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tual y temporal de aquellas islas. El Padre Fr. Andrés de Urdaneta con sus cinco compañeros fueron los primeros que comunicaron la luz del Evangelio á aquellos isleños. Al referido Padre Urdaneta dirigió la magestad del señor D. Felipe II una real cédula que se conserva en el archivo de Manila, en la que no solamente le recomienda la espedicion, sino que le ordena y manda se embarque en ella con los COmpañeros que él eligiese, teniendo el Monarca cimentada la esperanza del buen éxito de la espedicion en los grandes talentos del dicho Padre Urdaneta, que habia acompañado al inmortal Magallanes en su descubrimiento de dichas islas mandando uno de los buques, y que con sus grandes conocimientos geográficos y astronómicos, y con su valor y constancia mas que heróica, contribuyó en gran parte al feliz arribo á España de la nao Victoria, primera que dió la vuelta, al globo. Estos religiosos, despues de haber dado principio á su gloriosa empresa de la conversion, pacificacion y establecimientos políticos de los indios en la isla de Zebú, se diseminaron por todas las demás, sin mas armas que las de un celo caritativo y las que el Evangelio señala á los ministros del Dios de paz, y sin mas tropa ni acompañamiento que los fervorosos deseos de su apostólico espíritu, y los abundantes trabajos inherentes á su ministerio. Estas fueron las armas con las que se obró la peligrosa conquista de las islas Filipinas, y ellas han sido y son la principal fuerza con que se han conservado y conservan, pues la tropa que acompañaba al general Legaspi no era suficiente apenas para componer una guardia regular, ni ahora es mas que cuerpos organizados y compuestos de indios débiles, de ningun valor, aunque de algun arrojo y temeridad. Establecido el gobierno en varios puntos de las islas, en particular en la de Luzon, que escogieron para punto céntrico de la gobernacion, uno de los religiosos volvió á España á escitar el celo de sus hermanos y mas corporaciones religiosas, para arrostrar tamaños peligros y trabajos, en navegacion tan dilatada, y emplearse en la gloriosa empresa de proseguir hasta cimentar completamente tan admirable conquista. Finalmente se verificó esta en todas sus par— tes, trabajando en ella despues de los padres agustimos los franciscos, los dominicos, los agustinos recoletos y los jesuitas. La conquista de las islas Filipinas ha sido tan admirada a un de los estrangeros, que habiéndose manchado no ocas plumas con mordiente y calumniosa crítica sobre la de las Américas, no ha habido una sola que haya dado tinta para denigrar aun en la mas leve circunstancia á la de las enunciadas islas, pues se verificó sin apenas disparar un fusil: todo fue obra del celo apostólico, de la paciencia, dulzura, benignidad y mas virtudes de los religiosos, y de la gran prudencia del general Legaspi y sus inmediatos sucesores. Sacados de su barbárie los indios filipinos, civilizados é instruidos en la verdadera Religion, han sido en todos tiempos tan pacíficos, tan obedientes á las autoridades y tan sumisos á la voz de los ministros, que con tanta propiedad y justicia llaman Padres, que siempre ha admirado á cuantos estrangeros han transitado por aquellas islas. La voz viva y dulce persuasion de un ministro religioso europeo es de tanta eficacia para moverles, que mas de una vez ha sido suficiente para desarmar á mas de tres y cuatro mil indios que tenazmente aspiraban á la venganza de los que ellos por su corta capacidad juzgaban agravios. No es estraño que los religiosos europeos tengan tal ascendiente para con los indios, de quienes han sido y son mirados como unos entes sumamente benéficos; de quienes han recibido y continuamente reciben beneficios los mas singulares y de la mas alta

consideracion, pues además de haberles instruido en las santas máximas del Evangelio y reducido á hermosas y bien arregladas poblaciones, enseñándoles á cultivar la tierra, á tejer toda clase de telas, no solo para cubrir su antigua desnudez sino para hacer un lícito y no poco lucroso comercio, á beneficiar el añil, azucar y otros interesantes ramos, suministrándoles gratuitamente, ya las semillas, ya las primeras materias, y hasta los mismos instrumentos para la elabo— racion, ven y observan que diariamente los religiosos trabajan para su bienestar; que los defienden cuando se trata de atropellarlos; que si es necesario personalmente se interponen con las autoridades ó se presentan en los tribunales á implorar la justicia y compasion de los supremos jueces para con ellos, por lo que no pocas veces son perseguidos los religiosos de los alcaldes mayores de las provincias, quienes, por la perjudicialísima licencia de comerciar y por su insaciable codicia, atropellan los mas sagrados derechos de la propiedad arruinando muchas familias. Esta beneficencia y el paternal gobierno de los regulares han sido y son el principal movil de la prosperidad de los indios filipinos; por este medio se han conservado tantos años sumisos y obedientes á unas leyes que no conocian, han apreciado el gobierno de los Monarcas españoles, y han llegado á multiplicarse de tal manera, que siendo en tan corto número cuando los españoles se posesionaron de las islas, ya hoy dia componen cerca de tres millones. Mi provincia, Señor, desde la época en que plantó las primeras semillas de la fe en dichas islas, constante siempre en tan laboriosa empresa, no ha omitido sacrificio alguno, arrostrando sus individuos por cuantos trabajos, penalidades y sufrimientos son indispensables para llenar los altos deberes de su ministerio, no solo con el fin de conservar y aumentar las luces de la fe y demás virtudes morales y sociales entre los indios, sino para estenderlas en el Japon y la Gran China. Para poder desempeñar tantas y tan singulares obligaciones era indispensable que de España pasase á aquellas islas un proporcionado número de operarios evangélicos, como generalmente sucedia, hasta que por los años de 1743 se fue notando escaseaba el número de misioneros, por lo cual mi provincia representó á la magestad del Sr. D. Felipe V lo util que sería la fundacion de un Colegio-seminario para las misiones de Filipinas, donde con solo este objeto se educase y criase la juventud religiosa de mi orden. S. M., no solo oyó esta proposicion con suma complacencia, sino que la llevó á efecto concediendo el permiso para la fundacion, como consta de su real cédula fecha en San Ildefonso á 31 de julio de 1743, declarándose por patrono de la citada casa, bajo cuya proteccion y la de los augustos predecesores de V. M. se ha levantado la fábrica, estando en el dia con la capacidad suficiente para contener hasta unos treinta individuos. En este Colegio, Señor, se educa la juventud religiosa con toda la observancia que prescribe la admirable regla del padre y doctor de la Iglesia san Agustin; se observa en él una perfecta vida comun, siendo igual el vestido, alimento y todo lo demás mecesario á la subsistencia del último novicio al prelado de la casa. Los Sacerdotes que en ella se educan no pueden recibir limosna alguna ni aun por la aplicacion del santo Sacrificio de la Misa. El recogimiento, aplicacion al estudio eclesiástico y observancia de los demás estatutos religiosos, son bien públicos en toda la ciudad de Valladolid. Con arreglo á lo dispuesto por bulas pontificias, los que profesan en el citado Colegio-seminario (único que para misiones de Ultramar hay en España ) hacen solemne juramento ó llámese cuarto voto de pasar á Filipinas cuando se lo ordenen sus prelados; de modo que ninguno queda en España. Su fábrica, costeada por mi provincia, es enteramente aislada, y no tiene en la pénínsula una sola finca; y sus individuos se sustentan de los caudales que vienen de Nueva España ó Filipinas. De este Colegio desde su fundacion han salido para Filipinas sábios verdaderamente ilustrados en las ciencias eclesiásticas, y misioneros fervorosos que han sostenido y sostienen el hermoso edificio de la Religion, que sus mayores edificaron á costa de tantos sudores y sacrificios. Siguiendo las huellas de los héroes españoles la juventud que se educa en el citado Colegio abandona su patrio suelo, se desprende de sus padres y parientes, y de cuanto es en la tierra mas halagüeño al corazon humano, sin mas interés ni miramiento que el de ser util á la Religion y al Estado. En el precitado Colegio-seminario se hallan actualmnente doce novicios, en quienes, como en los que sucesivamente tomasen el hábito, tenia mi provincia fundada su esperanza para poder ir paulatinamente sosteniendo sus tareas evangélicas; mas por el decreto de V. M. de 7 de mayo pasado, en que se prohibe pasen á profesar hasta la reunion de las Cortes, queda paralizado ó suspendido el fundamento de su esperanza; y si por desgracia el próximo Congreso diese alguna providencia que inutilice ó retarde la mision de regulares europeos, ya de este Colegio ya de las religiones arriba citadas, que con mi provincia sostienen el edificio de la Religion y el Estado en aquellas islas, no hay duda que á pocos años vendria éste por tierra. Señor, el amor y fidelidad que debo á V. M., mi patriotismo, y el sincero afecto que he profesado y profeso á los fieles y pacíficos indios filipinos, con quiemes he vivido gustoso por el espacio de veinte y cuatro años, me mueven á estampar la siguiente proposicion; esto es, que si por algun decreto de las cercanas Cortes se retardase ó imposibilitase la remision de religiosos, asi de este Colegio como de las provincias que con la mia sostienen en Filipinas los

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