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que podia hacer de esta comunicacion un uso prudente.

El Sr. Marques me contestó con el siguiente billete :

« Traduccion-A S. E. el Sr. General, D. Bartolomé Mi « tre-Muy estimado señor :--Despues de saludar á V. E « le agradezco mucho el especial favor y prueba de amistad « con que ine ha honrado. El billete y el párrafo de carta « que adjunta es notable, y atestigua la contradiccion (des« harmonia) en el asunto Buliviano. Es una razon mas para « que nos convenzamos de cuan unidos debemos vivir, como « núcleo de luz, de progreso y de justicia: Haré el uso pru« dente á que V. E. me autoriza-DƏ V. E. amigo etc. « Marques de San Vicente-Rio Janeiro, Noviembre 13 « de 1872. »

Dios guarde á V. V.

BARTOLOMÉ MITRE.

Ministerio de Relaciones Esteriores.

Buenos Aires, Noviembre 22 de 1872.

A S. E. el Sr. Brigadier General D. Bartolomé Mitre Enviado

Estraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República en Mision Especial en el Imperio del Brasil.

Por la nota de V. E. de fecha 13 del corriente me he impuesto de las varias indicaciones confidenciales que le ha hecho el Sr. Marques de San Vicente para tomar en consideracion las pretensiones de Bolivia en esa corte con relación á la cuestion del Chaco. Dios guarde etc.

C. TEJEDOR.

( CONFIDENCIAL) Legacion Argentina en el Brasil.

Rio Janeiro. Noviembre 18 de 1872.

Al Sr. Ministro de Relaciones Esteriores de la República Ar

gentina, Dr. D. Cárlos Tejedor.

Señor Ministro:

En el dia de ayer á las 11 de la mañana asistí á San Cris. tóbal, donde fuí amistosamente recibido por el Emperador en su departamento particalar, y entrando en conversacion franca como dos simples particulares.

Dada la importancia y la influencia de la persona de Don Pedro II como soberano de una Nacion vecina, que puede hacer mucho mal y mucho bien á sus vecinos y la conveniencia de mantener la paz entre unos y otros, asi para el presente como para el futuro las opiniones del Emperador no pueden menos de tener trascendencia y es por esto que he creido deber consignar en este despachoʻla conversacion que en tal ocasion tuve con él, y las ideas que me manifestó con motivo de nuestras cuestiones arregladas, asi como respecto de la política del porvenir.

A las primeras palabras que él me dirigió, que fueron muy amistosas, yo le contesté felicitándolo por el restablecimiento de las cordiales relaciones entre nuestros respectivos paises, agregando que sin duda en tal resultado, habia influido la alta política y la elevacion de ideas de qne él era representante, y á que mi patria habia hecho y haria en todo tiempo el debido honor y la debida justicia.

El Emperador evitando contestarme en el estilo cerc.monioso en que crei deberle dirijir mi felicitacion, bajó el tono de la conversacion, diciéndome llanamente, y con abandono que no comprendia porque se habia prolongado por tanto tiempo una mala inteligencia que no tenia razon de ser, y que siempre le pareció de fácil arreglo con recíproca buena voluntad y franqueza.

Contesté al Emperador que las causas que habian traido esta mala inteligencia, habian felizmente pasado, prevaleciendo como era de esperarse, las inspiraciones de una buena política, cual convenia entre amigos, aliados y vecinos, y que me era grato comunicarle de parte del Sr. Presidente de la República Argentina, las palabras que por mi conducto le dirigia, y que hasta entonces no habia tenido ocasion de trasmitirle.

Díjele entónces que tenia especial encargo del Sr. Sarmiento para asegurarle que sus ideas y sentimientos para con el Brasil, y para con S. M. el Emperador eran de paz y simpatia, y que conservando el recuerdo de las atenciones personales que en otro tiempo habia recibido de S. M. y que habian divulgado por el mundo la reciprocidad de aquellos sentimientos, confiaba en que los hechos no desmentirian esta creencia general y que no se alterarian sin razon pi motivo, las cordiales relaciones que la mútua conveniencia y la alianza habian consolidado.

El Emperador pareció complacido con estas palabras y contestando indirectamente como es costumbre en él, por la tendencia que ha impreso á su espíritu el hecho de conversar preguntando á título de soberano, me dijo: Y el Sr. Sarmiento como ha dejado producirse esta situacion? Cômo es que el Sr. Tejedor pasó la nota de 27 de Abril?

No pareciéndome que era la ocasion de discutir los antecedentes de nuestra desinteligencia, le contesté simplemente que todo lo que nos habia dividido, habia ya pasado, habiéndose apartado noblemente por una y otra parte las causas de nuestra desinteligencia.

Pareciendo apercibido el Emperador, de la oportunidad de mi observacio.), aunque indiretamente hecha, me dijo con toda franqueza, que él comprendia que muchas veces los hombres de estado, tenian que obe leser á exigencias de la opinion pública, y que con frecuencia, los pueblos por un esceso de celo comprometian situaciones tirantes, debiendo en este caso los hombres de estado, sobreponerse á todo, para buscar lo que mas convenia al bien público sin menoscabo del honor. Agregando que así como en nuestro pais, habia preocupaciones rulgares respecto de nuestra política in ternacional, tambien en el Brasil escistian esas preocupaciones (preconceitos), finalizando por decirme, que creia sin embargo, que en nuestro pais era mayor la prevencion al Brasil, habiendo en la República Argentina partidos que hacian profesion de fé de animadversion ó de desconfianza al Brasil.

Con tal motivo entrámos á ocuparnos del estado de la opinion pública en uno y otro país por lo que respecta á desconfianzas o simpatias reciprocas, diciéndole yo por mi parte, que me permitiese decirle, que lo veia á él preocupado d: una idea de que generalmente participaban los hombres de estado del Brasil, y era de creer que la animadversion hácia el Brasil, era un sentimiento predominante y popular en la República Argentina. Que la política de la paz y de la alianza, basada en intereses comunes, y justificada por resultados benéficos era una política superior á todas las voluntades, y que ningun hombre, ni partido político podria pretender destruirla.

Que á mi me hacian el honor de creer que habia sido el promotor de esta buena política de paz y de amistad, que habia hecho prevalecer contra una opinion general en él. Que el que hacia cerca de 40 años, que estaba ocupando un trono con mas poder y mas influencia que yo como Presidente de una República, debia sabər, que no se realizan resultados

contra la voluntad y la conveniencia de los pueblos y sin la conveniencia eficaz de las fuerzas vivas de la opinion. Que así yo, inspirándome en las conveniencias de mi pais, y obedeciendo á la lógica de los hechos, habia tenido la fortuna de continuar y ensanchar una política, que nos emancipaba de antiguas cuestiones hereditarias, que no tenian razon de ser, y por eso veia él, que despues de haber dejado el Gobierno, ella continuaba, la misma y era yo el agente que venia á reanudarla liquidando amigablemente nuestras cuestiones pendientes.

El Emperador aunque no me pareció del todo convencido respecto de nuestras simpatias populares, hacia el Imperio, aun cuando hacía debida justicia á la ilustracion de nuestros hombres de estado, me preguntó abordando resueltamente un tópico delicado:«Espero que con esto cesarán los prevenciones de anexiones por parte del Brasil,»>

Interpelado tan directamente sobre el particular contesté como lo pienso: que tales prevenciones, si es que aun existian en algunos, se disiparian por el ejercicio franco y leal de la buena política internacional á que el tratado de alianza habia puesto el sello, haciéndome un deber de honor en declarar, que en esta ocasion el Brasil, habia procedido con tanta buena fé como buena voluntad y que asi lo reconocian todos en mi pais, no solo los hombres ilustrados, sinó el pueblo todo, agregando que para bien y honor nuestro, tales prevenciones ó proyectos de engrandecimiento, fuera de las leses del progreso que es hijo de la paz y del trabajo, debian olvidarse asi en el Imperio del Brasil, como en sus vecinos del Rio de la Plata.

El Emperador recordando talvez lo que le habia dicho con motivo de las invasiones de indios, que era un mal ipherente á naciones que tienen mucho territorio y poca poblacion, me dijo con mucha oportunidad: que el Brasil era

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