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ha venido a reanimar el interes jamas saciado que despierta la figura de Mme. Récamier, esta idílica beldad convenientemente femenina que consagró la amistad de algunos, el amor de muchos i la admiracion de todos los grandes jénios de su época i ha legado a la nuestra, en lienzos inmortales, el pincel de sus mas célebres artistas.

Supremo refinamiento o pudor esquisito—la tela de Gérard no resuelve el problema—pero es lo cierto que, refinada o candida, la silueta de Mme. Récamier, conservó, a despecho de su belleza, de su irresistible fascinacion i de su fama, cierto púdico velo del que ni las mas intensas pasiones ni las rivalidades mas implacables pudieron despojarla, i que la historia misma ha respetado hasta hoi como una aureola de misterio en torno de su graciosa imájen.

Flota aun como una sutil nébula que proteje castamente su hermosura, no de otro modo que en torno de ciertos astros que parecen empeñados en velar sus destellos i acaso por lo mismo su fulgor concentrado nos solicita mas.

¿Qué era, en realidad, esta mujer encantadora, que dominó como reina en la época en que se guillotinaba a las reinas?

¿Cuál fué la seduccion de su belleza que adoraron con igual fervor los jénios mas diversos?

¿I cual fué aquella otra seduccion ante cuyo prestijio su hermosura misma tuvo el supremo talento de palidecer? este encanto irresistible i secreto como un filtro, que supo a dulce néctar en la acibarada copa del desaire? que en vez de un despechado hizo un amigo de cada cortejante desairado, i una admiradora, en vez de una enemiga, de cada rival pospuesta i derrotada?

¿Por qué estraño privilejio la mujer que despertó tan bulladas pasiones pudo conservar tan discretas amistades?

De oríjen modesto, casada a los quince años con un commisvoyageur de mas de cuarenta, tuvo el arte esquisito de formar un gran salon i de conservar un nombre respetado, un salon que fué el punto de mira de toda la aristocracia parisiense i ante el cual desfilaron sucesivamente todos los hombres de talento de su época.

Sus toilettes, de una esquisita distincion, eran el desvelo de las grandes mundanas i su sociedad excenta de refinada cultura literaria, pero llena de inimitable gracia, el encanto de los grandes señores del arte i de las letras.

Chateaubriand i Vietor Hugo, Lamartine i Benjamin Constant, Madame Stüel, Ballanche, Ampére, Madame Tallien, Jourdan, Morean, La Harpe, Mattuen de Montmorency, Barrere, Masséna.. ¿Cuál de las celebridades eminentes de las letras, del arte

0 de la aristocracia no concurrió al torneo de esta reina de la belleza, de la distincion i de la fama?

Los lienzos de Gérard nos la muestran en el adorable abandono desu gracia flexible i juvenil, las memorias de sus adoradores nos dejan adivinar apenas la índole de su ascendiente irresistible; pero el alma, ¿qué fué el alma de esta mujer que amaron tantos

1 que amó tan poco, tan umversalmente célebre i tan totalmente ignorada?

¿Fué una diosa de mármol o una mujer de sentimientos esquisitos; tuvo el arte consumado de atraer a sus adoradores o la poderosa sujestion de contenerlos? ¿Fué una vírjen púdica o una coqueta refinada, una artista impresionable o una calculadora vanidosa?

ANTOLOJIA CHILENA 9

Otros tantos misterios que su imájen atrayente evoca en la sujestiva actitud de su abandono candido a la vez i voluptuoso.

Como algunos seres estraordinarios parecen haber traido a la tierra la vocacion de fascinarlos, fué ante todo bella, i luego bella i bella siempre i en todo i hasta el fin.

Irradiar irresistiblemente la belleza, tal fué su vocacion: belleza incomparable del semblante de facciones delicadas i dulzura intensa, belleza de la espresion injénua, jentil i maliciosa. ( belleza de los grandes ojos serenos i espresivos, de la boca sujestiva i carme, de la candida tez, del frájil óvalo que parece posarse sobre invisible mano, acentuar la caricia; belleza del cuello erguido, del busto juvenil i alabastrino, belleza del andar flexible, del acento cristalino i armonioso; i luego esa belleza que las realza todas: el arte de ignorarlas, de hacerse perdonar la seduccion a fuerza de candor i sencillez.

Su palabra fácil, su silencio atento i sujestivo, el arte de aprender cerca de los que saben i de no deslumbrar a los que ignoran, de ser púdica, sin gasmoñeria, de evocar la intimidad i no el peligro.

Ese talento, tan inestimable cuanto tan escaso, de prodigar la amistad siendo toda para todos i única para cada uno, de particularizarse sin esclusivismo de armonizar el interes afectuoso con la discrecion irreprochable.

Todo, todo ha contribuido a hacer de Mme. Récamier la encarnacion viviente de la mujer ideal i a consagrar su prestijio en un nivel al que ni la envidia ni la rivalidad son accesibles.

Sin embargo, nosotros que no podemos esperimentar la sujestion de sus encantos, que la admiramos sin renunciar al derecho de juzgarla, esperimentamos un secreto rencor para con la estremada complacencia de su estrella, quisiéramos que el corazon hubiese conquistado o por lo menos pagado con mayor jenerosidad tanta ventura. Un una palabra, reprochamos a la hermosa Julieta que haya sido mas calculadora que sensible, que no haya amado nunca. El amor es como la muerte el gran cancelador de las deudas sagradas, el corazon que ha pasado por su crisol severo queda de hecho purificado a nuestros ojos. El contacto humano, el contacto por excelencia que nos hace solidarios i hasta cómplices de los seres en la realidad, como las ficciones del teatro i del romance es el amor, i aquellos que se han sustraído a su dominio nos inspiran no sé que alejamiento receloso i casi hostil. Como el Kvanjelio. el dolor nos ha enseñado a perdonar mucho a los que han amado mucho.

Pero, hé aquí que una nueva leyenda viene a estremecer de pronto a nuestros ojos la imájen hasta ayer insensible, un fulgor tenue nos ilumina intensamente sus pupilas, parécenos que a traves del cuello alabastrino surje una onda de calor, de vida; que el semblante se enciende i luego bruscamente empalidece como si una contraccion le hubiese oprimido intensamente el corazon... Todo se anima en torno de la bella silueta lánguida i voluptuosamente reclinada: la imájen de Chateaubriand en el severo lienzo suspendido al muro, el inmenso paisaje de la «Abbaye au Bois», la cima del acacia que acariciaba los ojos i el alma de René, los campanarios punteagudos que cortaban el cielo, las silenciosas cuerdas del arpa abandonada, el jenio de Corina en el lienzo inmortal hasta las cenizas de tres cuartos de siglos en el nicho marmóreo de la gran chimenea, hasta el tictac del péndulo que contó las horas

«Es el amor que pasa».

Mme. Récamier tiene un romance.

MIGUEL LUIS ROCUANT

Le conocí como apasionado lector de las poesias de Manuel Gutiérrez Nájera i de las Glorias de Asturia, habiéndole encontrado, ántes de manifestarse poeta en el periodismo, en la tribuna cantando, en entusiastas discursos, himnos a la independencia de los pueblos i las aspiraciones del hombre.

Comenzaba entonces, hace de esto diez años, a romper el cascaron el futuro bardo de la poesia panteisla chilena, que ya habia cantado, con estro soberbio, Guillermo Matta en su poema En las Montañas.

Soldado-ciudadano, es decir conscripto, todavía antes de ser periodista, como Pablo Déroulede, se reveló poeta en las escenas del cuartel, escribiendo su libro de combate o de tendencias guerreras, que los poetas tienen siempre esa tendencia al heroísmo.

En 1898, dice el conde Angelo de Gubernatis, en su «Dictionaire International des Ecrivains du Monde Latín» publicó Rocuant, Impresiones de la vida militar; en 1902 Brumas, poesias líricas; despues La Onda i la Espuma i Alma-Matér. Sobre este poema panteista le escribió Max Nordau: «Con verdadero placer puedo decirle que su fisonomia intelectual i moral se destaca cada vez mas de sus versos. Es muí interesante averiguar las influencias estranjeras que han contribuido a formar a Ud. Creo encontrar de Musset; Byron bastante; de Hugo algo, un poco de los decadentes franceses i talvez de algunos parnasianos. Pero si Ud. se inspira de algunos maestros, Ud. no imita a ninguno i este es su gran mérito. Alma-Mater es una bella profesion de fé panteista, cuyo soplo recuerda, a veces, a Lucrecio, llai muchas estrofas de una entonacion magnífica, fuertes i armoniosas. Ud. tiene un gran vuelo. Su horizonte abraza dominios mas vastos que la lírica simplona de los juveniles amores, de los cantos de ruiseñor i

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