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la comunicacion de ambos continentes, les facilitaba la impunidad de sus crímenes; la doctrina que sancionaba como justo i lejítimo todo acto de atrocidad ejercido sobre los colonos, les servia de suficiente escusa; la vaguedad, latitud i complicacion de la lejislacion de Indias, les facilitaba una autoridad inmensa, absoluta, i siempre un apoyo legal, cuando les era necesario cohonestar un abuso o lejitimar una usurpacion; la necesidad, en fin, que la metrópoli tenia de asentir i deferir en todo a los informes de estos mandatarios, era un recurso brillante a que apelaban para sancionar con la voluntad de la corona cuanto podia convenir a sus miras i a sus intereses. Por esto, cada empleado superior era un rei absoluto i cada uno de los subalternos defendia, si no con la aprobacion, con la tolerancia o el ejemplo de aquellos sus arbitrariedades i dilapidaciones. De aquí los frecuentes choques escandalosos entre ellos mismos, las venganzas ruidosas i el uso de todos los resortes de influjo i de poder a que se acudia para hacer triunfar un capricho o dejar sin castigo algun crímen funesto. De aquí nacia tambien la insuficiencia i nulidad de las leyes mismas: la lei de la América colonial era solo la voluntad de sus mandatarios inmediatos. Si se quiere ver una demostracion palmaria de este hecho incuestionable, véase lo que don Jorje Juan i don Antonio de Ulloa esponen en sus Noticias secretas a la corte de España, sobre el estado miserable i degradante, sobre la corrupcion i dislocacion social espantosa a que habian llegado las colonias por la conducta de sus gobernantes, hacia la mitad del último siglo. En la relacion fiel i circunstanciada que hacen estos sabios

e imparciales observadores, se patentiza que todas las medidas benéficas de la metrópoli fracasaban en el formidable escollo que les oponia la grosera arbitrariedad e insolente despotismo de los gobernantes i empleados coloniales, i esto en todos los ramos de la administracion.

El servicio de la marina de guerra i mercante en los mares de la América meridional no se sujetaba a método ni formalidades, sino que dependia enteramente del capricho e intereses particulares de los que lo hacian, por muchas i buenas que fuesen las medidas que para su arreglo habia espedido la metrópoli. Las plazas de armas se hallaban en un completo abandono, i sus jefes entregados al lucro que podia proporcionarles su posicion. Siendo, como era, absoluta su autoridad, abusaban en la misma proporcion qué los demas funcionarios, utilizándose hasta de los situados que recibian para su guarnicion i tiranizando por éste i otros medios a los que tenian la desgracia de vivir bajo su dependencia, como especialmente lo practicaban los gobernadores de la plaza de Valdivia. (1)

El comercio, a pesar de estar sujeto a un perfecto monopolio, cuyas restricciones estaban calculadas para reservarlo esclusivamente a la España, i sin embargo de estar gravado con pesados impuestos en favor del real erario, era realmente un elemento de ganancia para los que estaban encargados de mantener este monopolio i de asegurar sus productos a la real hacienda, i al mismo tiempo un elemento de co

(1) Noticias secretas, cap. VII, tomo I.

rrupcion para todos los que se consagraban a su ejercicio, porque se acostumbraban al fraude i a los manejos ilícitos, que los empleados sancionaban con su ejemplo. Estos patrocinaban el contrabando i cifraban en él la principal ventaja de su empleo, i si alguna vez apelaban a las leyes para impedir un fraude, era o porque así les convenia para evitarse un denuncio, o porque necesitaban vengarse de algun enemigo, valiéndose de su misma autoridad. Esponiendo los autores citados las graves faltas de este ramo de la administracion, dicen que seria mui regular inajinarse que aquel paraje donde los vireyes tenian su asiento, deberia estar exento de estos desórdenes a causa de su inmediata presencia, o que a lo menos fuese menor el fraude en el comercio, a vista de tanto tribunal, de tantos ministros, de tantos jueces i tan crecido número de guardas como habia para impedirlo; pero que justamente llegaba aquí este abuso a su mayor punto. Los efectos de contrabando se introducian en la mitad del dia sin el menor recelo i custodiados por los mismos guardas, hasta dejarlos en lugar seguro i libres del peligro que correrian en poder de sus dueños. Otro tanto se bacia con los efectos de lícito comercio, para libertarlos del pago de derechos que les correspondia, i con este objeto se reputaban lejítimos los fraudes mas escandalosos, tanto en el comercio terrestre como en el marítimo. De esta manera, “ni la conciencia, ni el temor, ni el reconocimiento de verse estos empleados mantenidos por el soberano con salarics mui crecidos, les servian de estímulo para celar en lo que era de su obligacion.” (1)

(1) Noticias secretas, cap. IX, tomo I.

I si esto se practicaba por los funcionarios que se hallaban, por la naturaleza de su empleo, bajo una inspeccion mas inmediata de la corte i por consiguiente mas apremiados a llenar con pureza i exactitud sus obligaciones, ¿qué sucederia con los que ejercian una autoridad independiente, con aquellos cuyos actos no interesaban a la metrópoli de un modo tan directo? No es de mi propósito esponer aquí las arbitrariedades espantosas, los abusos sin cuento, los absurdos, los crímenes que ejecutaban i patrocinaban a cada paso los gobernadores, los militares, los majistrados judiciales i hasta los sacerdotes mismos encargados de la direccion i cuidado espiritual de los pueblos; (1) solo debo sujetarme a la historia para considerar en abstracto los hechos i deducir de su exámen, como una lójica conclusion, que toda iniquidad dejaba de serlo desde el momento en que se practicaba en los americanos; que, considerados éstos como esclavos i como hombres de una naturaleza i condicion diversas de la naturaleza i condicion de los europeos, estaban sujetos solamente a las leyes que el capricho i el interes de estos les imponian. La circunstancia de nacer americano sellaba la desgracia del colono, cualquiera que fuese el orijen de su estirpe. Con semejante preocupacion erijida en dogma, con el poder absoluto que ejercian los mandatarios, ¿seria de alguna utilidad, producirian efecto alguno saludable esas leyes protectoras que solia dictar la corte como para descansar del fiero despotismo que ejercia sobre los americanos?

(1) Véase la obra citada i no parecerá exajerado este rasgo.

. Con efecto, a pesar de esas leyes, sufrian los indíjenas todo el peso de la preocupacion que los condenaba i todo el rigor de los mandatarios, que, en lugar de protejerlos, se creian autorizados para tiranizarlos. “Tal es el asunto que empezamos a tratar, dicen los sabios autores que he citado, al trazar el cuadro del miserable estado en que se hallaban los naturales cuando visitaron la América, que no puede entrar en él el discurso sin quedar el ánimo movido a compasion, ni es posible detenerse a pensar en él, sin dejar de llorar con lástima la miserable, infeliz i desventurada suerte de una nacion, que sin otro delito que el de la simplicidad, ni mas motivo que el de una ignorancia natural, ha venido a ser esclava i de una esclavitud tan opresiva, que comparadamente pueden llamarse dichosos aquellos africanos a quienes la fuerza i razon de colonias han condenado a la opresion servil; la suerte de éstos es envidiada con justa razon por aquellos que se llaman libres i que los reyes han recomendado tanto para que sean mirados como tales, pues es mucho peor su estado, sujecion i miserias que las de aquellos.” (1)

Este rasgo espresivo i sincero me ahorra la angustiosa tarea de describir la espantosa i miserable condicion a que se vieron reducidos los indíjenas por sus conquistadores, i me ofrece un testimonio irrecusable en favor de la verdad que me propuse demostrar.

Resulta de todas estas observaciones una proposicion notable, tal es la de que las costumbres de los españoles en América neutralizaban de tal modo el efecto

(1) Noticias secretas, cap. I, tomo II.

MISC. H, I L,

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