Imágenes de páginas
PDF
EPUB

Soler y Dorrego, ó sus enmaradas como Sarratea ó Alvear, ó sus subalternos como Yates y Pueyrredon, ó sus captores como el comandante Olazabal, ó sus verdugos como Godoy Cruz. Aun el mismo ministro Zañartu, que fué el mal jenio del caudillo chileno á orillas del Plata, reconoció en secreto su estraordinario aunque mal aventurado talento; y en una coleccion de mae de 500 documentos inéditos y preciosos que separamos de entre los papeles del jeneral O'Higgins, para formar un apéndice á la vida de los Carreras, casi no hay una sola pájina que no tenga las hondas señales del prestíjio ó del terror que infundió durante sus breves y ajitados dias aquel campeon de la república. Solo el jeneral Paz en sus Memorias y el jeneral Mitre en una comunicacion que nos dirijió en 1858 y que vió la luz pública en ese año, han vuelto el rostro á la luz que irradiaba de aquella gran figura. Verdad es que la luz era siniestra ¿pero podia ser de otra suerte el reflejo del patíbulo?

La hora de la rejeneracion ha llegado definitivamente para los grandes hombres, y las voces de la maledicencia se arragan como rumor odioso en medio del cántico de los pueblos que entonan las alabanzas de sus héroes ó ebvan al cielo las plegarias de su infortunio.

VICUÑA MACKENNA

Error notable «o la 8a entrega

En la pájina 608, última línea, se han suprimido estas palabras —''legislativo por la cual se mandó"—lo que hace inintelijible la idea. Debe leerse: sancionada por el congreso legislativo por la cual se mandó sean juzgados en primera instancia por los gefes de las aduanas nacionales; resultando etc.

[ocr errors][merged small]

HISTORIA AMERICANA

CAMPAÑAS MARíTIMAS
DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

..."Se crée aun en la vetusta preocupacion, "que es preciso ser hombre de mar, es decir, "poséer conocimientos teóricos y prácticos, para "considerarse capaz de tomar parte en asuntos "de marina. Este error, manteniflo por diversas "circunstancias, ha sido hasta hoy, la principal "rémora encontrada por los que intentaron es"tudiar el verdadero estado de nuestro poder *' naval".

P. de Orléans, príncipe de Joinville
"Forces navales de la France"

'' Bordado de glorias flamear altanero
"Has visto ya el blanco y azul pabellon,
"Y supo en sus lares el mundo extranjero
"Que somos ya libre, que somos nacion".

J. C. Gomez—al mar—1842.

Los presentes Estudios Marítimos emprendidos y llevados á cabo, sin pretensiones literarias de ningun jénero, y cediendo únicamente á nuestra vocacion desde la infancia por la procelosa vida del mar, jamás hubieran salido de nuestro dominio particular, sin las instancias demasiado benévolas de nuestro distinguido amigo y compañero de profesionel Doctor Qnesada, que venciendo nuestra natural propension, á la oscuridad, se ha interesado calorosamente en que este desoarnado trabajo histórico, vea la luz que le negamos desde junio de 1859, época en que quedó redondeado.

Era lastimoso ciertamente, carecer de un monumento histórico, destinado á recojer y conservar en un solo cuerpo, los sucesos memorables que desde la primera aurora de la Revolucion, ilustraron nuestra vida naval. Por lo que, guiados de] patriótico propósito de llennr en lo posible este vacio, hemos cerrado les ojos para no retroceder ante nuestra propia insuficiencia.

Abrazando estos Estudios, una época tan estensa y remeta, en que la falta de documentos relativos, ocupa un lugar prefrente en ella, no seria estraño hayamos cometido inexactitudes á pesar de haber esplotado los veneros mas puros, para conseguir desentrañar la verdad, sin sacrificar la gravedad de la historia, al interes del romance.—Mas tarde, lo esperamos, serán ellas rectificadas por personas competentes, que siguiendo nuestros pusos, quieran rendir un verdadero servicio á la naciente obra de la Literatura Nacional.

El deplorable abandono en que quedó nuestra marina despues de las dos grandes guerras nacionales que sostuvo la República, dió márjen á que ninguna de las obras históricas que han visto la luz pública en estos paises, se haya ocupado de este ramo, sinó superficialmente, no obstante la configuracion topográfica de nuestro suelo y el instinto de sus verdaderos intereses, que nos llama á ser una nacion esencialmente marítima. Desdeño nacido puede ser tambien de la carencia de datos, ó tomando á lo serio aquella célebre paradoja de un escritor francés, cuando esclama: que desde la batalla de Actium, poco ó nada produjeron los combates marítimos.

Para destruir un juicio tan aventurado y erróneo, basta recordar que el famoso combate de Lepanto en tiempo del sombrío Felipe II de España, y los triunfos navales que conquistaron para la Inglaterra el cetro de los mares, cuando el primer imperio Napoleónico, echaron mas de un quilate de buena ley, en el fiel de la balanza europea.

Pero si nuestra jóven marina no alcanzó tanta nombradla, no por eso ha influido menos en la actualidad política de estos paises. Y, si bien el triunfo de Romarate en 1811, prolongó la tenaz resistencia del enemigo español, las jornadas para siempre inmortales de Martin García y 17 de Mayo de 1814, en que asomaron ya, los primeros rayos de gloria, del jénio sobre-humano de Brovvn, no tardaron en darle el golpe de muerte en estas rejiones.

Mas adelante, y cuando el emperador del Brasil, mirando con ojos enamorados el bellísimo territorio Oriental del Uruguay, amenazó conquistarlo á fuerza de armas — vimos surjir del seno de las olas, y como por encanto, las espléndidas victorias del 9 de febrero, 11 de junio y 30 de julio de 182G: Juncal. Patagones y otras muchas no menos memorables alcanzadas en 1827 por nuestros bravos marinos, sobre una poderosa escuadra, y tal vez mas decisivas que las continentales de Ituzaingo y Camacuá.

Felizmente para nosotros, presenciamos una época de resurreccion y de progreso, puesto que el supremo Gobierno, interpretando el sentimiento unánime de los arjentinos, en favor del engrandecimiento de la marina de guerra, parece interesarse en dnr cima al hermoso pensamiento de Rivadavia, reorganizando de un modo permanente y definitivo esta parte tan importante de la fuerza pública, y hacia la que llamamos la atencion de los espíritus reflexivos.

Ojalá se corone tan bello propósito y veamos cuanto antes restablecida esta útil corporacion que tantos días de gloria ha dado á ]a patria. Que ese doloroso pasado, sirva al menos de saludable escarmiento para mejorar lo presente — sin olvidar jamás, que la marina militar no se improvisa á fuerza de hombres, de dinero ni de sacrificios — sinó que, para regularizar su fomento, es menester prepararlo todo con la debida anticipacion, sin obedecer al ciego impulso de una pasion momentánea, ó al insensato afan de poseer en breve tiempo, un material de guerra mas aparente que real, y solo propio de pueblos sin historia, y no de naciones como la nuestra, que tan caro ha espiado en estos últimos años, la falta de nervio y la viciosa organizacion de sus escuadras.

Entonces, habráse rendido un debido homenaje á las sombras heróicas de Hubac, Cerretti, Espora, Rosales, Azopardo, y tantos otros beneméritos marinos, muertos gloriosamente en su banco de cuarta, ó en la indijencia y el destierro á que los redujo la Dictadura.

Ahora solo nos resta, hacer públicos nuestros agradecimientos, por los datos y otras atenciones de que somos deudores á los señores Generales Zapiola y Espinosa — coroneles Seguí, Toll, Jorge, Pinedo, teniente coronel Somellera — Señor don Bonito J. de Goyena; señor Trelles, como encargado del Archivo público: familias de Espora y White y finalmente á los señores don Pascual Simoney y don José N. Jorge, todos los que se han interesado y contribuido en lo posible, al mejor desempeño de nuestras tareas, y la mayor exactitud de esta pájina de la Historia Nacional que puede decirse emerge del Léteo.

El ensayo presente solo llegará hasta el mes de mayo de 1829, época en que tuvo lugar el alevoso apresamiento de los restos de nuestra escuadra, por el vizconde de Venanrourt. Con la narracion de este episodio de ingrato recuerdo, habremos encerrado las dos décadas mas conspicuas y prominentes de nuestra existencia marítima. El periódo de la guerra con la metrópoli, y el de la del Brasil—Segun la acojida que él merezca, lo continuaremos hasta estos ultimos tiempos con su correspondiente aditamento de documentos raros é inéditos debidamente coordinados.

He ahi nuestros designios, y nos lisonjearemos sobre manera toda vez que se encuentren estos Anales exactos y escritos con conciencia — pues que es el elojio mas precioso á que puede aspirar un trabajo sério.

EL AUTOR

« AnteriorContinuar »