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chos, aunque ultrajaron a las personas; i la junta revolucionaria, que se constituyó en Santiago, justificaba el movimiento reaccionario en su circular de 7 de enero de 1830, solo por las infracciones de la Constitucion de que acusaba a los liberales, cuando la revolucion misma no habia dejado lugar a que la Constitucion rijiese en los pocos meses de vida que tenia. "La Constitucion, decia la circular, que habia sufrido escandalosas infracciones en los actos electivos, las sufrió mayores i mas irreparables, por las Cámaras que de ellos procedieron. Apenas fué · reunida una minoría, cuando principiaron los abusos,

en la violenta e ilegal traslacion del Congreso al puerto de Valparaiso, teatro destinado para la representacion de escenas que no podrian creerse, si no hubiesen sido tan públicas.” La Junta enumeraba estas infracciones para deducir, como una consecuencia precisa de ellas que la Constitucion estaba suspensa i que careciendo la república de un gobierno jeneral, era preciso infrinjirla mas todavía, nombrando un Congreso de plenipotenciarios que arreglase las cosas de otro modo.

Todos estos hechos nos comprueban claramente que si Portales abandonó tan luego el campo de la prensa, fué porque vió que el Hambriento no servia a sus propósitos, desde que no podia sublevar la opiniun contra un gobierno que estaba defendido por su patriotismo, por su intelijente actividad, por su desinteres i su pureza. Era preciso conspirar para derrocar a ese gobierno, i valia mucho mas que la prensa, la palabra hablada al oido, los amaños i evoluciones secretas con que podian recalentarse las pasiones i avivar los intereses egoistas que el sistema liberal ponia en derrota i en conflicto.

Desde entonces perdemos de vista a nuestro protagonista i no podemos recojer su historia sino en los chismes i consejas que la tradicion nos ha comunicado. Háblase de lojias secretas, de reuniones políticas en casa de algun magnate pelucon, alrededor de una mesa cubierta de un tapete, en cuyo centro brillaba una ancha confitera de plata, mientras que el mate de lo mismo circulaba de mano en mano. Dícese de conciliábulos, de orjías, de ponchadas, en las cuales siempre se conquistaba algun prosélito i se brindaba con calor por la ruina de los pipiolos i pelajianos; pero todo eso no es de esta investigacion histórica, en que nos proponemos estudiar a un hombre por sus hechos públicos, una época por sus ideas i sucesos, i no por los detalles que son del dominio de las memorias o que sientan bien en los romances.

Lo que tienen de a propósito esas historietas de tradicion, es que nos presentan siempre a don Diego Portales dirijiéndolo i dominándolo todo. El no se insinuaba en el corazon de los hombres que deseaba hacer servir a sus miras, sino que los asaltaba con tono brusco i con chanzas pesadas las mas veces, i les inspiraba confianza por su franqueza i con su osadía. Los viejos pelucones le cedian naturalmente la iniciativa, los jóvenes de su edad lo celebraban i se inspiraban en su charla, i los subalternos se le humillaban i le servian, porque hallaban en él largueza i al mismo tiempo predominio. Portales habia aumen. tado su círculo, agreganılo a los redactores del Hambriento, dos hombres que para él eran de gran valor

por sus ideas i su carácter, Meneses, el asesor de Marcó, i Rodriguez Aldea, que unia a un título análogo, en servicio de los españoles, el de haber sido el ministro íntimo de O'Higgins.

Estos dos nuevos prosélitos eran los fautores i ajentes principales de la conjuracion. Alguno de los otros habia vuelto a la prensa periódica, porque era necesario aprovechar ciertas variantes de la situacion para desprestijiar al gobierno que comenzaba a fluctuar. Como la conspiracion surtia efecto, ya habian sido descubiertos algunos motines militares i otros habian abortado. El gobierno habia ensayado sin tino la clemencia i el rigor, i al lado de los patíbulos de Trujillo, Paredes i Villegas, oficiales subalternos sorprendidos en conspiraciones militares, habia puesto el perdon de otros conspiradores mas tenaces i el disimulo de las faltas i de las traiciones de personajes que contaba por amigos.

Portales i los suyos aprovechaban todas estas fluctuaciones i la ciega i descuidada confianza de los gobernantes, para estender sus planes de conjuracion hasta el ejército del Sur. El jeneral Prieto, que lo mandaba i que habia sido colocado allí mediante las intrigas de los pelucones O'Higginistas, tomó a su cargo la ejecucion de los planes liberticidas de los conspiradores.

El ejército del Sur marchó sobre la capital, aclamando la libertad de los pueblos i apellidando la defensa de la Constitucion. La sangre de mas de dos mil víctimas iba a sellar el triunfo de los pelucones i estanqueros, sobre la adminis

tracion liberal; i Portales debia trocar su papel de conspirador por el de Ministro de Estado. Vamos a estudiarlo en esta segunda faz de su vida pública.

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Cuando Portales fué nombrado Ministro de Estado en los departamentos de Relaciones Esteriores, del Interior, i de Guerra i Marina, por primera vez en 6 de abril de 1830, no estaba todavía triunfante la revolucion pelucona que él habia promovido.

Terminada esa revolucion por los tratados de Santiago, en 15 de diciembre de 1829, habia principiado otra vez por una segunda insurreccion del jeneral Prieto. Recordemos los antecedentes para comprender la situacion de la república al advenimiento de Portales al poder.

El ejército insurrecto habia llegado hasta las puertas de la capital a fines de 1829. Se apellidaba Libertador, en tanto que los fautores de la revolucion no tenian otro propósito que reaccionar contra la única administracion liberal que ha tenido la república, destrozando la Constitucion democrática de 1828. ¿Se pretendia acaso libertar a Chile de los liberales i de la Constitucion mas liberal de que nos cuenta su historia?

El Presidente Pinto no habia tomado una sola medida contra la insurreccion, ántes bien, habia dejado el puesto, haciendo una renuncia en que formulaba como causales de su separacion, las mismas que los revolucionarios invocaban para justificar su movi.

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