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tos y sueldo se pueda y deba suplir de hacienda real.

El oidor Garate dió su parecer, confesando el riesgo en que estaban aquellas provincias, y lo dificultoso que sería recobrarlas, creciendo el recelo con haber penetrado el enemigo en la provincia de Costa-Rica, aunque siempre como ladron ratero, sin arresgarse, deseando solo un descuido, como lo hizo en Granada; pero que le parecen bastantes las providencias dadas, y no el que caminen las compañias á Nicaragua, donde solo en Granada hay mas de 400 hombres que pretendan tomar armas, y mas de 1500 en toda ella, que pueden disciplinarse alentándolos sus cabos, que en la provincia hay armas suficientes, pues á mas de las que habia, se han llevado otras, y todo género de municion, y que la materia de gastos de hacienda debia verse en junta de ella. · El obispo Ribera en el suyo dice, que si es ó no invasion la del enemigo no debe discurrirse, sino ver que ya entró y saqueó Granada, que penetró en las montañas de Costa-Rica hasta las cercanías de Cartago, y que se apoderó de la isla de Sta. Catarina, con que ya tiene casa propia mui cercana, y cierto que no la quiere para solo estarse en ella, ni debe reducirse á cuestion, que deban hacerse las prevenciones necesarias contra el enemigo, ó que para el caso presente esté reservada la real hacienda, segun las cédulas de S. M.

Vistos todos los pareceres por su señoría del señor presidente, dijo que se conformaba con ellos, ménos los de los señores oidores de la real audiencia; y convocó junta de hacienda: en la cual, lo mismo que en la pasada, se advierte una reñida controversia, substituida á las campañas, que así para recobrar la presa, como para repeler al enemigo, fueron de desear en Nicaragua y Costa-Rica; y en fin, á lo menos ella muestra por una parte, como se trataban las materias de hacienda y los asuntos de guerra, y por otra el contrapeso recíproco de autoridad establecido entre el gobierno y la audiencia.

Celebrada la junta el dia 17 de agosto, el oidor Garate dijo, que segun las órdenes de S. M. solo quiere se gaste de su real hacienda en casos de invasion actual, como fué la de Costa-Rica segun se declaró en junta habida para ello, mas no en prevenciones de invasion contingente y dudosa como la presente, y así no es de parecer se saquen dineros para prevenciones por importantes que parezcan.

El presidente dió el suyo diciendo, que segun el sentido de las cédulas, antes de ahora era llegado el caso de valerse de la hacienda real para tener en defensa las dos provincias como lo encarga S. M. á que se sigue que no puede haber defensa sin prevenciones, ni prevenciones sin gasto, particularmente en provincias sin gente, donde las que hay son sin disciplina y menos resolucion en sus ánimos, para librar en ella la defensa de provincias las mas importantes que S. M. tiene en las Indias, y las mas fáciles de ocuparse por el enemigo, y las que si llegára el caso, que Dios no permita, sería muy dificultoso recuperar, aunque se apliquen todas las fuerzas y caudal de las Indias, y considera firmemente no ser del servicio de S. M. que se aventure su defensa, por escusar gastos leves de hacienda real, ni que deba escusarse de ocurrir á la ocasion, segun la instancia de los gobernadores y de todas las demas personas que discurren en la materia, menos los señores de la real audiencia, que conforme su mucha inteligencia y zelo son de otro parecer.

Sin embargo, el presidente no tomó resolucion, y en ese estado pasaron 40 dias. Entre tanto, los gobernadores por repetidas cartas pedian socorro, y para conferir lo conveniente al real servicio, convocó nueva junta de hacienda para el dia 27 de setiembre, poniendo á votacion cuatro puntos: 1o si enfermándose y muriéndo la poca gente que tiene el gobernador de Costa-Rica se le enviarán cien hombres que pide pagados, y de donde: 20 si estando falta de pagas la poca gente que el de Nicaragua tiene en la guarnicion del rio, por no ser suficientes los medios destinados para ello, y recelar lo dejen solo, podrá gastarse lo preciso é inescusable de hacienda real: 3o si las noticias de invasion son vagas, para escusar las prevenciones y gastos, y si persistiendo en la costa el enemigo, yendo y viniendo, para hacer lo uno y lo otro se deba aguardar al tiempo que vaya entrando y penetrando la tierra, estando los socorros tan distantes que no lleguen tarde; y 4o si por no gastar alguna parte de hacienda real, y segun el estado que tienen los fuertes y su guarda, deba ponerse á contingencia una de las dos provincias ó entrambas, á riesgo que para recuperarse sean necesarias fuerzas de estos reynos y de los de España, con mayor detrimento de la hacienda real..

En la junta, el oidor Garate, cuanto al primer punto, expuso que el socorro sería bueno para provincia como la de Costa

Rica tan falta de medios; pero que segun las órdenes de S. M. no se puede gastar cosa alguna en presidios de gente ni otros gastos concernientes, sino en caso de invasion actual, y esta no la þay en dicha provincia, aunque la ha habido; y se recela que la aya, como se recelan otros males que son contingentes, y así el socorro lo juzgaba útil, si su señoría halla como, sin tocar á la real hacienda.

En órden al segundo, relativo á Nicaragua, expuso, que los fuertes segun sų estado no están ni aun casi empezados, y se ha gastado mucho mas de lo que se juzgó podian gastar, y los medios adoptados para ello no se sabe lo que han producido, ni entablados de modo que rindan todo lo que pueden rendir, y en esta parte no se puede negar que ha habido omision en los encargados, y es preciso acomodarse á lo que fueren rindiendo, interin que S. M. con las noticias repetidas de las invasiones ordena lo que mas convenga, no pudiendo gastarse cosa alguna de su real hacienda en presidiar y fortificar provincias, salvo en defenderlas en caso de invasion.

En órden al tercero, sobre si las noticias de invasion son vagas, dijo, que hasta ahora el enemigo ha llegado como ladron y cosario, y no como soldado, y no por estos recelos podemos extendernos á gastar el caudal corto que S. M. tiene en estas provincias. En fin, acerca del cuarto, sobre fiar las provincias á la contingencia, expresa, que debemos estar prevenidos y en vela, la gente prevenida y ejercitada, con armas y municiones, con vigías y atalayas, lo cual se ha ejecutado con repetidas órdenes, y con hacer lo que podemos, parece cumplimos exactamente con nuestra obligacion, que las contingencias, malos sucesos y casos fortuitos que despues de esto sucedieren, no podrán correr por nuestra cuenta. · El oidor don Diego Valverde adoptó este parecer: tambien le siguieron el oidor don Sebastian Caballero de Medina, y el fiscal don Pedro de Miranda Santillan, y por último el tesorero don Damian de Ochaita. '

El presidente dijo entonces, que segun la importancia de mantener estas provincias, no puede concurrir con lo votado por la mayor parte, fundándose en la inteligencia que da á los despachos de S. M. vistos en la junta, en el sentir general de cuantos ha oido discurrir, y aun de los mismos señores de la real audiencia, con

que no esta reducida á opiniones, y siendo principio llano y asentado que no pueden hacerse gastos de hacienda, sin que preceda invasion, y no siendo fácil en ocasion tan violenta poder detener al enemigo con solo en aquel frangente hacer gastos de hacienda real, con ocasion del riesgo que considera, ha resuelto partirse á Granada, con setenta años de edad y achaques, á exponer la vida, l'eservando lo que pudiera añadir, y de lo que hiciere dará cuenta á S. M. con lo que se acabó la junta, y rubricaron. : Así cesó la controversia suscitada entre el presidente y la audiencia, pero no tan del todo, que no asomase otra especie de encuentro entre la una y el otro, que pudo afortunadamente desvanecerse a favor de las ocurrencias del tiempo. Porque al dia siguiente 28 de seteimbre nombró el presidente al oidor Garate auditor de guerra y superintendente de los medios destinados a la fortificacion, para que le acompañase en la jornada, y cuidase de su establecimiento y buena inversion. Este no fué un negocio tan llano ni de tan fácil expedicion que no lo demorase algunos dias: pues pareciendo á Garate lo uno y lo otro ageno de su magistratura, siendole notificado el nombramiento, suplicó se le escusase de su admision: el presidente decretó se estuviese á lo mandado; Garate apeló á la audiencia; y ésta otorgó la apelacion.

Las personas cuerdas, á quienes desagradaba esta diferencia, comenzaron á ver en la jornada nuevos inconvenientes. El ayuntamiento de su parte, en junta ordinaria de 12 de octubre, nombró diputados que fuesen a representar al señor presidente la falta que su persona hacia en la ciudad cabecera del reyno, donde ocurrian todos los negocios, y ser bastantes las providencias y prevenciones hechas á cargo de personas de suposicion para resguardo de las provincias, y que en un viage tan largo por distintos climas exponia su salud y el buen gobierno que disfrutaba. En esta coyuntura se tavo noticia de nuevo presidente que venia, don Sebastian Alvarez Alfonso señor de la casa de Caldas y caballero de la órden de Santiago, y llegó a los tres meses. No fué menester mas para que el señor Mencos desistiese de la jornada, y tratase de volverse, como se volvió, á España.

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Los humos de semejante triunfo parece duraban á la audiencia cuando recibió al señor Alvarez. Este presidente en su llegada, haciendo mansion en el pueblo de Jocotenango el dia 17 de enero de 667, desde allí envió sus despachos al acuerdo, donde recibidos el dia 18, hizo alto el oidor Garate en que solo venian los de presidente de la audiencia y capitan general para lo de guerra, y no el de gobernador: por lo que el fiscal Miranda pidió que solo fuese posesionado de la presidencia y capitanía general, y declarado vaco el gobierno, entrase á gobernar la audiencia. Se prolongó la cuestion hasta el dia 21, en que remitiendo el despacho que tenia para tomar residencia á su antecesor, y por ello corresponderle el gobierno, se acordó la posesion de todos oficios.

La jornada del señor Mencos á Granada, aunque no sucedió, el rumor de ella, desde agosto en que la habia emprendido, se difundió en Nicaragua lo bastante, para enardecer los trabajos de la fortificacion. El oidor Garate, en la carta que vá mencionada al rey, escribe. Aun los mesmos enemigos de el dicho don Juan confesaban el que todo el tiempo que estuvo en el gobierno trabajó incesantemente por la defensa de aquella provincia, especialmente en la fuerza que fabricó tal cual sea, donde cuatro ó cinco meses dicen por público, no se desnudó ni de dia ni de noche, siendo el primero que trabajaba, usando de todos los oficios concernientes á dicha fuerza, por mecánicos que fuesen. Así mismo hablando de la órden que tuvo este gobernador, para hacer una fuerza en las bocas del rio de San Juan, que asistida de cuarenta ó cincuenta hombres, pudiese resistir al enemigo, dice: lo cual puso por obra en la forma que pudo, haciendo una fuerza, no en las bocas del rio, sino en otra parte y sitio que le pareció á propósito.

Como fué preciso, continúa diciendo, para bajar á el rio ausentarse de la ciudad mas de cincuenta leguas, pareció conveniente al general Mencos nombrar persona que en interin volvía gobernase las armas por los accidentes que podian suceder, nombró á don Francisco de Valdez, que á la sazon estaba por corregidor del par

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