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Dos meses despues, 9 de noviembre, Portales reasumia ademas los ministerios del Interior i Relaciones Esteriores, i Tocornal se dedicaba al de Hacienda. Renjifo habia renunciado el 6 de este mes, i el Philopolita, temiendo sin duda esa concentracion de fuerzas en el ministerio, terminaba su tarea en el número décimo quinto i lamentaba la separacion del ministro de Hacienda. “Los que quieran descubrir la verdaderá causa de esa pérdida, decia, búsquenla en ciertas ideas erroneas, en varias suposiciones i en algunos hechos falsos que, de poco tiempo a esta parte, guian la política de nuestro gabinete. Allí encontrarán el criadero del descontento, compuesto por la credulidad, la astucia i la supersticion, i fomentado por áulicos, cuyo interes público está reducido a trabajar párrafos halagüeños para cada uno de los potentados."

Así trataba de esplicar el Philopolita, como una empresa de la astucia i de la falsedad, la preferencia que Portales habia dado a la conducta i a la política del ministerio del Interior sobre la del de Hacienda i de los antiguos amigos que tanto le habian ayudado en otro tiempo a conquistar el poder; i le dirijia ademas un sentido artículo sobre los efectos de la impostura, recordándole que él mismo, Portales, habia sido víctima de ella a propósito de la negociacion del estanco. Pero si hubo mas astucia en el ministro del Interior, no se debió a ella el triunfo de la política retrógrada i absolutista sobre la política flexible i liberal en relijion que los filopolitas habian iniciado, sino esclusivamente a las simpatías i principios del hom. bre omnipotente: Portales pensaba como Tocornal, i éste no habia dado un paso sin su consejo: ahí estaba la solucion del enigma.

Los filopolitas fueron derrotados, cayeron de la gracia del gobierno por haber pretendido tan solo atacar la supersticion i el fanatismo, no obstante sus protestas de respeto por la política profana del gobierno; pero la opinion pública comprimida hasta entonces, como estaba, los acojió i les premió, con mayores simpatías que las que merecian, el pequeño esfuerzo que habian hecho por liberalizar al gobierno, siquiera en cuanto a los negocios clericales.

El ministro Portales se apresuró a darles una prueba bien eficaz de su adhesion a la política combatida, haciendo su estreno con varios decretos sobre la separacion del Seminario Conciliar del Instituto Nacional, sobre el plan de estudios eclesiásticos, sobre el encargo a Italia de veinte i cuatro relijiosos de la órden seráfica para el colejio de Chillan; i promoviendo al poco tiempo la ereccion del arzobispado de Santiagu i de los obispados de Ancud i de la Serena. I esto no era porque el ministro fuese fanático o siquiera piadoso, nó; sus hábitos i sus sentimientos le impedian serlo. Pero era lójico i sabia que sobre ser esencialmente fanático su partido, era el clero un sólido apoyo de su poder: i eso era lo que no habian comprendido los pelucones filopolitas.

El movimiento de la prensa producido por el Philopolita duró solamente hasta diciembre. En 1836, durante los primeros seis meses, todo enmudeció, i el gobierno asumió de nuevo su actitud imponente. Pero ya en julio principió a cambiar enteramente la situacion, i entraron el gobierno i la sociedad en una época de ajitacion i de actividad verdadera, que sobrevivió al ministro Portales, i durante la cual desplegó la administracion pelucona todos los recursos de que eran capaces sus directores i adquirió toda la gloria i el poder que le hạn servido para perpetuarse en el mando.

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6 En uno de esos dias, el ménos pensado, llegó a

Valparaiso uv bergantin peruano, el Flor del Mar, trayendo correspondencia del encargado de negocios de Chile en Lima con la noticia de que el 7 de julio en la noche habia zarpado del Callao una espedicion contra Chile mandada por el jeneral Freire i compuesta de la fragata Monteagudo i bergantin Jeneral Orbegoso, ámbos de la escuadra peruana.

El ministro Portales no trepidó, i al instante tomó las medidas necesarias a la seguridad del órden; i. como si hubiera dudado de la adhesion del Congreso, no ocurrió a él i se apresuró a espedir una circular declarando en estado de sitio por seis meses las provincias de Chiloé i Valdivia, i por sesenta dias la de Santiago i cualquiera otra que fuese invadida por alguna espedicion esterior. Al mismo tiempo i en la misma fecha (28 de julio), el gobierno comunicó al Congreso el suceso, acompañando copia de la circular, en prueba de las medidas que habia tomado, i asegurando que se miraba como un hecho que la espedicion se habia formado con la proteccion del gobierno peruano. Las cámaras contestaron considerando la espedicion como un ataque a la independencia nacional, i manifestando su confianza en el celo del gobierno.

Con efecto, los chilenos desterrados en Lima habian emprendido aquella invasion, en parte estimulados por cartas de Chile que les pintaban el descontento de los pueblos por la tiranía del gobierno i la facilidad que habia de sublevarlos en masa, i en parte mui principal urjidos por la situacion penosa en que se hallaban por las miserias i conflictos de la proscripcion.

En esa época el Perú se organizaba bajo la direccion del presidente de Bolivia. Sabido es que estando dominante en todo el norte del Perú la revolucion de Salaverri, sublevó Gamarra el Cuzco por su cuenta i con la aprobacion del jefe del gobierno de Bolivia, dejando asi reducido al presidente constitucional provisorio, jeneral Orbegoso, al solo departamento de Arequipa. Entonces fue cuando el gobierno de Bolivia celebró con el plenipotenciario de Orbegoso aquel singular tratado de la Paz, el 25 de junio de 1835, por el cual adquirió la facultad de invadir el territorio peruano para intervenir en sus contiendas i restablecer el órden alterado, comprometiéndose Orbegoso a abonar los gastos i a convocar una asamblea de los departamentos del sur, con el fin de fijar las bases de una nueva organizacion.

Santa-Cruz penetró en el territorio del Perú con un formidable ejército, destrozó a Gamarra en Yanacocha, i en Socavaya a Salaverri, a quien tomó prisionero i fusiló en Arequipa con ocho jefes mas tambien prisioneros; i despues de tanta matanza i de tanto desastre, se puso a la obra de organizar la Confederacion Perú-Boliviana. La asamblea prometida por Orbegoso se reunió en Sicuani, e invocando al Ser

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