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taria para los países y colonias que usan la plata como patrón y el cual produjese el doble resultado de no desmonetizar este metal y de dar, sin embargo, a la moneda que con él se fabrique y use en los mercados interiores, un valor fijo en oro para los efectos del cambio internacional. El fundamento de esta iniciativa, hábilmente presentada al gobierno de Washington, consistió en el interés que las naciones que usan el oro como moneda tienen en impedir que su comercio con los países que usan la plata disminuya más y más cada día, como no podrá menos de suceder por la diferencia de patrón monetario; y á ella se adhirió el gobierno del Celeste imperio, obteniéndose el resultado de que el Congreso autorizase al Presidente de los Estados Unidos para nombrar una comisión que, en unión de otra de México, estudiase la cuestión y, si á ello había lugar y de concierto con China, hiciera ante los principales gobiernos europeos las gestiones conducentes á procurar el establecimiento de un régimen en que prevaleciera la fijeza de los cambios internacionales.

Compúsose la comisión mexicana de los señores don Enrique C. Creel, distinguido hombre de negocios y presidente, entre otros, del Banco Central; don Luis Camacho, nuestro inteligente y honorabilísimo agente financiero en Londres, y don Eduardo Meade, banquero prominente de San Luis Potosí; y unida a la norte-americana, que se formó de los señores Hanna, profesor Jeremías Jenks y Carlos • Connant, verdaderas autoridades en la materia, y á los representantes de China en Europa, celebró importantes conferencias en Londres, Paris, La Haya, Berlín y San Petersburgo con delegados distinguidísimos que nombraron los gobiernos de Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania y Rusia.

Fuera, tal vez, demasiado halagador para nuestro amor propio nacional pretender que á estos trabajos se deba, en poco ó en mucho, el alza que la plata ha tenido durante la primavera y el otoño de 1903 y que ha hecho bajar nuestros cambios á menos de 220 por 100; lo cierto es, por una parte, que estadísticas muy completas, cuidadosamente for

madas por la Comisión mexicana con datos oficiales, parecer demostrar, con sorpresa aún de los más versados en estas materias, que el consumo de plata en el mundo, no obstante estar desmonetizada en toda Europa y en buena parte de América y aun de Asia, está bastante equilibrado con la producción. Por otra parte, el plan que las Comisiones presentaron para lograr la fijeza de los cambios sin ocurrir á convenios de carácter internacional y que, en substancia, se asemeja mucho á los que Inglaterra en 1893 y los Estados Unidos en 1902 han adoptado para la India y las islas Filipinas, mereció el asentimiento de casi todos los comisionados de los gobiernos europeos, lo cual, naturalmente, ha cedido en prestigio de las ideas que nuestros delegados sostuvieron.

Mientras esto se preparaba en el extranjero, la Secretaría de Hacienda tomó en el interior dos providencias importantes: la una tendió á poner fin al amago constante que para el equilibrio de nuestros presupuestos significaba la depreciación de la moneda de plata, y la otra tuvo por objeto hacer estudios y obtener datos y opiniones para resolver si conviene ó no á los intereses permanentes de la República cambiar su sistema monetario.

El problema de asegurar el equilibrio de los presupuestos ha sido resuelto en otras naciones que se han visto en el mismo caso que nosotros, estableciendo el pago en oro de los derechos de importación. Aquí no podíamos hacer lo mismo por muchas razones, entre las cuales descuella la de que la tarifa de nuestra Ordenanza de Aduanas es ya muy alta; por lo cual, hacer simplemente pagaderas en oro las cuotas vigentes, habría equivalido á convertir muchas de ellas en prohibitivas. Por otra parte, no toda la renta de aduanas nos es necesaria para cubrir el servicio de réditos y amortización de nuestra Deuda pública en oro, y además, ya en nuestro presupuesto de egresos se ha venido calculando de años atrás el recargo proveniente de las pérdidas que nos impone el elevado tipo del cambio internacional. Poner, pues, en olvido estas circunstancias y decretar el pago en oro de esa renta, habría sido extremar innecesariamente el sacrificio que había que pedir á los numerosísimos consumidores de mercaderías importadas; por lo cual, y con auxilio de la matemática, se halló una fórmula para establecer la paridad de las cuotas (incluyendo en ellas el recargo de 7 por 100 de timbre y de 2 por 100 de derechos de puerto) á un tipo que equivalía al de 220 por 100 de cambio sobre Nueva York. Establecióse, pues, que en cada mes se tomase el promedio del cambio durante los veinticinco primeros días; y si ese promedio era igual ó inferior al expresado tipo de 220 por 100, rigiera éste para el cobro de los derechos, pero que, si era superior, sirviera de base, con el consiguiente aumento, para el cobro de derechos durante el mes inmediato. El cálculo es muy sencillo de hacer, pues basta multiplicar el 50 por ciento del total monto de una hoja de despacho, liquidada conforme al arancel, y multiplicarlo por el factor que una circular ministerial fija al fin de cada mes, para obtener en pesos mexicanos el importe de los derechos; procedimiento que, por netamente científico, ha venido á simplificar los antiguos, en que había necesidad de tomar en cuenta el elemento de los derechos adicionales que, por añadidura, exigían el empleo y cancelación de estampillas. Como complemento de esta medida se previno que los derechos sobre el oro se computaran, no sobre el valor que la ley monetaria fija á ese metal, sino sobre su valor mercantil; y de esta manera, sin que el país lo haya resentido, la Hacienda pública ha quedado á salvo de las emergencias provenientes de las fluctuaciones del cambio, que han alcanzado algunas veces proporciones enormes, poniéndonos al borde del abismo. Deploramos muy de veras que el espacio nos falte para dar más amplios detalles sobre esta ingeniosísima combinación de la Secretaría de Hacienda, que sorprendió aún á los más avisados en materia de números. Quien desee conocerla, puede hallarla explicada con toda claridad en la iniciativa dirigida con este motivo á la Cámara de Diputados en 5 de Noviembre de 1902.

Por lo que hace al estudio de la cuestión monetaria en el interior, se nombró para hacerlo á una Comisión compuesta

de cuarenta y cuatro personas, cuidadosamente escogidas entre nacionales y extranjeros, que representan los intereses vinculados en el comercio y en la industria en sus múltiples ramos, sin omitir uno solo. Estas personas, cuyos trabajos duran desde el 19 de Febrero de 1903, se organizaron en cinco subcomisiones, que ha reunido interesantísimos datos, antes ignorados ú obscuros, sobre todos nuestros problemas económicos, claramente planteados en un cuestionario que la Secretaría de Hacienda preparó, llegando á conclusiones que han servido para que la opinión pública, antes encariñada con el estímulo engañoso que para la producción nacional y la naciente industria vernácula resulta de una moneda depreciada, se persuada de que la base de todo progreso radica en tener un signo de cambio sano y estable. Esa misma Comisión, en los momentos en que escribimos estas líneas, acaba de trazar, por medio de una de sus subcomisiones, los lineamientos de un plan de reforma monetaria que, á juicio de muchos, conquistará para la República la fijeza del cambio internacional y acabará de ponerla á la altura económica de los pueblos cultos con quienes está ya en relaciones de todo género, si los poderes públicos se deciden á adoptarlo, con las correcciones que su experiencia, su ilustración y su patriotismo les sugieran.

Y ahora, lector amigo, si has tenido paciencia para seguirnos en nuestra peregrinación, penosa por muchos conceptos (puedes creerlo) y emprendida exclusivamente en interés tuyo y de la patria mexicana (te conjuramos también á que lo creas, porque es verdad), permítenos volver, para terminar, al interesante capítulo de la Deuda pública, que suele reflejar los más serios problemas y encerrar los más fundados augurios sobre el porvenir de un pueblo, y decirte dos palabras con motivo de la politica hacendaria que nuestro Gobierno ha desarrollado en los últimos tiempos en esta materia; porque no ha faltado quién pretenda tachar esa política de poco previsora y califique más de artificiosa que de solida la evidente prosperidad de las finanzas nacionales, diciendo que el equilibrio de los presupuestos, los sobrantes anuales y las reservas en efectivo, sólo se han concedido á expensas del porvenir de la República.

Quienes tal han dicho, han quedado fácilmente convictos del pecado de ignorar los más elementales rudimentos de la ciencia económica, entre cuyos más sanos y mejor establecidos principios se encuentra el de que no ha de pretenderse jamás gravar á una sola generación con el costo de mejoras, adelantos y obras que han de aprovechar á muchas, ya porque lo contrario sería perfectamente injusto, y ya porque, en la mayoría de los casos, se intentaría una verdadera imposibilidad, puesto que siendo comúnmente los gastos de esa naturaleza demasiado considerables para que pueda soportarlos el presupuesto ordinario, cargarlos á éste sería, simple y sencillamente, absurdo sólo comparable al en que incidiría el particular que pretendiese agregar un piso á su casa ó ampliar su heredad con los fondos que tiene destinados á su ordinario sustento. Esas mejoras o ampliaciones constituyen aumentos al capital y no otra cosa, y ellos han de hacerse, por fuerza, con recursos nuevos que, en el caso de una nación, no pueden venir sino del crédito, ya que al impuesto, para ser racional y justo, no han de pedirse ni rendimientos excesivos ni variables en grande escala de un día para otro.

Que esas mejoras, obras ó capitalizaciones no han de ser excesivas, ni locas, cosa es que de su peso se cae; pero, en todo caso, la determinación de su monto ó de la oportunidad de hacerlas pertenece al conjunto de la Administración ó del Gobierno; lo que al departamento de Hacienda toca es obtener los recursos necesarios para llevarlas á cabo en términos tales que las posibilidades del presupuesto ordinario no se excedan, comprometiendo su equilibrio y produciendo el deficiente. ¿Se han llenado estas condiciones bajo la gestión hacendaria del señor Limantour? Inútil fuera

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