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manidad. Tengo arraigada en mi corazon la esperanza de que el progreso de la civilizacion ha de aproximar un tiempo feliz en que esos errores degradantes no figuren en el catálogo de los actos de ningun pueblo culto, i en que las leyes hayan llegado a tal grado de perfeccion que castiguen como a verdaderos criminales a los hombres de mala fé que se esfuercen en perpetuarlos. Esta esperanza podrá talvez calificarse de una verdadera utopia, pero a lo menos no tendrá su fundamento en una de aquellas quimeras er gañosas i deslumbrantes que fascinan la mente i la estravian. ¡ Ella es inocente i no tan imposible como parece en su realizacion !

Convencido de estas verdades que la filosofía ha elevado a la categoría de dogmas, considero llena de sábia prevision i fecunda en felices consecuencias esa disposicion de los estatutos universitarios que prescribe a esta ilustre corporacion el deber de presentar periódicamente un estudio sobre la historia de nuestra patria. Encargado por primera vez este importante trabajo a un hombre como yo, sin duda el menos a propósito para realizarlo de una manera honrosa i satisfactoria, no ofrecerá por cierto ni siquiera en perspectiva el desarrollo que ha de recibir cuando lo ejecuten otros de mis colegas, mas dignos por sus luces i talentos i con mas tiempo libre, que el que yo cuento, para consagrarse a las espinosas investigaciones históricas i a las sérias elucubraciones del filósofo, que busca la sabiduría al traves de hechos remotos e inconexos en la apariencia. No creais, señores, que al espresarme de esta manera acudo a los lugares oratorios comunes en que la vanidad se disfraza muchas veces con las esterioridades de la modestia; nó, i esta es la espresion verdadera de lo que pasa en mi corazon !

Pero olvidemos la persona del que tiene el honor de dirijiros la palabra en esta ocasion solemne i ocupémonos en el asunto de este discurso.

¿Qué es la historia de nuestra República ? ¿Qué provecho puede sacarse de su estudio para la direccion de los negocios en el estado que actualmente goza ? He aquí las cuestiones que se ofrecen como primordiales al fijar la consideración en este asunto de tan vital importancia.

La historia de Chile es todavía la de un pueblo nuevo que apenas cuenta tres siglos de una existencia sombria i sin movimiento; es la historia de una época pasada que puede el filósofo someter sin gran dificultad a sus investigaciones, i la de una época nueva que tocamos i nos pertenece porque es la presente. El oríjen e infancia de nuestra sociedad no se escapan a nuestras miradas, no se han perdido todavía en las tinieblas de los tiempos, i para hacer su estudio no necesitamos de la crítica que confronta i rectifica, a fin de separar lo falso de lo verdadero, sino de la que califica i ordena hechos conocidos. Dos son de consiguiente los puntos culminantes de nuestra historia, la conquista i la revolucion de la independencia: en estos dos grandes hechos pueden refundirse i formularse todos los demas que han concurrido a consumarlos. La simple narracion de los que forman là historia del primero de estos sucesos, tal como la han espuesto los escritores, que, haciendo una crónica descarnada de ellos, han creido escribir la Historia de

Chile, no presenta interes verdadero alguno, a no ser el que inspira un pueblo bárbaro luchando por defender su independencia de la dominacion de un estranjero; mas la narracion de la revolucion de la colonia, aunque hecha sin unidad i sin discernimiento filósófico, presenta mayor interes, por cuanto en esos hė. chos heroicos, que tanto halagan nuestro amor nacional, divisamos el fundamento de nuestra libertad política i el orijen de una felicidad, que se ha hecho sentir tanto mas, cuanto que está fresca la memoria de los padecimientos causados por el despotismo de que nos emancipamos; esta es una deduccion filosófica que todos hacemos instintivamente sin que el historiador nos encamine.

Sin embargo, los hechos que consumaron la conquista, produciendo por resultado inmediato el establecimiento de la dominacion española en Chile, merecen un estudio sério, por cuanto no son tan aislados ni tan independientes de nuestra época, que podamos considerarlos sin influencia alguna en el presente estado de la República. Considerados en su individualidad, tal como lo han hecho los historiadores que describen la guerra de la conquista, sin atender al enlace necesario que entre ellos existe, no solo parece que fueran hechos de una época i de una jeneracion independientes i distintas de las nuestras, sino que tambien es imposible concebir que su estudio tenga algo de útil i provechoso para la sociedad actual, i es sobre todo difícil mirarlos como datos esperimentales que envuelvan alguna leccion para lo venidero. Es, pues, necesario descubrir las relaciones que ligan tales hechos para ver como conspiran todos ellos a la realizacion de un gran acontecimiento de nuestra historia, la conquista i consiguiente establecimiento del poder español en Chile. Esta manera de considerarlos nos encaminará fácilmente a estudiar ese gran acontecimiento, ese suceso culminante en el cual se compendian i refunden todos los demas particulares que lo produjeron: entonces podremos conocer filosóficamente los caracteres de aquella época i su manera de obrar en la sociedad: podremos apreciar su influencia en el carácter i preocupaciones de ésta, i finalmente, calcularemos con acierto el poder e intensidad de la reaccion principiada en 1810. Solo así puede sernos útil el estudio de la historia de la conquista para mirar en su verdadero aspecto nuestra situacion actual i dirijir nuestros negocios públicos de un modo favorable al desarrollo de nuestra felicidad i perfeccion.

Tales son los principios que me han dirijido en las investigaciones que tengo el honor de presentaros. He encaminado todos mis esfuerzos a caracterizar la conquista i su inmediato resultado, es decir, el establecimiento del sistema colonial español entre nosotros, para poder apreciar sus influencias en esta sociedad, que debe su orijen i su educacion a aquel gran suceso histórico; pero para esto supongo ya conocida i apreciada la historia descriptiva de los hechos particulares, cuyo encadenamiento forma el cuadro de aquella época, porque, como dice Sismondi, “ántes de inquirir si los hechos son ventajosos o perjudiciales, es preciso comenzar por reconocerlos."

Confieso, señores, que yo habria preferido haceros la descripcion de alguno de aquellos sucesos heroicos o episodios brillantes que nos refiere nuestra historia, para mover vuestros corazones con el entusiasmo de la gloria o de la admiracion, al hablaros de la cordura de Colocolo, de la prudencia i fortaleza de Caupolican, de la pericia i denuedo de Lautaro, de la lijereza i osadia de Painenancu ; pero ¿qué provecho real habriamos sacado de estos recuerdos halagüeños? ¿qué utilidad social reportariamos de dirijir nuestra atencion a uno de los miembros separados de un gran cuerpo, cuyo anális debe ser completo? Otro tanto i con mas conveniencia, sin duda, podria haber efectuado sobre cualquiera de los hechos importantes de nuestra gloriosa revolucion, pero me ha arredrado, os lo confieso, el temor de no ser fiel i completamente imparcial en mis investigaciones. Veo que, viviendo todavía los héroes de aquellas acciones brillantes i los testigos de sus hazañas, se contestan i contradicen a cada paso aun los datos mas sencillos que nos quedan sobre los sucesos influentes en el desenlace de aquella epopeya sublime; i no me atrevo a pronunciar un fallo que condene el testimonio de los unos i santifique el de los otros, atizando pasiones que se hallan en sus últimos momentos de existencia. Mi crítica en tal caso seria, si no ofensiva, a lo menos pesada e infructuosa, por cuanto no me creo con la verdadera instruccion i demas circunstancias de dignidad de que carece un jóven, para elevarse a la altura que necesita a fin de juzgar hechos que no ha visto i que no ha tenido medios de estudiar filosóficamente. Desarrollándose todavía nuestra revolucion, no estamos en el caso de hacer su historia filosófica, sino en el de discutir i acumular datos, para trasmitirlos con nues

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