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apreciar las ventajas espirituales que este accidente histórico produjo para la Península, porque no es de mi propósito hablar sobre relijion, sino solamente de la influencia política que pudo haber ejercido en la sociedad aquel movimiento de irritacion i de conflagracion jeneral. No penetraron, pues, en la patria de nuestros padres los beneficios de la revolucion, sino que por el contrario los rechazó con enerjía, defendiendo la integridad de la monstruosa dictadura del trono i de la iglesia, que desde entonces principio a preparar la ruina en que aquella nacion desgraciada se ha visto sumida posteriormente. Su rei en aquella época era el poderoso Cárlos V, emperador de Alemania, guerrero infatigable, monarca ambicioso i sin duda el mas hábil político de su tiempo. Este príncipe, que se sobreponia al papa, al mismo tiempo que combatia la reforma, habia destruido en España las libertades i fueros de los pueblos, centralizando en sus manos todos los poderes: por una parte deslumbraba a sus súbditos con el brillo de sus triunfos militares i por otra se aprovechaba de su ardiente celo relijioso para convertirlo en una ciega i estúpida intolerancia. Bajo su amparo se habia estendido hasta no tener límites el poder de la Inquisicion, porque así le convenia para alejar de sus dominios toda doctrina, todo sentimiento que opusiese resistencia a su plan ambicioso de dominarlo todo. Este tribunal monstruoso que a nadie respondia de sus operaciones, que todo lo sometia a su juicio, que protejia con el misterio a los acusadores, que atormentaba a sus víctimas i al fin las consumia en una hoguera, habia ya principiado en esta época su funesta carrera de devastacion. Persiguiéndolo todo i hollando con su planta ponzoñosa lo que se oponia a sus dictados, aletargaba las facultades activas de la España, apagaba su espíritu i no dejaba a sus hijos mas que la ignorancia i el fanatismo para apoyar en ellos su trono i el de los reyes, sus favorecedores. "La guerra continua con los moros, dice un sesudo escritor, refiriéndose a este mismo período de la historia, naturalmente habia preparado a los españoles para el mas feroz fanatismo. Las ideas de honor i nobleza se habian unido íntimamente a las de fé i relijion. Desdoro e infamia eran inseparables de cualquiera creencia que no fuese la de los españoles. Los moros por su enemistad nacional, i los judios por la envidia que causaban sus riquezas i el odio que sus usuras producian, eran mirados como enemigos declarados del cielo i baldon de la humanidad. Bien pronto se valieron los primeros inquisidores de esta ocasion para confundir con moros i judios a todos cuantos se atrevian a dudar cualquier punto de sus doctrinas i sistemas; i la Herética pravedad se vió con igual poder de contaminar la sangre, que el descender de cualquiera de las dos razas malditas. Infeliz, desde entonces, el español que quisiera usar de su propia razon: aun mas infeliz el que se atreviese a manifestar la ignorancia i estolidez de los que tomaban por su cuenta el pensar por todos los demas!" (1)

Segun esto es fácil concebir que el español no servia entonces mas que a su monarca i a Dios, a la manera que la Inquisicion los servia: la causa de la civilizacion

(1) WHITE, Variedades, tom. I núm. 2?

era para él la causa de los réprobos; su conciencia i su corazon estaban educados tan solo para despreciar i combatir a los infieles, para perseguir a los herejes, que eran todos aquellos que proclamaban alguna verdad no sancionada por el santo oficio, i para llevar el estandarte del fanatismo, no la cruz del Redentor, a donde su amo le mandaba tremolar sus leones. Arrebatado por su ardiente amor a la relijion, no perdonaba sacrificio por sostenerla i propagarla, pero su pasion i el poder del trono conspiraban para alucinarlo i corromper en su corazon la pureza del evanjelio, inspirándole groseras supersticiones i haciendo servir su fé al triunfo de la ambicion i a la perpetuidad del despotismo. Veamos un testimonio de estas preocupaciones en Pedro Valdivia, que al emprender la conquista de nuestro suelo, proclamaba a sus soldados con toda la efusion de su corazon, en estos términos: “Introduzcamos la relijion cristiana en tan vasta jentilidad, dándole a la Divina Majestad todo el paganismo de Chile de adoradores; a la santa iglesia romana millones de feligreses; al obispado del Cuzco mas términos; a nuestro rei de España mas dominios; a la jeografía mas demarcaciones; a nuestras armas mas mérito; a vuestra honra mas hazañas; a nuestro interes mas conveniencia de tierras de indios, i en fin, a nuestros timbres los blasones de descubridores, primeros conquistadores, pobladores, pacificadores i conservadores de estos dilatados reinos.” (1)

Este era el pensamiento capital, estas las aspiracio

(1) Documentu auténtico en los libros del cabildo de Santiago, copiado en la Historia de Chile de Guzman, Lec. XC.

nes únicas en que se reconcentraba toda la civilizacion del español del siglo xvi: su rei i su interes, Dios i la gloria de las armas. (1)

Esa civilizacion, fué pues, el elemento que constantemente predominó en todos los acontecimientos realizados por aquel pueblo singular: ella fué la causa orijinal de sus estravíos i al mismo tiempo determinó el rumbo de sus inclinaciones i dió forma a sus costumbres. Por eso creo que al examinar las leyes políticas i civiles que modelaron la existencia de nuestra sociedad, debemos considerarlas como un resultado lójico de aquella civilizacion, teniendo siempre presente que zanjó los cimientos de nuestro edificio social la España fanática i conquistadora; que

(1) Las conclusiones históricas de este capítulo han sido demostradas últimamente, de un modo victorioso i con gran copia de documentos, en la Historia de la civilizacion de Inglaterra por C. T. Bukle, capítulo 1.o, tomo 2.o, De la civilizacion española. Alli se prueba que esos dos sentimientos, fidelidad a sus reyes i supersticion relijiosa, son la base de la civilizacion de España hasta hoi, i que su accion combinada esplica con claridad las principales eventualidades de la historia de esta nacion. Un nuevo dato sobre la tenacidad del carácter español i sobre la perpetua influencia que en el ejercen aquellos dos elementos, nos suministra la contestacion del Senado, en 2 de enero de 1868, al discurso de la Reina, en estas notables palabras, que corroboran cuanto en 1844 decia en Chile el autor de las Investigaciones, i lo que mas tarde demostraba M. Bukle. Hé aquí esas palabras:

“Grande es la fé que tiene el senado, asi como la de V. M. en el venturoso porvenir de la nacion española. Si en el largo trascurso de las edades no desmayó jamas su perseverancia, ni aun en los momentos mas críticos de su admirable historia; si en todos tiempos ofrece al observador un dechado fiel de su abnegacion i patriotismo; si el valor de los hijos i su varonil constancia fueron siempre prenda segura de victoria en sus mas atrevidas empresas; ¿cómo desconfiar hoi cuando vemos mas arraigados que nunca los dos grandes senti

sirvió de fundamento al sistema administrativo de nuestra colonia la omnipotencia de Cárlos V, i que nuestra relijion tuvo por base el terrorismo de la Inquisicion.

mientos que la inmortalizaron, la fé relijiosa i el amor a la monarquía?

Ellos serán nuestra guia en los procelosos mares que atravesamos; nuestro escudo en las batallas que hayamos de pelear; i fieles a la bandera que hemos jurado, i huyendo de los estremos donde no se encuentran mas que escollos i con la ayuda de Dios, llegará nuestra nacion a conseguir los altos fines a que está llamada por su valor, su constancia i su heroismo.

Palacio del senado, 2 de enero de 1868.-Manuel de Seijas, presidente.- Alejandro Olivan.-Antonio Benavides.”

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