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engañar para vencer, mandar para esclavizar, sino un pueblo altanero i valiente, que lejos de correr a ocultarse en los bosques, esperaba a su enemigo en campo abierto, porque se sonreia con la seguridad de vencerlo i de hacerle sentir todo el peso de su valor.

Esta circunstancia tan notable influyó precisamente para diversificar la conquista de Chile de la del resto de la América. Los españoles concibieron desde luego la necesidad en que se hallaban de multiplicar sus elementos bélicos i de proceder con mas prudencia i enerjía que hasta entonces, porque debian combatir con un pueblo valeroso i obstinado, que contaba numerosos tercios i que hacia la guerra con mas órden i disposicion que los bárbaros a quienes acababan de vencer. Desde los primeros encuentros principiaron a irritarse sus ánimos, i si hasta esa época la crueldad con que acostumbraban tratar a los vencidos era efecto del desprecio que les inspiraban, en adelante lo fué del despecho e indignacion que ocasionaba la resistencia. Ese desprecio fué convirtiéndose insensiblemente en un odio verdadero, el cual subia de punto a medida que el araucano redoblaba su fiereza en defensa de su independencia; odio que mui pronto llegó a ser profundo i a dominar en todo las relaciones de ámbos pueblos contendientes.

La guerra de la conquista, sin dejar de ser desigual i sobrado onerosa i desfavorable al pueblo indíjena, demandaba a los conquistadores tales costos i tanta contraccion, que absorbió completamente sus cuidados i llamó con preferencia su atencion. De su éxito

MISC. H, I L.

dependia la existencia de las colonias que en el territorio conquistado se fundaban, porque los ejércitos araucanos, infatigables en su propósito de rechazar a los españoles, llevaban la devastacion hasta el recinto mismo de las poblaciones en que se albergaban las familias de sus enemigos. Valdivia fuuda sucesivamente a Santiago, la Serena i Concepcion, i estas ciudades, informes todavía, se ven amenazadas i combatidas, en los primeras dias de su existencia, por millares de indíjenas, que nada respetaban en su terrible furia: la primera de ellas salva incendiada i demolida en gran parte, a merced de una batalla sangrienta que se da dentro de sus mismos muros (1); la segunda es destruida hasta en sus cimientos, a los cinco años de fundada, i Concepcion es arrasada dos veces, sepultando en sus escombros hasta la esperanza de su restablecimiento. Los españoles abandonan entonces la idea de regularizar la administracion de sus pueblos i se apresuran a fortificarse en el territorio que podian ocupar sus armas: establecen colonias militares, plazas de armas i bastiones en todos los puntos ventajosos, pero estas prevenciones no hacen mas que redoblar el furor de los araucanos, los cuales cada momento mas soberbios con sus triunfos, no perdonan medio de destruccion i aniquilan el poder español en donde quiera que se les presenta. La guerra se encarniza i se hace interminable, sucédense unas a otras las batallas i en cada una de ellas se destruye de tal manera a la hues te vencida, que parece terminada para siempre la contienda; pero los

(1) QUIROGA, en su Compendio histórico.

ejércitos se suceden a los ejércitos, la sangre que se prodiga fecunda el valor i multiplica los combatientes; ya no hai medio ilícito de ataque, se fomenta el espionaje, no se desprecia estratajema por reprobada que parezca, se emplea la astucia i la traicion; la lealtad i la jenerosidad huyen de esta lucha sin ejemplo; los prisioneros se esclavizan o se inmolan en espiacion del crímen de sus hermanos, los jenerales mismos se hacen morir en un patíbulo, en medio de la algazara sarcástica de los vencedores.

Cortez consuma en pocos años la conquista de Méjico, Pizarro asesina alevosamente al Inca del Perú i se hace dueño de sus vastos dominios, sin verter mas sangre que la de los inocentes vasallos de aquel monarca; pero Valdivia es en Chile la víctima desventurada de la rabia de los araucanos, i los coquistadores que le suceden, apesar de su admirable denuedo i de sus heroicos esfuerzos, no pueden domar al pueblo infatigable que los rechaza, i sucumben tambien bajo la maza poderosa del salvaje. Firme la España en su propósito, reemplaza a los guerreros i los anima a que sostengan sin recompensa i sin esperanzas siquiera una guerra prolongada, la mas cruel i obstinada de que pueden presentar ejemplo los anales del Nuevo Mundo. Mas la devastacion los fatiga, la resistencia los exaspera, i al fin consienten en reco nocer la superioridad de los araucanos sobre los demas pueblos de la América; prefieren establecerse en la porcion de terreno que aquellos les dejan libre i se dedican a la consolidacion de sus colonias, pero sin arrimar las armas, porque necesitan estar combatiendo i siempre dispuestos a defender la posesion de este pais, que les cuesta mas sangre i mas dinero que el resto de sus conquistas en el Nuevo Mundo. (1)

Hácia el año de 1622 propone Felipe III la paz en una carta dirijida al Congreso de los nobles de Arauco. Esta era la primera vez que cl orgulloso monarca del mas estenso i potente imperio de la tierra, se humillaba hasta dirijirse personalmente a un pueblo de la desventurada América, reconociendo esplícitamente su soberanía e independencia e invitándolo a celebrar un tratado, en que se sellara para siempre la amistad de los dos estados i se pusiera término a una guerra desoladora, cuyo estrépito asombraba a la Europa entera. I no era ésta una inconsecuencia en el sistema de conquista adoptado por la España, sino un reconocimiento solemne del estéril resultado de su empeño i un homenaje debido a la nacion que habia tenido la superioridad de mantener su independencia, defendiéndola en batallas ordenadas i rechazando con lealtad i valor al conquistador, tal como lo hace un pueblo organizado que sabe apreciar su dignidad. El rei católico queria la paz, proponiendo que el Bio-bio sirviera de barrera al uno i al otro estado, de modo que a ninguno le fuese lícito traspasarlo con ejércitos; que ambos se entregaran recíprocamente los desertores i que los misioneros españoles tuvieran la libertad de predicar el evanjelio a los infieles. Pero la paz no se realizó, sin embargo de haber sido propuesta sobre tan moderadas condiciones i haber sido aceptada por los araucanos, porque muchos de los jefes del ejército conquistador

(1) Molina, Historia de Chile,

tenian todavia interes en la continuacion de las hostilidades, i abrigando la esperanza de medrar, se aprovecharon para paliar sus perniciosos intentos de las dificultades que presentó la estradicion que el Toqui araucano exijia, como condicion previa, de varias de sus mujeres que se habian refujiado en la colonia española. (1) La guerra se encendió nuevamente con redoblado furor i continuó con los mismos desastres i depredaciones que hasta entonces.

Mas este accidente no alteró en nada la necesidad que la España tenia de procurarse un avenimiento para conservar sus posesiones. El cansancio i aun los temores empezaban a reemplazar el denuedo tenaz desplegado en los primeros años de la conquista, i los colonos deseaban la paz porque no podian soportar la inseguridad i la perpetua alarma en que vivian a causa de las hostilidades. Enprendiéronse nuevas negociaciones, con mejor éxito, i despues de algunos contratiempos, se ajustó en 1641 un pacto de amistad, que llenaba las aspiraciones, i el cual fué celebrado con solemnidades que testimoniaban el regocijo causado por un acontecimiento de tan señalada importancia.

Empero los araucanos no desmayaron jamas de su furor, sino por momentos; la guerra interrumpia siempre las treguas que los españoles obtenian de tan tenaces enemigos, i la colonia no se libertaba sino por intervalos mas o menos prolongados de los desastres i de la destruccion. Los tratados de paz que se ajustaban, no sin gran dilijencia de parte de los

(1) MOLINA, Historia de Chile.

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