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de los pasados siglos, tan bravos como fieros, tan nobles como bravos, quedaba oscurecida ante los esplendores de su gloriosa vida. ¿Qué espada haber podia mas firme que su espada vencedora de todo? ¿Qué mano mas templada que su incansable mano? ¿Qué ánimo mas brioso que su ánimo, enemigo del sueño i del reposo, que arrolló en hora aciaga cuanto halló en su ca

[mino.

ejércitos de ovejas i lanzas de molino? El era el Caballero de la Triste Figura. que desde luengos dias, en eterna aventura, se iba por donde quiera pregonando la fama de su Dios i su tierra, de su rei i su dama. El era quien cansaba la voz de la leyenda con sus hechos, el mismo que en singular contienda venció a aquel caballero del bosque, (caballero notable por la enorme nariz de su escudero); El era quien al pálido fulgor de las estrellas lanzaba hácia la noche sus íntimas querellas de amor, i se quedaba llorando sin reposo miéntras partia Sancho camino del Toboso .. El era el mas valiente i el mas enamorado, intrépido, animoso, gallardo, fino, osado, no habia fama alguna de caballero andante con él cuando agredia, jinete en Rocinante.

I el bravo caballero sonreia al arrullo de tantos pensamientos que halagaban su orgullo. Célebre en todo el orbe triunfante en toda guerra, él era como un brazo de Dios sobre la tierra.

Un áspero ronquido de profundos roncones arrancóle de súbito a sus divagaciones. Sancho dormia. Echado bajo un frondoso arbusto, gozaba de su sueño con la quietud del justo.

Rocinante i el rucio vacian a su lado. Vencidos por el sueño, sin penas ni cuidado, en un cariño mutuo juntaban sus orejas cansadas de oir siempre desafíos i quejas.

El viento rumoroso jugaba en el follaje, i habia tal dulzura, tal calma en el paisaje, •que don Quijote, lleno de la emocion mas pura, suspiró largamente, i asió la empuñadura de su espada, pensando, sin duda, en Dulcinea, tan bella como ingrata ..

De la vecina aldea llegaba en ese instante, como una caravana de trémulos sonidos, la voz de una campana!

Don Quijote sintiendo temblar en sus oidos aquellos sones largos, sonámbulos, perdidos, pensó que eran los dias que él veneraba tanto, que aquélla era la sacra tarde del Viérnes Santo.

Aquella era la hora de la Pasion. Moria Jesús, Hijo del Hombre. Su trájica agonia duraba largas horas. El pueblo sublevado gozábase en su angustia de Gran Crucificado. El pueblo redimido por El, rujia ahora, hambriento de su muerte, como una arrolladora marea. El pueblo alzaba sus manos asesinas riendo de ver a un Cristo coronado de espinas...

La campana seguia sollozando. Sus sones temblaban como estraños fragmentos de oraciones, i erraban estraviados, dispersos por los vientos como despavoridos enjambres de lamentos.

Don Quijote, llevado de sus sueños lejanos, sintió que le embriagaban éxtasis sobrehumanos. Tendió la vista inquieta por el vasto horizonte

i vió léjos, mui léjos, sobre un abrupto monte perdido entre arreboles, a las ambiguas luces del crepúsculo, alzarse tres solitarias cruces,

Cristiano viejo, el épico hidalgo visionario hallábase en presencia de un sangriento Calvario.

Era Cristo! El oia sus voces de esperanzas, veia sus costados abiertos por las lanzas; oia los insultos i las imprecaciones del pueblo, ante la cólera de escribas i sayones, las plegarias de Dímas, las blasfemias de Jéstas; veia a las mujeres subir las agrias cuestas del Gólgota, entre lágrimas, bajo el brutal sarcasmo- de las turbas rabiosas, con sus hijos en pos... Veia, en fin, suspenso de admiracion i pasmo, toda la dolorosa crucifixion de Dios.

Pero de pronto ¡oh rara i estraña maravilla! ¡oh espeluznante i trájica visión de pesadilla! era él, el Caballero de la Triste Figura, quien sufria el vejamen de aquella atroz tortura. Era él, el invencible, el sin par caballero, i estaba allí desnudo, clavado en un madero, inerme, desvalido, doliente, ensangrentado, befado por los hombres, de Dios abandonado. Tenia sed, pedia, brindábanle las heces, i Sancho, su escudero, le negaba tres veces... Turbas abyectas, ebrias de un colosal delirio, querian por sí mismas consumar el martirio. Miserables que él mismo con su brazo amparara le llenaban de escarnio, le escupian la cara, ¡Qué vergüenza! ¡Qué oprobio! Don Quijote no pudo soportar e impetuoso manejó el ancho escudo sintiéndose con brios de diez mil paladines para acabar con todos aquellos malandrines...

I todo en aquel punto despareció. Caia dulcemente la tarde del mas hermoso dia. I él sólo vió a lo léjos venir por el camino a Cristo con su agreste bordon de peregrino. Era Jesus, El mismo! Su dulce faz serena, sus claros ojos bellos, su barba nazarena. Era Jesus, el mismo divino vagabundo que bajó de los cielos a redimir el mundo. Su túnica flotaba como sobre el abismo... Sus labios sonreian... Era el mismo! Era el mismo!

I don Quijote, a punto de arrebatarse, oia sus pasos armoniosos en la quietud del dia. Jesus se aproximaba mirándole. Sus ojos humildes le invitaban a templar sus enojos, i él oyó que decian, aunque mudos, sus labios: «despreciad las injurias i olvidad los agravios». ¡Cómo encantaba el brillo de su mirada! Ahora él sentia en el alma como una luz de aurora. Jamas el Caballero de la Triste Figura habia paladeado semejante dulzura. ¡Cuan léjos sus ardores i su melancolia! El contemplaba a Cristo i Cristo le atraia...

Despues, llegado apenas, Jesus le dijo: «¡Hermano!»

i él cayó de rodillas i le besó la mano.

Era de noche. Ahora la voz de la campana huia entre las sombras, cada vez mas lejana, hasta cesar del todo.—El bravo caballero despertó de sus éxtasis i llamó a su escudero. «¡Vamos!» le dijo. Sancho, venciendo su pereza, quiso alegrar a su amo con alguna simpleza.

ASTOLOJIA CHILENA 10

Don Quijote, severo, le hizo callar... (El viento bailaba en el follaje con un compas mui lento).

I ambos, el uno triste i el otro algo mohino, montaron i partieron por el primer camino...

DON VICTORINO ROJAS MAGALLANES

El señor Victorino Rojas Magallanes, actual jefe de la Oficina de Estadística e Informaciones Agrícolas, dependiente del Ministerio de Industria i Obras Públicas, recibió su título de abogado i fué propuesto i aceptado como socio corresponsal de la Real Academia de Lejislacion i Jurisprudencia de Madrid.

Fué uno de los iniciadores i fundadores del Centro Industrial i Agrícola, institucion de fomento que cuenta con mas de doce años de existencia, i en la cual ha desempeñado el cargo de secretario durante todo ese tiempo. t

Por la iniciativa de la institucion nombrada, se ha realizado en el pais dos congresos de agricultores: uno de ellos el año 1899, i el celebrado en Talca el año 1905.

Al Congreso de 1899 se presentó el primer estudio sobre el regadio jeneral del territorio, que ha de ocupar en breve la atencion del poder lejislativo de la República i que está llamado a influir poderosamente en el mejoramiento de la situacion económica.

El señor Rojas Magallanes es autor de varios trabaIos que han merecido juicios lisonjeros de la prensa; entre otros, citaremos su informe sobre conservacion i reparacion de los bosques; sus folletos titulados La reorganizacion de la estadística i La mas racional esplotacion de las covaderas.

Ha colaborado tambien, durante varios años, en la prensa diaria, i ha tenido a su cargo la redaccion de la Revista del Centro Industrial i Agrícola.

Bajo su direccion, la Oficina de Estadística e Informa

catalogado de los principales propietarios rurales de la República.

Forma parte del Congreso Científico Latino Americano, como vocal de la Seccion de Agronomia i Zootecnia.

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