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No es el presente un momento histórico de florer-lcimiento literario patrio.

Es un periodo de transicion entre una época de desarrollo intelectual intenso i un futuro que promete un mayor i mas vigoroso esfuerzo de cultura

-nacional.

2 Nunca fué la literatura entre nosotros un eleqmento de vida i de labor profesional, sino una manifestacion de arte i de ciencia que surjió del fondo de los caractéres superiores anhelosos de un progreso brillante para el pais.

Desde los oríjenes de nuestra nacionalidad, el pensamiento escrito i vulgarizado en el libro o en la revista, en el diario o en la tribuna académica, en la cátedra universitaria o en el parlamento, ha sido el fruto de la suma de conocimientos adquiridos por nuestros hombres de talento que un ideal hermoso de espansion moral guiara hacia el cultivo de las letras o de la palabra en todas sus esferas de belleza infinita.

Las ciencias de la naturaleza i de la filosofia, al par que las que se relacionan con la vida institucional i práctica, tuvieron a su servicio, en su tiempo, tanto en la colonia como en la época de la revolucion i la organizacion republicana, intelijencias representativas que les conquistaron horizontes de dilatado desenvolvimiento en nuestra sociabilidad.

Las ideas de profunda investigacion como las de espresion vivaz del sentimiento i la elocuencia, se abrieron paso a traves de adversas vicisitudes, desde el abate Molina i el padre Lacunza a Salvador Sanfuentes i José Victorino Lastarria, los primeros en la historia i el estudio de la naturaleza i la teolojia i los últimos en ;la.-pQesja i la filosofia i la política.; *

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Así nacieron entre nosotros, en la éra propiciatoria d*da-libertad- i del derecho público i civil, la literatura-i eLartev la ciencia íjá; difusión de la cultura popular", "siendo coetáneos de' tesos tiempos de intelectualidad el sabio jurista i filólogo don Andres Bello i el educador peninsular don José Joaquin de Mora.

Sembrando los unos la semilla de la ilustracion en las revistas i en los libros, los otros esparcian los jérmenes de la verdad i del adelantamiento social, con enérjico empuje, en las aulas de los colejios, levantando liceos i universidades, fundando cátedras i escuelas como Sarmiento, esparciendo testos de estudio i de enseñanza para la juventud, códigos de lejislacion i de lenguaje i constituciones políticas que dieron personalidad a la República.

A favor de este ambiente de espansion moral se erijieron la Universidad, la Escuela Normal, el Liceo de Santiago, la Academia de Pintura, la Sociedad Literaria i la Academia Forense, que fueron los primeros centros de actividad de nuestra literatura, de las bellas artes i de las profesiones universitarias tituladas.

Don Andres Bello se regocijaba, en la apertura de la Universidad, de las nobles compensaciones que llevan al espíritu las ciencias i la literatura premiando con sus goces íntimos los trabajos i las vijilias del estudio.

La sociabilidad misma se sentia renacer a una nueva vida de evolucion i de perfeccionamiento, estimulando las iniciativas de los Gobiernos i de los hombres de entusiasmo por la cultura jeneral.

Ese movimiento literario se prolongó durante una serie de años, señalando a nuestro pais un puesto distinguido en la América latina, dando espresion de naturaleza a la literatura, imprimiendo proyecciones de índole nacional a la cultura de la capital cuyas palpitaciones se sienten aun en la accion moral de nuestra actual jeneracion. Habia ideales i poesia en las almas i en los cerebros, comunicándose a las multitudes que acudian a los comicios i a las sociedad-ésa escuchar la palabra de los oradores i de los literatos, de los poetas i dramaturgos; se leian los diarios, se hacia sentir el ardor de lí' pal-lbra i de la elocuencia en las asambleas, se discütia'én las calles i se combatia en los campos de la lucha por las convicciones.

Entonces esclamaba en la tribuna del Congreso, con vibrante entonacion, don Miguel Cruchaga, cantando un himno a la fé i a la patria: «La libertad, esa deidad del alma!»

Manuel A. Matta. hacia de la tribuna un Monte Sinaí, dictando Tablas de Lei a la democracia.

Pedro Leon Gallo, traducia El Espíritu Nuevo, de Edgard Quinet, i La Leyenda de los Siglos, de Víctor Hugo, con soberana inspiracion que ningun americano ha igualado.

Guillermo Matta, entonaba un canto a la naturaleza en su poema En las Montañas.

Manuel Montt,completaba el Código Civil, que fué su lei, no obstante de haberlo escrito Andres Bello, con su monumental discurso sobre la reforma penal.

Alberto Blest Gana, revelaba horizontes al injenio creador i descriptivo con sus romances nativos como Martin Hivas i El Pago de las Deudas.

Cárlos Walker Martínez, traia en su bordon de peregrino del desierto de Atacama, su tierno i delicado poema El Proscripto.

La elocuencia de la inspiracion del cielo se manifestaba soberbia i dominadora en la cátedra sagrada, bajo las bóvedas del templo, en los labios del ilustre sacerdote don Mariano Casanova.

En la tribuna del Congreso, ese otro templo de las leyes, Isidoro Errázuriz fulguraba rayos de luz i de esperanza que estremecian las almas i las muchedumbres.

En el diarismo, Manuel Blanco Cuartin derramaba la sal ática de su refinado talento de polemista formidable.

Las mujeres de jenio i de ternura esquisita, como Mercedes Marin de Solar i Rosario Orrego de Uribe, vertian, en la poesia i en la novela, las dulces notas de su inspiracion delicada, deleitando los corazones. ," '-' •

Así se desenvoivia-nití cütíura i la literatura en las diversas esferas de la actividad, conquistando prestlpp ai pals-en e]I; «steriori- abriendo surcos de fecunda espsnsion so'cktl en\ios teíííp'eramentos impresionables i vibrantes de nuestras colectividades nacionales.

Este vigoroso afan de civilizacion no se ha estinguido i por el contrario ha seguido laborando en las jeneraciones sucesivas i labrando las almas i los caracteres aptos de cultura i capaces de esfuerzos morales superiores, hasta el presente.

Ha podido esperimentar interrupciones, a consecuencia de los contrastes que producen las alternativas de la vida de toda nacionalidad en desarrollo, pero sin que cese su constante desenvolvimiento.

Como las corrientes subterráneas que cruzan la corteza terrestre brotan de improviso sobre la tierra fecundando los campos, así el pensamiento se desenvuelve en silencio, en el fondo de las almas, hasta que se presenta la hora de su revelacion i levanta el nivel moral de los pueblos enalteciendo su nombre i su historia.

Entre nosotros, los conflictos, de un orden vario, que han perturbado nuestro desarrollo económico, no han impedido que el estudio interese i apasione los espíritus observadores, que han perseverado en el trabajo intelectual continuando las tradiciones de nuestra literatura histórica.

Se ha seguido el ejemplo fecundo de Amunátegui, Barros Arana, Vicuña Mackenna, Ambrosio Montt, Rómulo Mandiola. Eduardo de la Barra, Hermójenes de Irizarri, Zorobabel Rodriguez, José Manuel Balmaceda, Manuel José Irarrázaval i Jacinto Chacon, cultivando los conocimientos científicos i de orden armónico, avanzando en la senda de los progresos modernos.

En todas las esferas de la sociedad se estudia i se

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