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de despotismo degradó a los descendientes del Cid, de Gonzalo de Córdova, de Lain-Calvo i NuñoRazura: sustituyó al espíritu marcial, el afeminamiento; la codicia a la noble ambicion, i en suma, estirpó o amortiguó en la raiz aquella firmeza que resistió tau tepazmente a Roma i a Cartago, i que lanzó de su seno las armas Agarenas; aquella fideli. dad a la relijion i a sus reyes, de que solo se ven los restos en la parte española que no alcanzó a corromper el tirano, o por desprecio o porque no tuvo tiempo; i así se ha visto nuestro amado Fernando i su causa abandonada de sus grandes, de sus jenerales, de sus ministros, que corrieron, con olvido de sus dignidades i menosprecio de sí mismos, a prosternarse al enemigo; i puestos a su alrededor, dirijir órdenes para que siguiésemos su inícuo ejemplo. Esta conducta, atrayendo a muchos, hizo desconfiar a todos, i un celo imprudente, pero disculpable, sacrificó los fieles, confundidos entre los malvados. La multitud, siempre impetuosa e inconstante, establece autoridades i las abate; se somete a ellas con entusiasmo, i las deroga con ultraje; así en el estrecho término de pocos meses se vió el vencedor de Bailen coronado de oliva en el alcázar i embestido por el populacho; despues encausado, i finalmente colocado a la cabeza del consejo de Rejencia. La Romana, mirado como el héroe de la nacion, i luego retirado del mando. Montijo, el primer motor de la feliz revolucion de Aranjuez, i el ilustre hermano del inmortal Palafox, presos en Sevilla. Goyeneche, hechura de Murat, de emisario de América, tomar el mando de un ejército de asesinos para destruir a nuestros hermanos de la Paz; destinado al gobierno de Caracas uno que recibió esta misma investidura del horrible ajente de Bonaparte. Los jenerales Hermosilla, Salcedo i Obregon; despues de venderse al tirano, seducir públicamente al comandante de la escuadra de Cádiz. Los mismos individuos de la Junta Suprema, marcados con todas las notas i signos de desconfianza que ellos nos habian repetidas veces indicado, en los satélites del enemigo; i el pueblo trasportarse contra sus personas del modo que nos habian aconsejado que nos condujésemos con los jefes sospechosos. Las miras políticas de las naciones aliadas, de las neutrales, de las rivales, es un arcano impenetrable a esta distancia. Su situacion, sus intereses, se complican cada dia; i las noticias que nos llegan vienen tarde i desfiguradas. El modo de pensar de los gobernadores de nuestras provincias debe ser tanı vario, como las reglas que cada uno se proponga: son hombres. Unos con severidad dura, otros con dulzura tímida; todos con afectacion, exasperan los ánimos de los buenos i pacíficos ciudadanos, o insolentan a los malos i turbulentos. Con una autori. dad caduca, o viciosa en su orijen, tratan de conservarla a cualquiera costa, prefiriendo para sostenerla el indecoroso medio de fomentar noticias finjidas, al de tenernos prevenidos para resistir algun inesperado ataque que nos pierda para el Rei i la Nacion. Debemos ser cautos sin baja malicia; debemos ser fieles sin acre fanatismo: desterremos de nuestros corazones las injuriosas sospechas; pero fiemos solo en nosotros mismos. No supongamos, pero recelemos. que puede haber en América hombres capaces de imitar al falso aliado, al favorito ingrato; a los ministros proditores; a los jenerales traidores; i no descansemos sino sobre los que no pueden en ningun caso seguir sus abominables huellas. No creamos que hai hombres que por mantener sus empleos nos venderán a una nacion que los continúe, por un mérito que pueden labrar a nuestra costa; pero no es imposible de que los haya. No tenemos motivo de presumir que ningun depositario de la real autoridad quiera apropiársela; pero no olvidemos que durante la guerra de sucesion, varios gobernadores en América esperaban el éxito, para conducirse como los jenerales de Alejandro Magno despues de la muerte de su monarca, dividiendo entre sí sus conquistas. La ambicion nada respeta; i por desgracia es un principio, que rara vez dejan de cometerse los delitos que impunemente i con ventaja pueden ejecutarse.

“Oimos cada momento que otras provincias del mismo continente, i que aun conservan alguna correspondencia con la Europa, se conmueven por motivos semejantes a los que aquí nos sobresaltan.. situadas aquellas precisamente en las únicas vias por donde podemos saber el estado de la Península, o los preparativos de las potencias, vivimos en un verdadero caos, i nuestra vista solo alcanza al reducido horizonte, formado por impenetrables tinieblas, que talvez habria disipado, pero tarde, una sorpresa esterior, o un volcan que reventase bajo nuestros pies. Pregunto con el mas injénuo candor, en este triste estado, en esta oscuridad, en este letargo, ¿qué debia hacer Chile? Interpelo al mismo desgraciado Fernando, a la Nacion entera, a los sábios de todos los pueblos, a la austera posteridad ¿debia indolentemente esperar el golpe fatal que lo hiciese perder su relijion, su Rei, su libertad? ¿o debia dar un paso que lo cubriese de estos riegos? paso legal, justo, necesario, semejante al que dieron las provincias de la Península, i al que deben la conservacion de su espirante existencia i su honor; con solo la diferencia de que aquellas no pudieron hacerle con una anticipacion, arreglo, i serenidad, que habria asegurado un éxito digno de tan laudable resolucion: paso, a que el órden, el peso mismo de las cosas; o mas propiamente, la Providencia (es preciso confesarlo) le ha conducido. Sin que procediesen aquellas convulsiones que acompañan los sucesos estraordinarios, aquellas contenciones, que deshonran las acciones mas buenas; se vió ejecutado un plan que deberia ser el fruto de largas combinaciones i cálculos. A un tiempo mismo un millon de personas piensan de un mismo modo, i toman una misma resolucion. Tal es la fuerza de la verdad, que cuando no la perturban las pasiones, se hace sentir del propio modo a los que la escuchan sin los prestijios de la preocupacion, i escentos del influjo, o del interes mal entendido, o del ajeno engaño. A una voz todos los vivientes de Chile protestan que no obedecerán sino a Fernando: que están resueltos a sustraerse a toda costa a la posibilidad de ser dominados por cualquiera otro; i a reservarle estos dominios, aun cuando los pierda todos. Conocen i sienten en sus corazones que son incapces de otros pensamientos: que pueden sostenerse, porque siempre estarán unidos; i tomando sobre sí los riesgos i fatigas de una empresa de que solo creen digna su lealtad, la fian a ella sola. ¿Ni cómo podrian sin delito fiarla a otro? El ministro plenipotenciario de España en los Estados Unidos de la América Setentrional avisa con repeticion que el enemigo tiene mas de quinientos emisarios entre nosotros, destinados a seducir principalmente a los jefes, i especifica los nombres de treinta i siete españoles, designando el lugar de su nacimiento i de su infame comision. Observábamos un silencio sospechoso en los gobernadores que notados de infidencia, lejos de vindicarse, solo contestaban con las bocas de los fusiles, con dicterios i suplicios. Ni aun se dignaban de darnos parte de las medidas que tomaban para nuestra seguridad, ni nos permitian discurrir sobre los medios de afianzar nuestra suerte, i mantenernos por la Madre-Patria entre las convulsiones que padece. La tolerancia de tanto misterio i de un despotismo nunca ménos oportuno, nos habria calificado justamente delincuentes, o de hombres estúpidos, nacidos para la servidumbre; i nuestra sumision se habria calificado de indolencia: nuestra misma lealtad desnuda de aquel mérito que nace de la eleccion, discernimiento i firmeza. Confiar es poner en manos de otro sin mas seguro que la buena opinion que se tiene de él; si no la teniamos, si no debiamos tenerla de los que la exijian con dureza i con aquella altaneria que suele ser síntoma de la debilidad o de falta de justicia, ¿por qué no debiamos desconfiar? Nuestra apolojia no debe ocuparnos por ahora: ella se formará del tiempo, del éxito de las verdades, que manifestará el curso de los negocios, del testimonio íntimo de nuestras conciencias. Sobre todo nos justificará a los ojos del mundo entero, del

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