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y 200 para propios. El repartimiento se hacia entre treinta sugetos, distribuyéndoles diferentes dias de cada mes en los doce del año. Luego se oian reclamaciones, á que se daban trámites, y como ellas eran frecuentes, rara vez se se llegaba al caso de repartimiento.

La cuantía de 14 libras por el real permaneció largo tiempo con altos y bajos, ya descendiendo á 13 y 12, como en los años de 701, 704, y 709; ya ascendiendo á 15 y 16, como en los de 703 y 708, y baja para no volver á subir el año de 1725. Algo puede haber contribuido la alcabala cargada á este género de mantemiento, á no intervenir otras causas necesarias. En una certificacion de la contaduría de 18 de marzo de este año suenan 881 pesos 3 reales de alcabala de la carne, sebo, manteca y cueros de la matanza de reses en la ciudad, y 394 de la de los pueblos de Jocotenango, Ciudad-Vieja, San Juan del Obispo y Santa Maria, rematada á la ciudad el dia 28 del propio mes en cantidad de mil pesos anuales por diez años.

El prometido que ántes ofrecieron los remates de abasto de los pueblos de Mixco, Santiago, San Lucas, San Raymundo, y otros de la costa ya no aparece en las partidas de cargo en el libro de la caja del año de 1729, que está á la vista. Señal de que caducó y fué substituido por la alcabala. El abasto de carnero que aun subsistía en cantidad dedos libras por el real, en 7 de marzo de 1730 resulta gravado con 15 pesos de prometido, y no aparece mas en lo sucesivo con gravámen semejante, ni sin él. El embarazo para el abastecimiento de la carne de res llega á punto que no habiendo postura, ni pudiéndose subrogar con repartimiento, resuelve el ayuntamiento en 25 de enero de 1732 comprar 200 reses para acudir al surtimiento de cuenta de propios. Segun razon de acta de 22 de abril de 1718 se mataban entonces 29 diariamente.

Echevers, en el ensayo mercantil publicado el año de 1742 al número 49, escribe: los cueros crudos y curtidos, de que hasta ahora se ha hecho poco caso, pueden hacer un artículo considerable, pues en esta ciudad y su valle se matan al año sobre 40 mil reses, y teniéndose en las contadurías mas atencion que hasta ahora, que con la abundancia de la cáscara queman los cueros por lo que desmerecen los curtidos, se harían mas apreciables. En acta de 15 de abril de 760, tratandose del buen despacho en la carnicería mayor, para lo cual se ordena poner en alto y con ayudante para el peso, se anuncia ser remitidas solamente á eHa 20 reses diariamente. Al abastecedor del año de 763 se previene en IT de marzo introduzca diariamente en el rastro para la matanza sesenta reses.

La cantidad de libras por el real fué descendiendo progresivamente, y mucho mas la de prometidos. El del año de 1731 en 18 de marzo fué de 300 pesos para castillos, y 200 para propios: en 12 de junio de 759 se ordena proceder al repartimiento sin hacerse mencion de prometidos; y en el remate del 6 de abril de 764, lejos de mencionarse éstos, se ofrece el abasto con calidad de que no se haga novacion en la alcabala, á que estaba sugeta la matanza. Las libras bajan el año de 731 á cuantía de 11 y 10 por el real: en el de 740 á nueve y media: en el de 741 á nueve netas: en el de 744 á ocho: en el de 750 á siete y media: en el de 759 á siete netas; y en siete netas permanecen los años de 763, 764 y 769. Prescindiendo de las causas ocasionales de esta subida de precio en la carne, se hallará la eficiente en los progresos del cultivo y de la poblacion asignada por Smith.

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CAPÍTULO 84.

Térla de la liagiiiillla.

Acerca del precio del ganado, la acta de 4 de marzo de 1728, dice: consta que el año pasado se vendió el ganado al precio de 21 y 22 reales: y en el presente al de 22, 23, 24, 25 y 26 reales cada cabeza. La antigua Gaceta de esta capital en enero de 1730, dice: En el parage nombrado Cerro-Redondo se han vendido este mes 14 mil cabezas de ganado mayor: su precio de 20 á 27 reales; en febrero, dice: Se han vendido este mes en el parage nombrado Cerro-Redondo 6 mil cabezas de ganado mayor, su precio de 20 á 31 real; y por la escasez de ganados, que este año han traido de la provincia de Honduras y Nicaragua, y la que en adelante se espera, siendo ménos el número de todos los años, pues apenas se han vendido en este 20 mil cabezas, y otros años, aun pasando de 36 mil, se ha padecido escasez, para precaverla, se han librado despachos por el superior gobierno al gobernador de Costa-Rica, y alcalde mayor de Nicoya, para que no embaracen á los habitantes de aquellas provincias, traer el ganado á Cerro-Redondo; aunque por esta razon cesará el comercio del sebo en la ciudad de Panamá. En enero de 731, da razon en la misma forma de 18 mil cabezas, toros y vacas vendidas en la propia féria á preeio de 22 á 30 reales, aunque algunas mui selectas partidas, añade, han valido algo mas; y en febrero siguiente la da de 4.500 cabezas al mismo precio de 22 á 30 reales.

En cabildo de 1 de octubre de 1748 se trata del recibimiento del presidente Araujo, y acordándose celebrar con tres dias de toros, disponen los alcaldes y capitulares hacerlo á sus expensas, y no á costa de los propios, á que ha dado mérito, dice el acta, la consideracion de no deberse practicar funciones de esta naturaleza con gravámen de sus empeñadas rentas, que deben expenderse conforme á la institucion de sus saludables destinos. Para ayuda de costa se ordena el arrendamiento de la plaza, sacándola á pregones para su remate en mejor postor; y así mismo la compra de 80 toros al precio corriente de 5 pesos: de los que escogidos 60 se compartan en las tres tardes, designándose diez toreadores de á pié, cuatro de á caballo de rejon corto, y dos de vara larga y de luneta.

Los cinco pesos, que aquí se mencionan no era precio de féria. En informacion de los precios de ella, y cantidad de ganado que acudió á la del año de 1759 aparece haber caminado de Santa Ana para la Laguna sobre 40 mil reses, y que su precio comun fué el de 4 pesos 4 reales, en algunas partidas el de 4 pesos 6 reales, en otras 4 con 2, y hubo de 31 reales. Entre tanto, despues de los conatos del año de 748, para no celebrar recibimiento de presidente á costa de propios, no es de olvidar, que en 15 de diciembre de 671 se cobran por el comisionado para el banquete, puesto en el del señor Heredia, 1.154 pesos dos y medio reales del costo de solo este festejo, y se mandan pagar prestados de alcabalas. En fin, un razonamiento del acta de 5 de abril de 764, dice: se ve el crecido número de ganado que entró á la féria el presente año, que fué el de mas de 52 mil reses, y sus precios prorateados el de 4 pesos y un real.

El presidente Galvezj escribiendo al ministro Galvez su hermano con fecha en Masaya á 20 de julio de 1780, dice: Excelentísimo señor: teniendo presente en la real instruccion de gobierno el capítulo 29, en que se manda corrija los desórdenes, que se cometen todos los años en la féria de ganado de la Lagunilla... á poco tiempo de haber llegado yo á la Nueva Goatemala, me informé de los abusos de esta féria, y para asegurarme, y despues remediarlos, lüce que el administrador general de alcabalas pasase á la Lagunilla á presenciarla, cobrar la alcabala, y por escrito informase de lo que en ella acontecía.

Hízolo así, se informó de las muchas reses que se vendían ántes de llegar al parage, y de las tiranías que los compradores cometían contra los criadores de las provincias, y siendo una de las mayores el haberle ido mudando de sitio á la féria, siempre arrimándola hácia la capital, llegaron á entablarla á poco mas de un dia de camino de ella, en parage árido y sin agua, á fin de que no pudiendo subsistir los animales, los vendan por el precio que les ofrezcan los regidores de Goatemala, que siempre han sido los únicos compradores y marchantes de aquel mercado tirano.

A mas de lo dicho, les queman todos los pastos cercanos á los caminos por donde pasan, para que por falta de sustento no puedan volverse con los ganados.

Con estos conocimientos, y otros que reservo, en el año antecedente dispuso la audiencia como gobernadora, el que el sitio de la féria fuese el aguage de Chalchuapa, como mas oportuno á los criadores en cercanía, aguas y pastos: pero indignados los marchantes contra tan justa disposicion, se convocaron, y solo se presentó uno á comprar; y fué tal el monopolio, que hasta los tratos cerrados los negaron, y tomaron las reses al precio que se les antojó, é hicieron que á cuenta y riesgo de los primeros dueños se los pusiesen en los parages que estipularon, de forma que nunca han experimentado los cosecheros mayor ruina, y al presente se hallan resueltos á no llevar mas ganado á la féria, si no se pone remedio á tales males.

Habiendo dicho en parte los que corresponden á los criadores, sigo refiriendo los que sufren los consumidores de las carnes. Como el ganado lo compran solamente ocho ó diez sugetos de Goatemala, éstos por punto de gobierno están obligados á abastecer aquella ciudad, dando cinco ó seis libras de carne, sin sebo ni gordura por un real, formando esta proporcion al precio de la féria, que por lo regular es de cinco á seis pesos cada res, y solo un año dicen, que una partida que compró don Fernando de Corona subió á siete.

Ya he dicho que son los regidores los compradores y abastecedores, y como todo lo sugetan en sí, matan solo aquellas reses que Ies parece, y si son 20 ó 30 en cada dia, publican que son 60, y 70: engaño, que justifiqué en el año antecedente, que quejándoseme el pueblo, de que no abastecian las carnicerías, llamé al síndico personero, y haciéndole cargo de la falta de un abasto tan preciso, me dijo, que todos los dias se mataban 50 bueyes, á que le mandé, que en lugar de aquel número matasen cuantos fueran necesarios, pues de la féria habian traido mas de 40 mil reses, dijo, que se haría; y habiéndole preguntado al segundo ó tercero dia despues por el número que se mataban diariamente, me aseguró, eran 70.

Pero durando los clamores del pueblo, encargué á sugeto de mi satisfaccion, se informase del número de reses, que diariamente se mataban, y habiendo cumplido la diligencia con la exactitud que correspondía, me aseguró que no llegaban á 30: que todo era un engaño á fin de libertar el ganado de la obligacion, para venderlo en pié á 25 y 30 pesos cada uno, para abastecer otros pueblos, y á mí mismo me dijo una mulata, que vendía carne por menor en la arruinada Goatemala, dando 14 onzas por un real, que cada res de las que mataba, le costaba 35 pesos, asegurándome de los feriantes que eran.

Por lo expuesto vendrá V. E. en conocimiento de que ha sido providencia del Altísimo el que el rey me mande remediar y corregir los desórdenes de la féria de ganado de la Lagunilla, y desde luego podrá V. E. asegurar á su real clemencia, que yo cortaré todos los abusos y perjuicios luego que llegue el tiempo del mercado y daré cuenta de los sucesos de él.

El arreglo de la féria produjo el contrabando. En 1795 suenan garita en Cuajiniquilapa, la necesidad de guia para el arreo de partidas, autos y juez comisionado de la féria: lo fué este año el corregidor de Escuinta y Guazacapan, y aparece en Jalpatagua haciendo pesquisa de ventas clandestinas de partidas arreadas por otras rutas desde Gracias y Sensenti hasta las inmediaciones de esta capital, procediendo en ella á virtud de despacho del superior gobierno de 13 de enero, el cual entre otras cosas dice: sin embargo de las reiteradas providencias que se han dictado, prohibiendo las ventas clandestinas de ganados, hasta ahora nada ha sido bastante

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