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DON LUIS MONTT

Publicista i funcionario público, Director de la Biblioteca Nacional desde 1886, ha prestado los mayores servicios a las letras chilenas con sus obras. Ha escrito i publicado diversos estudios de carácter histórico i bibliográfico i reunido en libros de inescusable mérito los trabajos i las producciones de escritores eminentes de nuestra patria i de la América del Sur.

A su laboriosidad e iniciativa se debe la edicion, en copiosos volúmenes, de las Obras Completas de don Domingo Faustino Sarmiento, el raro i jenial publicista arjentino, precedidas de un notable estudio histórico.

Del mismo modo, escribió la vida del ilustre periodista chileno Camilo Henriquez, el fundador de nuestra prensa periódica, ofrendando al prócer de la pluma de nuestra revolucion de independencia el tributo mas alto que se le ha rendido hasta el presente.

Con igual sentimiento de patriotismo i espíritu de fraternidad literaria, publicó los Recuerdos del Pasado, de don Vicente Perez Rosales, precedidos de un hermoso estudio de su vida de patricio i de escritor. Ha publicado un resúmen histórico de la Bibliografia Chilena, desde 1812 a 1817, que se propone continuar hasta nuestro tiempo, trazando así una verdadera historia de la literatura nacional.

De un interesante libro de Poesias, en que el señor Montt ha coleccionado sus mas delicadas espansiones íntimas, copiamos la hermosa traduccion de Leopardi, Amor i Muerte, en que el arte clásico se da la mano con el moderio.

Amor i Muerte

(DE LEOPARDI)

El amado del cielo muere jóven.

Menandro

A un tiempo hermanos enjendró la suerte
al Amor i la Muerte.
No tiene el mundo, nó, cosas mas bellas,
ni las tienen tampoco las estrellas.

Del uno nace el bien i e« mayor goce -de la existencia en los reyueltos mares, i la otra el mal estingue »' los pesares

Dulce de ver, i no eral la conoce

- en sus terrores la cobarde jente, es una niña hermosa,

a quien amor se goza

• en pedir de continuo compañia,

i ambos, de alimento ¡d corazon que siente, ^vuelan a par sobre la humana via.

Ninguno mas prudente . que el corazon por el amor herido, itf1i la vida miró con mas desdeño, ni al peligro jamas por otro dueño

• cual por éste encontróse apercibido.

No un vano pensamiento, mas si el esfuerzo nace o se despierta.

- amor! do infundes tu fecundo aliento; vi previsora la familia humana

en el trabajo con teson se afana.

Guando a nacer empieza una amorosa llama.

el pecho siente a un tiempo languideza, i de morir anhelo.

¿Por qué? No sé, mas tal sucede. El suelo,

sin aquella ventura

que ya su pensamiento le f1gura

nueva, sola, infmita.

inhabitable júzgalo, i desierto

• con horror a sus ojos se presenta. Ante el deseo ardiente que le ajita i el mundo todo en torno le obscurece, rujirle una tormenta

presiente entonces el corazon por cierto, i anhela la quietud, anhela el puerto.

I despues, cuando en sí todo lo envuelv el amoroso imperio, i al corazon oprime su cuidado, ¡cómo, oh Muerte, te implora con afan el amante desdichado!

¡Cuántas i cuántas veces, ya por las noches o al rayar la aurora, insomne i fatigado, venturoso se juzga que seria si nunca mas su cuerpo levantase, ni a ver jamas tornase la amarga luz del dia!

¡Con que frecuencia al son de la plegari al son de la campana funeraria que al hombre lleva al eternal olvido, de lo íntimo del pecho, con suspirar ardiente, envidia al que a yacer es conducido al sempiterno lecho!

Aun la plebe ruda de las virtudes del saber desnuda, aun la esquiva, tímida doncella que al nombre de la Muerte se erizaba de espanto, lija sus ojos de entereza llenos ante la tumba i su funéreo manto: aun se atreve al hierro i los venenos.

i su sencillo espíritu comprende
la jentileza del morir... que tanto
hácia la Muerte inclina
de Amor la disciplina.

Vése tal vez del roedor interno que humana fuerza a soportar no alcanza, postrado el cuerpo frájil: del fraterno poder prevalecida,

a Amor la Muerte a lo profundo lanza;

i el ignaro villano,

la tímida doncella,

siegan su juventud, que cae herida

a un golpe rudo de su propia mano.

¡T de sus casos ríese la jente.
a quien de paz i de vejez el cielo
el disfrutar consiente!

Al feliz, al que vive enajenado,
al que al injenio la pasion hermana,
concédales el Hado
gozar vuestros favores,
dulcísimas señores.

que amigos sois de la familia humana, i cuyo imperio, dulce i peregrino, ningun poder del universo humilla, sino el poder mas alto del Destino.

I tú, a quien del principio de mi vida siempre invoqué honrada, bella Muerte, tú sola la piadosa del mundo a los enojos; si tú por mí ya fuiste celebrada, i te vengué del vulgo que odia ciego

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