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crean los gobiernos, de sus formas i especialidades, i de los efectos que todas estas circunstancias producen en la suerte del hombre colectivo. .

Aun pretendiendo escribir la ciencia, la mayor parte de los publicistas no han hecho sino tentativas de fijar el arte ; consultando su imajinacion ó sus escasos i confusos conocimientos sociales mas bien que los hechos sobre que debieran descansar sus deducciones ó reglas. A esta clase pertenecen todos los socialistas desde Platon hasta Fourier; pero hai otra ménos fantástica en que figuran Aristóteles, Santo Tomas de Aquino, Bodin, Hobbes, Locke i Montes" quieu, que no han desatendido los hechos, sino que los han examinado á medias,parcialmente, segun sus inclinaciones individuales, su época, sus relaciones, su educacion i sus intereses. Ellos han prestado grandes servicios á la ciencia esclareciendo separadamente algunas cuestiones cuya solucion aislada iba aquella apropiándose, mientras desechaba muchos. errores que con la verdad venian envueltos.

Son pocos i recientes los escritores que como Tocqueville i Hildreth se han reducido al papel de simples espositores de los hechos cuyo armonioso conjunto forma la ciencia política rigorosa. Sin proponerse apoyar ó defender opiniones preconcebidas sobre el orijen de los gobiernos ó la superioridad de unas formas sobre otras, han espuesto con laudable paciencia los hechos relativos á la naturaleza i efectos de las instituciones políticas, i del hombre,

elemento necesario suyo, tal como se ofrecian á su penetrante observacion. La inmensidad de la materia no ha permitido á tan competentes obreros darnos sino una parte ó una sinopsis de la ciencia; pero han abierto el camino para que otros sigan sus pasos, aplicando al conjunto el severo análisis empleado en una de sus porciones principales por el autor de la Democracia en la América del Norte, i amplificando suficientemente lo que en breves pájinas nos ha enseñado el de la Teoria de la Política.

Mal podria llegar a la perfeccion el arte miéntras la ciencia no hubiese pronunciado su última palabra. Pero la ciencia dista mucho todavía de hallarse formada, i apenas se empieza a echar sus verdaderos fundamentos. De ahí es que las naciones modernas se condenen á interminables debates cuando han menester constituirse ó alterar en lo menor sus leyes constitucionales. De ahí tambien la incesante tarea de aquellas que como la Francia de 89 i las repúblicas hispano-americanas, buscan en libros ó en el ejemplo de otras naciones que ya gozan de ciertos beneficios atribuidos á su organizacion gubernativa, nociones políticas que no les dán los resultados apetecidos. I es que olvidan ó dèsconocen lo poco que de la ciencia ha llegado á proclamarse, i se estravian en el turbion de la política ideal é imajinativa, que no consulta los hechos sino la inspiracion.

Error mui grave i principal ha sido de los políticos sentimentales trazar sus planes de organizacion social i gubernativa sobre nociones imperfectas de la naturaleza humana, sobre incompletos conocimientos históricos, i prescindiendo en lo absoluto de la manera de ser del pueblo para quien destinaban sus ensayos. Es decir que no consul. taban la ciencia, porque ella consta á nuestro modo de ver de aquellos tres elementos.

Los primeros pasos en el gobierno de las sociedades han debido ser puramente instintivos, i obra esclusiva de las tendencias naturales del hombre. Social por escelencia, necesitaba propensiones conservadoras de la sociedad ; i siendo desde luego injusto por ignorancia ó por desequilibrio de las facultades mentales, era forzoso el establecimiento de una razon i de una justicia supremas que prevaleciesen sobre los malos instintos individuales. Para llegar a las conclusiones de sociedad politica i de gobierno, se han imajinado contratos primitivos no solo inverosímiles sino inútiles, puesto que todo se esplica por las leyes naturales de la mentalidad humana. Que el hombre no podría desarrollarse ni acaso vivir sino en el estado social ; que la sociedad es para él no asunto de cálculo, sino de irresistible instinto, como lo es para muchos otros animales, i qne dondequiera que se han encontrado hombres, por salvajes que fuesen, vivian en sociedad, son verdades que han venido á ser tri.. viales aunque no sin previa impugnacion de nociones que se les oponian.

Ahora bien, dondequiera que ha existido en grupo de individuos humanos, allí se ha visto la presencia de un réjimen comun, de un gobierno, que al principio ha tomado la forma embrionaria del patriarcado, i que despues se ha diversificado i complicado a medida que la sociedad se estendia, i con ella las luces, la riqueza i los intereses de todo linaje. No precedió contrato alguno al gobierno orijinario, fundado en leyes naturales tan forzosas como las que determinan la sociedad misma. Hai en la mente humana la facultad ó disposicion á dominar, como hai el sentimiento ó la disposicion á obedecer, i estas dos sencillas leyes son el principio elemental de todo gobierno. Correlativa á aquellas dos propensiones hai una tercera, que dispone á resistir toda dominacion opresiva, i es el principio de la libertad, como las otras dos, aisladas, producirían el despotismo necesario é incurable.

Tadas las formas de gobierno, todas las divisiones de los poderes públicos, toda idea de equilibrio polí. tico i aun toda revolucion de igual naturaleza, son otros tantos fenómenos determinados por aquellas primitivas leyes en consorcio con el ejercicio de las demas facultades mentales. Creciendo las sociedades viene la desigualdad de las riquezas, que es un medio de predominio en manos de los favoritos de la fortuna. Ya para entonces la guerra ha organizado i disciplinado las huestes militares, creado el caudillaje, i asegurado su preponderancia al valor i la fuerza. Mui pronto tambien la veneracion i la maravillosidad dieron nacimiento a la relijion, con su cortejo de fanatismo, supersticion, sacerdocio i prepotencia de los oficiosos intermediarios entre el creador i la criatura.

No hai á la verdad instinto, sentimiento ó facultad de la mente humana, cuyo ejercicio no sea una lei mas o menos activa i mas o menos influente en los fenómenos políticos ; i así no es posible depu rar esta fuente de la ciencia para beber en ella con abundancia, mientras la sicolojia no se eleve, á su turno al rango de una ciencia perdiendo lo que aun tiene de oscuridad i de controversia entre los filósofos que cultivan este ramo de los conocimientos humanos. I si la mentolojia no es hoi sino una aspiracion de los frenólogos observadores contra el viejo dogmatismo del yo indiviso, de las facultades nacidas milagrosamente de un órgano solo, del albedrío increado que se rebela contra lo naturaleza i la fatalidad, ¿podrá existir la ciencia política, que nace de ella como todas las demas ciencias sociales ? No, no es mas fácil tener política sin conocer sus primitivas leyes emanadas de la imperatividad, de la veneracion i de la estimacion propia, que lo sería tener moral sin darse cuenta de los sentimientos destinados al cultivo de las relaciones sociales, sin conocer á fondo lo que constituye la voluntad humana,

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