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CAMILO HENRIQUEZ

POR

MIGUEL LUIs A MUNÁTEGUI,

Individuo correspondiente de la Real Academia Española
i de la Real Academia de la Historia

EDICIÓN OFICIAL

TCDIMICD III

SANTIAGO DE CHILE
IMPRENTA NACIONAL, CALLE DE LA MONEDA, 112

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H53 y

Canto de Camilo Henríquez a la victoria de Maipo.—Resultados de esta batalla, según él mismo–Camilo Henríquez considera imposible todo avenimiento con la España.—Ossorio, i sobre todo, Marcó, contribuyen con sus desafueros a que la idea de la independencia se difunda en todo Chile.

El 5 de abril de 1818 es una fecha memorable en los fastos de la América.

La victoria de Maipo fijó con clavos de hierro i acero la independencia de Chile.

Las tropas españolas escapadas del desastre se refujiaron en el sur del país, como esas nubes rotas que, después de una tempestad, el viento empuja hacia una de las estremidades del horizonte, donde se grupan sin fuerza para volver a encapotar el C1GIO.

El león estaba, por fin, acorralado.

Aquel triúnfo espléndido despertó en Buenos Aires, i con razón, un entusiasmo inmenso.

Camilo Henríquez descolgó su desvencijada lira, llena de polvo itelarañas; i como un antiguo bardo entonó, aunque con débil voz, el siguiente canto, que desgraciadamente no brilla por su estro poético:

LA VICTORIA DE MAIPO

Jenio de Urania, que en profundos tonos el porvenir i los destinos cantas de las naciones i de los imperios, hoi se te ofrece un argumento ilustre. De Bonaria el renombre ves unido con la gloria inmortal del claro Arauco, i unos mismos laureles le coronan. Un poder de dos lustros ha humillado la fuerza i el orgullo de la España, potencia tan robusta en otro *: Se confunden del Maipo en la llanura las esperanzas del monarca ibero, hijo de Carlos Vi Luís XIV, de los godos delicia sempiterna, amantes del terror e ingratitudes. Del ministro (1) Pizarro el plan estenso de agresión por tres puntos diferentes de un solo golpe se frustró sin duda. Tantas combinaciones misteriosas, mover al norte, mover al mediodía, alarmar a la Europa, al mundo entero, tantas solicitudes, tantos pasos, cual la invencible armada, se disipan. Un Pueirredón (2) i un San Martín existen i el ministro Pizarro lo ignoraba. ¡Cosas de España! ¡Olvidos insufribles! I esta brillante hazaña, esta victoria ¿será como los otros claros hechos, espléndidos, mas no útiles al mundo, i que antes fortifican sus cadenas, agravan sus pensiones i amarguras, i sostienen los tronos opresores sobre el cañón i el sable cimentados? ¿Será como los triúnfos europeos malditos de los pueblos vencedores,

(1) Ministro de estado del rei de España. (2) El gobierno que inventa los recursos, i elije i sostiene a los jenerales, se baña en el esplendor de las victorias.

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