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De sus copiosas obras podemos citar, entre otras, las siguientes: Botones de Rosas; Aguinaldo; Leyendas del Hogar; Manuel Rodriguez; El Dr. Federico Puga Borne, Leonardo Eliz, Doctor Adolfo Murillo, El Brasil Histórico i Jeográfico, Cantos del Sabiá, Hilachas de Frases, etc.

La Escuela Decadente en América i en Chile

Atinados críticos de la Península observan, con esguince, las exajeraciones de la actual moda literaria, que arrastra seducidos a los poetas sud-americanos, tras el carro de oro i slordelisado de los excelsos padrinos del decadentismo. El atractivo que sobre la juventud ejercen los libros impregnados de espiritualidad de «ese Paris casi bizantino, raro, sutil, místico i voluntarioso», ha formado escuela, i sus adeptos mas férvidos i canijos quieren, a toda costa, cegar las fuentes puras i plácidas de la naturalidad del lenguaje.

Una razon poderosa prima, en concepto de don Miguel Unamuno, para que la literatura francesa ejerza grande inslujo sobre esios pueblos que em. piezan a hacerse tradicion de cultura: «que la literatura francesa es la que ménos esfuerzo de comprension exije; la mas clara i diáfana, la mas brillante, la que nos da en papilla el pensamiento uni.versal, aunque sea debilitándolo».

Cuando Baudelaire i la ilustre falanje de Verlaíne, Mallarmé, Rimbaud, Moréas, Baju, Raynaud se concitaron contra los viejos cánones, concibiendo el impresionismo en literatura, como fórmula única en el porvenir, no pudieron nunca imajinarse que el picante capítulo anecdótico literario que ellos es. cribian, era el inicio de una época en que los soñadores de singularidad, en sus descarríos, traspasa

rian los lindes de la mas refinada estravagancia. Dentro del sistema de que una palabra, al repercutir sobre los sentidos, es susceptible de provocar una sensacion especial, que obra sobre el espíritu i hace nacer el pensamiento, se asignaron, segun lo recuerda M. Loliée, tonos a las silabas, formas a las consonantes, colores a las vocales; se inventaron sutiles métodos para distinguir en una sola i misma palabra un sentido primitivo, otro sujestivo i un tercero alegórico.

Adiestráronse los jefes de este apostolado, a su gusto, en las tinieblas, en el seno del vacío i de lo abstracto, desparramando las flores del mal, que los rimadores simbolistas a la ventura habrian de cultivar en conservatorio o guardar en cajitas de laca rameadas de oro, obedeciendo en todas sus lucubraciones a la vanidosa consigna del verso liber. tado de las férreas leyes de la sintaxis i de las rigoristas rutinas métricas. El alerteo revolucionario de los injeniosos amadores de la nuance, so capa de formar una llamada nueva escuela, venia a dar infulas a un alud devastador e iconoclasta!

En el polvo ruinoso del pasado queda en rezago la procesion de augustos espectros,—desde Homero con su cayado de parra hasta Hugo, ese áme aux mille voigx, que vivió, al decir de Anatole France, webrio de sonidos i colores i embriagó al mundo); desde Virjilio con su toga de armiño hasta el maestro de Sedan con su brocha jenial, su salmorejo del escándalo i su bisturí que clavó hondo en las llagas de la sociedad;-atras quedaban el clasicismo, «de cabeza empolvada i de tizona al cinto»; el romanticismo, «con su faz lacrimosa i desencajada»; el realismo, «con sus instrumentos de anatomía, sus máquinas fotográficas, sus bloques i sus pinceles»;-i abríase paso, triunfante i glorioso, el simbolismo, «hermosa aurora polar, segun Julio Herrera i Reissig, que hace del firmamento de su escuela una paleta confusa, un derramamiento desordenado de flores exóticas, i en que lo abstruso, lo raro, lo orijinal, forma la levadura incorpórea de este pan de Sybaris, que solo es del gusto de los privilejiados». Habia necesidad i existe calificada conveniencia, tal es el aserto de los garridos garzones del simbolismo,-de asestar golpe de gracia a la imperdurabi. lidad de las reglas i el absolutismo de los principios, de no poner candado al cerebro cual si fuese la celda de un cenobita, de reemplazar los viejos casilleros cubiertos de moho por los amplios horizontes de un esplendoroso despertar, sin trabas ni ligaduras con los vestiglos i las antiguayas. Este es el siglo, han dicho, de la libertad del arte, «mariposa de alas brillantes, que ha roto su crisálida retórica i se ha elevado por los aires», ostentando todos los matices del prisma.

¿Quién habria de empecinarse como Pan en su caracol i no fulminar anatema contra los siglos pasados «que mantenian en cautiverio el espíritu»? Oid este pronóstico de sus sibilinas y profetas: «Pronto no quedará piedra sobre piedra de todo lo antiguo i las viejas creaciones yacerán como las ruinas helénicas envueltas en el musgo sagrado de la fama»!

I hétenos ahí el simbolismo exajerado, con sus menudas escuelas i distintas capillas, ocupando el sitial de honor en el templo del arte, para atravesar cuyos umbrales, hai que calzarse previamente remononas pantuflas, cual solia exijirlas. Selim a los que aspiran a visitarle en su palacio... Los adeptos de esta escuela, con un esclusivismo subli.ne, niegan el influjo que en las letras tienen los dulces i tiernos afectos del alma, las costumbres i tradiciones populares, i se prosternan ante el siglo en que viven, «única candileja que ven suspendida en la bóveda del tiempo»; ellos solos se consideran unjidos en la coronilla con el óleo de la esquisitez literaria i artística, del esteticismo sin resabios; i con la eterna muletilla del símbolo por oriflama, se espresan en un lenguaje compenetrado de frances hasta la médula de los vocablos i embutido de términos rarísimos, reventándoseles el gozo hasta por las boquillas del pantalon cuando trasiegan sus jiros exóticos i sus neolojismos de elegante catadura i donairoso corte.

El arte moderno de finos quilates, en el sentir de estos cultores, consiste: en una serie de evocaciones mitolójicas i estrambóticas; en la abundancia de epítetos peregrinos; en la curolacion de lo incoloro (v. gr.: pensamientos azules, muselina gris de la melancolia, pálidos suspiros, besos escarlatas, noches verdineas, etc.); en el acopio de flores i piedras preciosas, de nombres musicales, i de figuras lánguidas que se desperezan como odaliscas en el harem (v. gr.: caléndulas, aampánulas, crisantemás, sol muerto entre luces de heliotropo, pupilas de turquesas iluminadas por una chispa interior, etc). «Remojase todo esto, dice don Ramiro de Maetżu, con unas cuantas gotas de absinthio, comunicándole ademas un tufillo parisiense o jermánico, i se da vuelta al conjunto, como si fuera el tubo de un kalei-doscopio, por medio de una corriente pasional o neurótica. No se necesita mas para que vayan apareciendo, como por ensalmo, en prosa i en verso, las acuarelas, nocturnales, idílas, sáficas, délfica's,

estivales, eróticas i mil pajinillas mas multicolores, rápidas i fulgurantes».

Refiriéndose a esas composiciones que pecan contra la perspicuidad de la frase, llenas de metáforas desgalichadas i de una clorotica ampulosidad del pensamiento, dice un crítico español: «Leo todo esto, me distrae, pero jamas logra interesarme).

Lo que priva, observa don Tomas Michelena, es «esa falanje de neo-escritores, inodernistas i decadentes, para quienes los maestros del decir pertenecen a una escuela anticuada», a una escuela de rancios beocios en que no se miraban los colores, no se oian los sonidos, no se sentia lo gris, azul i gualda...

De esto al embolismo, a lo indescifrable no hai mas que un paso. «Los escritores actuales, manifiesta el doctor Büchner, tienen cierto orgullo en no ser comprendidos sino por un pequeño grupo de admiradores; destrozan las formas artísticas mas puras, solicitando por sobre to:lo cierto efecto, a cuyo fin emplean los medios mas arriesgados para llenar el pobre objeto».

El simbolismo, a guisa de tendencia opuesta al naturalismo i al craso-realismo, ha inducido a sus afiliados, atropellando los límites de lo justo i lo racional, a excesos vituperables, a las caóticas creaciones del injenio. I cuando se les advierten, sin necesidad de ser esmerado en la búsqueda, estos excesos de la escuela, o formulan protestas con filo de jifero i punta de lanza, o responden con razonamiento mui florido, pero poco convincente.

«Hermoso es contemplar, dice Herrera i Reissig, las guijas relucientes que reposan en el lecho de cristal de un arroyuelo; éstas son como las ideas esmaltadas que se ven a traves de un estilo claro como

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