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DE

LA RELIGIONe

Clama, necesses, quasi tuba exalta
Vocem tuam-------------------e-
Isaia cap. LVIII, vers. I,

=s
Epoca quinta.

TOMO I.

- MADaro. 1841.

Imprenta calle del Humilladero, núm. 14.

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ue han de tenerse presentes para calificar y dar el valor que se merece, al Fiscal general ó papel de Macanaz, que ha circulado el Ministro de Gracia y Justicia d los Prelados del reino.

La España católica ha sido mas de una vez, y con general sentimiento de los buenos, el espantoso teatro de crueles discordias y sentidas desavenencias con la santa Sede. En principios del siglo anterior nos presenta la historia y los documentos que andan en manos de todos, casi los mismos encuentros que hoy vemos y sufrimos. Sumida entonces la nacion en el abismo de una guerra civil, no reconocido el rey Felipe V por varias cortes de Europa ni por Roma, lanzado el Nuncio, faltas las Iglesias de Prelados y divididos los españoles y aun el clero en distintas opiniones y bandos, ocurrieron las mismas competencias que al presente, sin otra diferencia notable, á nuestro, entender, que la que hoy producen las ideas filosóficas anárquiras, destructoras é impias que agravan para nosotros las cosas que no fue

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ron tan imponentes para nuestros abuelos. No bien calmadas aun las pasiones, y ni concluida la guerra, cuyo resultado dió el trono por doble derecho al Monarca referido, se trató de ventilar puntos y concluir arreglos con la Iglesia, Mejor fuera que el ministerio recordase todos los pareceres que se dieron en distinto sentido, ó al menos dejase á cada cual juzgar por la historia y cotejar lo de entonces y sus resultados definitivos, con los del dia y los que sin remedio han de tener. Presentar solo y aislado un género de argumentos, ocultar la solucion y obligará estar por aquellos y no por esta, es ser parte no juez, es ser parcial no justo, es ser déspota no libre. Asi obra al circular el escrito de Macanaz. Nosotros debemos dar algunas noticias y apuntes para contestar ese papel, al cual, parece, se contestó en el fondo y en su totalidad, y al presente no faltará quien lo haga, si no fuese exacto que se hiciese antes.

Por primer apunte damos lo siguiente:

El Marques de S. Felipe, en los comentarios de la guerra de España en tiempo de Felipe V, nos da alguna noticia de este hombre, que tanto ruido hizo; pues hablando de lo acaecido en el año de 1714, dice asi:

Habíasele introducido (habla de Juan Orri, francés Ministro de Hacienda en España, y muy favorecido de la Príncesa Ursini) (que lo revolvia todo). Habíasele introducido y logrado su entera aprobacion D. Melchor Macanaz, hombre apenas conocido en la Corte, y solo habia sido juez de confiscados en Aragon y Valencia, no sin queja de infinitos, y mas de los eclesiásticos, por su rígida y pesada mano. Este influia en Orri muchos y nunca vistos dictámenes, los mas contrarios á la inmunidad eclesiástica; pero tan bien escondido el veneno, que lograba la gracia y la aprobacion del padre Robinet, confesor del Rey. Por estos medios subió á ser fis. cal del Consejo de Castilla con inas autoridad que otro alguno.... Seria prolijo referir cuantas novedades introdujo Macanaz con general desconsuelo, no sin risa de los hombres mas serios...

Algunos meses antes D. Menchor Macanaz, Fiscal de Castilla, presentó al Consejo una súplica contra la inmunidad eclesiástica, espresando sus abusos, y cuanto se habia contra el derecho canónico adelantado. Concibió este papel Macanaz en términos temerarios, poco ajustado á la doctrina de los SS. PP., á la inmunidad de la Iglesia, y que sonaban á heregia. Habia bebido esta doctrina de algunos autores franceses, y queria introducir en España el método de la Iglesia Galicana, y una indirecta inobediencia al Concilio Tridentino; no porque dejaban de ser justas algunas cosas que pedia, pero cl modo era irreverente á la Iglesia, y no con palabras dignas de un ministro católico. En muchas cosas tenia la súplica esceso, y todo respiraba aversion á la santa Iglesia. Este papel esparcido hizo dudar á muchos en la Religion de Macanaz. Los mas serios juzgaron que era un católico lisonjero y ambicioso, y que protegido de Juan Orri y del P. Robinet, creyó por alli hacerse su fortuna. Orri no entendió lo que aprobaba; pero nunca hemos crcido (aunque Macanaz lo dijese) que lo aprobase el P. Robinet, confesor del Rey, porque repugnaria á su estado religioso: y los jesuitas comunmente son hombres sábios, defensores de la Iglesia y acérrimos antagonistas de la heregia. Al Consejo Real le causó horror este papel; muchos disimularon de miedo; otros por adulacion; algunos se opusieron libremente á él; otros con mas modestia, segun su genio, dijeron que la materia cra grave, y que se pasase el papel al Rey, que le dió al P. Robinet con las protestas mas espresivas, que nada queria quitarle á la Iglesia de la inmunidad que la daban los sagrados cánones, y que se descargaba de este negocio, sobre el cual no qucria mas que lo justo, *

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