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ahora de avergonzarme de su ensayo; pues me consta que se han desengañado con su lectura varios literatos de escelente nota, ue ha impuesto silencio á mas de un entusiasta de os principios revolucionarios. Mi preferencia, pues, sistema de la Union Americana nunca la entendí ni ha debido entenderse sino con relacion á los gobiernos representativos de Europa, que ejercen á favor de los partidos y de las sociedades secretas una soberanía ilimitada, estensiva en su intencion á la santa Iglesia, sin intervenir en nada la nacion: y en prueba de mi sinceridad y de que no han sido bien penetradas mis ideas en la parte política, manifestaré ahora francamente mi modo de pensar, á fin de desengañar á mis censores y dejar bien sentada mi vindicacion. Adicto por convencimiento á la monarquía libre (*) (aunque jamás me he mezclado ni mezclaré en las revoluciones del Estado, agenas del sacerdocio), no negaré que siempre me ha costado mucho trabajo comprender dos dificultades capitales, entre otras muchas, á las que nadie me ha contestado todavia; á saber: 1.o Cómo es que necesitándose cierta práctica, cierta instruccion, cierto aprendizage para llegar á poseer una profesion cualquiera, y aun hasta para habilitarse en el arte de obra prima, se supone tan gratuitamente en el sistema representativo que ha de salir como por encanto un legislador de los sufragios de un ¿ iliterato, aunque los reuna en su favor un hombre peregrino en el Derecho, en la literatura, y en todos ¿ ramos de las ciencias. En esta parte protesto con ingenuidad mi simpatía con Filipo el Macedonio, quien se burlaba con mucho fundamento de

(*) Digo libre y no absoluta; palabra odiosa que han introducido los enemigos del trono, y no se ha aplicado jamás hasta estos tiempos á la real autoridad. Los que la usan de buena fe en contraposicion al gobierno representativo, equivocan su significacion, (Véase mi Ensayo sobre la influencia del luteranismo.)

la facilidad de los atenienses en hacer un general todos los años de cada ciudadano. ¿Cómo dos, tres ó cuatro mil colonos y artesanos por provincia, encallecidos en las labores del campo ó con el manejo de las herramientas, sin tener obligacion de saber leer, y sin haber visto siquiera las fisonomías de los candidatos por las que poder columbrar un rasgo de su carácter; estos mismos hombres que forman la pluralidad, han de ser considerados con ciencia suficiente para elegir los representantes y señalar legisladores á la patria? Si no se ha conocido hasta ahora la fuerza de esta objecion, consistirá acaso en que, capitaneados los partidos por corifeos de influencia y travesura, han sido árbitros para servirse de la clase numerosa á merced de sus pasiones, interpolando de este modo entre ochenta ó cien nulidades y apariencias una docena de hombres instruidos, de cuyo cargo habria de correr dominar las asambleas, dictar leyes y tomar las riendas del Estado; pero desde el momento en que se verificaran las elecciones segun prescribe el orden legal, ninguna persona que haya penetrado el estado social de Europa podrá dejar de conocer que se verian ocupados los bancos parlamentarios por vocales enteramente ineptos. Es decir, que para que subsista el simulacro del sistema representativo introducido en Europa aun en el miserable estado que está figurando en nuestra época, se necesita infringir su reglamento, y observar una práctica enteramente opuesta á su teoría.

Tambien se resiste á mi inteligencia comprender, cómo es que disponiendo el Gobierno de tantos empleos, tantas gracias, tantas condecoraciones en la corona de España, se ha tardado tanto tiempo en preveer, atendida la flaqueza de la naturaleza humana, que los vocales de las Cortes, salvas algunas escepciomes, habiano de fijar su principal conato en congraciarse con el Ministerio si se prometian remuneracion en sostenerle, ó en substituirle con otro de su bandería en el caso opuesto, y que por lo mismo siempre habríamos de estar presenciando esta alternativa odiosa de mudanzas y caidas de Ministros, este turno incesante de tumultos, y esta furia de audaces tentativas que en ningun tiempo, en ningun pais del mundo dejan de repetirse por necesidad cuando está por medio la pasion del interés. ¿Qué se pensaba? El interés que arranca al hombre de sus lares, le desprende de los brazos de su esposa, le aleja de su patria, le lleva por mar y tierra sufriendo mil trabajos en busca de una fortuna incierta: este interés tan irresistible que subordina á su imperio todas las pasiones, ¿habia de desaparecer repentinamente del corazon de los Diputados, haciéndoles indiferentes al atractivo de una toga, una faja, una intendencia ó una gefatura, sin mas sacrificio que ofrecer una haba en rehenes? Ningun filósofo ha respondido hasta ahora á estas reflexiones, que ocurren al entendimiento mas vulgar y hacen el tormento de las personas ilustradas amantes de la patria; pero con todo piensan muchos publicistas orillar la dificultad alegando en defensa de sus opiniones, que de no apelar á esta teoría, inventada por escritores eminentes, tropezaríamos con el despotismo insoportable de los reyes; y que en concurrencia de dos males debe preferirse el menor. El axioma es cierto, pero la consecuencia merece ser examinada. En primer lugar, el despotismo ponderado de los reyes con que nos alarman estos ingenios peregrinos, mo debe contarse como absolutamente necesario, puesto que cuando los tronos se hallan ocupados por los Fernandos, Alfonsos, Luises, Isabeles, Carlo-Magnos, &c., &c., los reyes entonces pueden ser considerados como ángeles tutelares de los pueblos y delicia de la humanidad: de lo que deduciremos legítimamente, recordando las objeciones precedentes contra el gobierno representativo, que los efectos lamentables de éste son por su naturaleza necesarios y absolutamente irremediables, en lugar de que el despotismo de los monarcas no pasa de contingente; y como entre dos males, uno necesario y otro contingente, el primero se reputa por mayor, resulta demostrado, si yo no me equivoco, que observando la regla adoptada por los publicistas viene abajo todo su sistema. Quiero sin embargo conceder que en materia de política no se ajusten las cuentas rigorosamente á los guarismos, y doy por sentado que una sola contingencia muy trascendental representa mas calamidades que dos mil casos ordinarios de otra clase. Aun despues de tanta condescendencia por mi parte, la causa de los publicistas, tan imponentes cuando se fiaban sus discípulos en su magisterio, ganará muy poco ó nada, porque tratándose de elegir el menor entre dos males, cualquier hombre prudente conocerá, si reflexiona bien, que para formar un juicio exacto y resolver el problema con acierto, debemos estar, completamente instruidos de cada uno de los males en cuestion; es decir que, á propósito de muestra disputa, deben confrontarse los escándalos y horrores que arrojase la historia de una monarquía libre con la del gobierno representativo. Ahora bien: esta prueba práctica, demandada en todos los tribunales del mundo en tal clase de juicios, no ha podido tener lugar hasta la revolucion francesa y otras semejantes ensayadas en Europa; y de consiguiente los libros del siglo XVIII relativos á la política, y los pomposos discursos que resonaron con admiracion universal de sus coetáneos entusiastas, comparecen á los ojos de la actual generacion á semejanza de los de la física aristotélica comparada con la esperimental de nuestros dias. No se imagine por esto sin embargo que me conformo pasivamente con esperar á todo trance la contingencia del despotismo, sin procurar oponerle ningun preservativo. Pues qué, ¿se ha perdido la esperanza de descubrir algun temperamento razonable entre el peligro eventual de un trono libre y los inevitables de una monarquía esclava? A mí me ocurre, que asi como desde la promulgacion del Evangelio la patria potestad, antes tan bárbara y tiránica, ha ido moderándose por el influjo de las leyes hasta llegar al grado que ahora la distingue, sin que haya sido preciso privar nunca á los padres de la autoridad esclusiva en sus familias, asi del mismo modo podria irse templando por las leyes el gobierno de la monarquía libre sin despojar al rey de su autoridad independiente. Por esta razon congeturo tambien, que en el supuesto de habernos demostrado una triste esperiencia que la variacion de forma de gobierno aumenta los males en vez de minorarlos, puede presagiarse con bastante fundamento, que si una juventud ilustrada preparase la reaccion universal de las ideas; si llegase á enseñorearse de la opinion pública, y á presidir para dicha de la humanidad al gobierno de las naciones, relegará imperiosamente al lado de los libros de nigromancia las teorías de los antiguos publicistas; y abriéndose un camino nuevo á la ciencia política, cifrará todo su intento, no en mudar arbitrariamente á cada instante la forma de gobierno, sino mas bien en perfeccionarla con inteligencia, adoptando para el efecto las bases convenientes y fundamentales que afiancen, juntamente con la dignidad augusta de los reyes, la noble libertad de las naciones y la independencia de la Iglesia. Para mí todas las formas de Gobierno son iguales, y obedeceré siempre por principios de conciencia segun prescribe el Apostol; pero o que se me ha obligado á declarar mis opiniones políticas, asi quisiera yo que se hubiera intentado hacer la dicha de mi patria; y no imitando á la revolucion francesa, germen funesto de nuestros infortunios y los de aquel reino cristianísimo. ¿Qué ha logrado la Francia en su último resulta

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