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curará a la mayor brevedad. Se dará noticia de esta constitucion a los gobiernos vecinos de América i a los de España.”

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La simple lectura del reglamento constitucional nos confirma en la idea de que los patriotas trataban de conciliar su propósito con los deseos de los amigos de la metrópoli, porque al mismo tiempo que proclaman rei a Fernando VII, organizan un gobierno, estableciendo que ningun decreto, providencia u órden que emane de una autoridad de fuera del territorio de Chile tendrá efecto alguno, so pena de ser castigados como reos de estado aquellos que intentaren darles valor.

La Junta i el Senado quedaron organizados segun el estraño sistema de elecciones establecido en el reglamento; la justicia continuó administrándose por los juzgados i tribunales establecidos ántes, i permaneció siempre en el mismo estado la organizacion de la administracion de las provincias, en las cuales, sin embargo, nunca se prestó el juramento prescrito por el artículo 13.

La proclamacion de Fernando VII fué completamente ilusoria: la prensa comenzó a publicar artículos enerjicos reprobándola, casi en los mismos dias de la promulgacion del reglamento, i mas tarde, en 1813, el intrépido i lucido escritor Irisarri i el mismo Henriquez, no solo demuestran que es un absurdodañoso a los intereses del pais, sino una hipocresía indigna de la alteza e importancia de la causa de los indepen.

dientes, i una nota que ridiculiza a sus autores. La Junta misma, a pesar de existir i de gobernar en fuerza de aquella constitucion, i sin embargo de observarla en todas sus partes, se llama en sus actos oficiales representante de la soberanía nacional, i aun cuando a fines de 1812 i principios de 1813 gobierna a nombre del Rei, no por eso deja de hablar a nombre del pueblo soberano ni de reconocer esta soberanía.

Otra de las prescripciones del reglamento que despertó gran oposicion i dió lugar a serios reclamos de parte de los obispos de las dos diócesis del reino, fué la del primer artículo, en el que se declara que la relijion de Chile será la católica apostólica. Es una tra. dicion mui válida la de que en esta confesion se hallaba la palabra romana cuando la constitucion fué suscrita por el pueblo, i que se suprimió al tiempo de imprimirla. Lo cierto es que el gobierno supo aquietar los ánimos i cortar la controversia sin segregar al estado de la comunion romana, i sin dejar de respetar por esto lo que convenia observar del reglamento.

En abril de 1813, con motivo de la invasion del territorio de la República por las fuerzas que mandó el virei del Perú a las órdenes del jeneral Pareja, las cuales habian desembarcado en San Vicente el 26 de marzo anterior, se mudaron los vocales de la Junta, pero no segun el método de suscripciones decretado en el artículo 4. o del reglamento, sino por nombra. miento del Senado. Camilo Henriquez justifica este procedimiento de la manera siguiente:

“En el momento de la invasion del enemigo fué nombrado jeneral en jefe de nuestro ejército el vocal don José Miguel Carrera; i el Senado, interpretando la constitucion i únicamente atento a la salvacion de la patria, sostituyó su ausencia, nombrando para el poder ejecutivo a don Juan José Carrera.

"En aquel momento se hallaron enfermos, sin fuerzas para los nuevos i arduos negocios, i mas adecua. dos para sus anteriores destinos, los señores vocales Portales i Prado. El Senado, por los enunciados principios, i atendiendo al corto número de los senadores presentes, nombró vocales a los ciudadanos Perez e Infante. En aquella ocasion fué mi parecer que se pusiese la autoridad suprema en uno solo con la asociacion de dos ministros; esto es, que se erijiese un Dictador.

. “Hallándose indispensable que marchase para el ejército don Juan José Carrera, se nombró por el Senado en su lugar al ciudadano Eizaguirre.

“Nuestros virtuosos pueblos, sea que tuviesen pre. sente la premura de nuestras circunstancias, o la mo. deracion i alto mérito de las personas nombradas, o la confianza que les habia merecido el Senado, no hicieron sobre estos nombramientos alguna reclamacion. Estos nombramientos, no estando entre las facultades senatorias, se reservaban, segun el mismo reglamento, al pueblo soberano. Pero nuestras cir. cunstancias fueron terribles.....” (1).

La nueva junta no hace modificacion alguna en la organizacion política determinada en la constitucion; pero deroga de hecho en todos sus actos el reconoci

(1) Razonamiento del senador Henriquez a las corporaciones el 6 de octubre de 1813.- Monitor Araucano, núm. 83.

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miento que este código hacia de Fernando VII como rei de Chile. Desde entonces comienza a ser otra vez revolucionario descubierto el gobierno supremo: se consagra a la seguridad i defensa del pais, pero sin dejar de prestar una decidida atencion a su desarrollo material, al progreso de los principios e intereses de la revolucion i consiguiente consolidacion de la independencia. Entre tanto el territorio que se halla bajo el poder de nuestras armas, está tambien bajo el absoluto mando del jeneral en jefe.

En poco tiempo mas, las circunstancias han variado de todo punto, la política ha tomado otro espíritu, la prensa vuelve a recobrar su enerjía i franqueza en la proclamacion de las doctrinas revolucionarias, en la defensa de los derechos e intereses americanos i en sus ataques a la despótica dominacion española. La reaccion comienza ahora a operarse en favor de los independientes; pero los enemigos del jeneral Carrera i los adeptos a la metrópoli, que afectan alguna simpatia por la causa del pais, quieren convertirla contra la autoridad de aquel i sacar algun partido de sus resultados.

Mas la reaccion se dirije principalmente contra el reglamento constitucional: se desconoce su autoridad, se trata de írrito i nulo en todas sus partes i se le presenta al pueblo como una pieza de sandeces i absurdos con que se ha querido engañarle i contrariar sus intereses. La opinion pública acepta estas ideas i se pronuncia vigorosamente contra el estatuto.

El gobierno se hace entonces intérprete de esta opinion, i el 6 de octubre convoca al Senado, al cabil. do, a los tribunales, a los prelados del clero i demas

corporaciones i altos empleados, en asamblea jeneral, para deliberar sobre las reformas que convenia practicar. Uno de los miembros de la Junta gubernativa hace presente a la reunion que el gobierno se ve en la precision de renunciar su cargo, porque lo consideraba ilejítimo, porque siendo esta opinion demasiado jeneral i bien fundada, no podia contar con la aceptacion de los pueblos, que convenia en todos tiempos para manejar con acierto los arduos negocios del Estado (1). Todos, escepto uno o dos de los circunstantes, convinieron unánimemente en esta idea i en que el reglamento constitucional era nulo i no debia continuar rijiendo; pero se dividieron los pareceres en cuanto a si debian permanecer las cosas en el estado presente hasta que se instalara el congreso jeneral o si se debia convocar al pueblo para que elijiese con libertad a sus gobernantes i decidiese de la cesacion o permanencia del Senado i consiguiente nulidad de la Constitucion. Adhirieron a este segundo arbitrio la mayoria del cabildo, la Junta, los senadores i otros muchos de los principales funcionarios, entre los cuales no faltó uno que pensase que todos los gobiernos del mundo eran i habian sido ilejítımos, “salvo el de Saul, que fué unjido por Dios.”

Desde este momento quedó irrevocablemente derogado el reglamento constitucional, continuando, em. pero, vijente la organizacion por él establecida hasta que se reuniera un congreso jeneral. Entonces tambien se acordó que la Junta Gubernativa se trasladaria a Talca para activar las operaciones de la guerra

(1) Semanario Republicano, núm. 11.

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