion.

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cidos entre las dos maciones, segun las costumbres antiguas, cartas patentes, cédulas y otros actos especialmente hechos en este particular, y tambien segun el tratado ó tratados de comercio que estarán ya concluidos en Madrid, ó se concluirán luego. Y como entre otras condiciones de la paz general se ha establecido por comun consentimiento como regla principal y fundamental, que la navegacion y uso del comercio de las Indias occidentales del dominio de España quede en el mismo estado que tenia en tiempo del dicho rey católico Cárlos II, para que esta regla se observe en lo venidero con fé inviolable de modo que no se pueda quebrantar y se eviten y remuevan todos los motivos de desconfianzas y sospechas acerca de este negocio, se ha convenido y establecido especialmente, que por ningun titulo ni con ningun pretesto se pueda directa ni indirectamente conceder jamas licencia ni facultad alguna á los franceses ni otra nacion para navegar, comerciar ni introducir negros, bienes, mercaderías ú otras cosas en los dominios de América pertenecientes á la corona de España, sino es aquello que fuere convenido por el tratado ó tratados de comercio sobredichos y por los derechos y privilegios concedidos en el convenio llamado vulgarmente el asiento de negros, de que se hace mencion en el artículo 12; y escepto tambien lo que el dicho rey católico ó sus herederos ó descendientes ofrecieren por el tratado ó tratados de la introduccion de negros en las Indias occidentales españolas, despues que se hubiere concluido el referido convenie del asiento de negros. Y para que la navegacion y comercio á las Indias occidentales queden mas firme y ampliamente asegurados, se ha convenido y ajustado tambien por el presente, que ni el rey católico, ni alguno de sus herederos y sucesores puedan vender, ceder, empeñar, traspasar á los franceses ni á otra nacion tierras, dominios ó territorios algunos de la América española, ni parte alguna de ellos, ni enajenarla en modo alguuo de sí, ni de la corona de España. Y al contrario, para que se conserven mas enteros los dominios de la América española, promete la reina de la Gran Bretaña que solicitará y dará ayuda á los españoles para que los limites antiguos de sus dominios de América se restituyan y fijen como estaban en tiempo del referido rey católico Cárlos II,

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