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Miéntras un timbre de oro alegre canta
En la rejia morada hora tras hora,
El siente que la hiel devoradora
De la envidia le muerde el corazon.

I juzga cuán injustas i humillantes
Son las desigualdades de la fortuna,
Comparando sus ánsias una a una
Con vuestra inagotable profusion.

I que es padre sin pan i sin trabajo
Que esclama acongojado en su quebranto:
«Para uno solo cuántos bienes ¡cuánto!
«Tanta dicha para él sin rudo afan!

«Cómo es feliz! Sus hijos le sonrien,
«Hartos de dijes, llenos de atavios!
«Cuánta lumbre i calor para los mios,'
«En sus solos juguetes! cuánto pan!

I compara despues en su codicia Vuestra fiesta a su hogar donde ateridos Sus tiernos hijos jimen, los raidos Harapos disputándose talvez.

Donde yace la madre junto al niño Exhausto el seno que nutrió su vida. Su hermosa faz por el dolor transida, Velada por intensa palidez.

Inicua lei de la existencia toda, Que al borde de la cuna al hombre aguarda: Para unos el dolor, la ruda carga, Los otros son llamados al festin.

Gozad, gozad, vosotros los dichosos!
Hai una voz que inexorable grita,
Para el desheredado lei maldita
Que tendrá que cegar con mano ruin!

Dad a los pobres! Sed benefactores!
Ah! cuando por el cierzo entumecido,
Caer se vé a un anciano desvalido
De hinojos, implorando, en el umbral;

Cuando de vuestra mesa las migajas
Cojen los niños sin hogar ni techo,
Los pies descalzos i desnudo el pecho,"
Pensad que sois remedio a tanto mal!

Dad, para que el Señor dé a vuestras hijas
La gracia i el candor de los querubes:
La grana con que el sol dora las nubes,
Al nácar arjentado de su tez.

Para que vuestra vid os rinda opima,
Sus rubios globos i la mies su grano,
A fin de que su néctar jerezano
Os dé el racimo i el panal su miel.

Dad, para que el recelo no os aceche,
I el infeliz que sufre no os maldiga,
I ante su mesa rústica se diga.
No nos niega su pan la caridad.

Ya se avecina el dia en que dejemos
De este mundo la frájil envoltura,
I serán vuestros dones en la Altura,
De gracia inagotable manantial.

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Dad, para que El remita vuestras culpas
Cuando se rompa el vaso que nos guarda
I el reposo nos dé que al bueno guarda...
Sacro tributo de su inmenso amor!

I para que al cruzar la oscura linde
De la morada eterna del reposo
Os acompañe un ruego fervoroso
Que dé a la esperanza algun albor!

TOMAS GATICA MARTINEZ

Poeta i novelista de la nueva jeneracion intelectual del pais, cultiva con orijinal injenio la poesía i el romance social moderno.

Se ha disciplinado su carácter i su pluma en el periodismo literario i militante, exhibiendo un temperamento personal propio, de clara independencia.

Su reciente novela sociolójica Gran Mundo (1908) en la que espone su índole de costumbrista moralizador, lo revela, así mismo, un artista modelo, que no busca en el escándalo ni en la vituperacion de esferas sociales determinadas ni el éxito del oro ni el del talento.

Su primer libro, Ensayos Líricos, lo publicó en 1900 i en 1904, dió a luz su segunda obra de conjunto con el título de Pensativas.

En 1902 ingresó a la redaccion de El Chileno, diario popular, que ha sido la tribuna de escojidos' escritores de nuestra juventud intelectual.

En 1904 se hizo cargo de la redaccion del semanario ilustrado La Bandera de Chile, que editó en Santiago el sociólogo italiano Enrique Piccione.

A principios de 1900 redactó La Revista de Chile, fundada por una asociacion de distinguidas damas santiaguinas.

En 1906 se incorporó al personal de colaboradores de El Diario Ilustrado, en el que ha insertado numerosos artículos de diversos jéneros literarios, de crítica i de análisis de costumbres sociales.

Es un escritor de buen gusto i un poeta de verdadera inspiracion.

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