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no de llamar la atencion á los sábios reflexivos, puesto que solo el celo por la fe sirvió de estímulo para inspirar el pensamiento mas grandioso de la especie humana, y poner en movimiento la corte de Isabel. Aun ciñéndonos á la península se percibe claramente que la España se hubiera encontrado desconcertada en la carrera de su gloria y civilizacion, si el gran Cisneros no hubiera enseñado el camino de asegurar el comercio interior del reino con la creacion de las hermandades; el fomento de la agricultura con los pósitos de granos; el arte de preservar á los monarcas del tirano influjo de los magnates con su aplicacion al gabinete y los negocios; y sobre todo, si no hubiera cifrado su política en un gobierno central que, partiendo desde el trono y la capital, se comunicara á todas las provincias de la monarquía. Sin el genio incomparable de Cisneros Carlos I no hubiera hallado elementos para desplegar la grandeza de su carácter, ni Europa saliera de la infancia y aislamiento en que yacian entonces las naciones. Desde aquella época memorable, constituida la nacion con una organizacion mas ejecutiva, y estendido el horizonte de la ilustracion moderna, los Obispos, aunque formaban siempre uno de los brazos de la monarquía, se limitaron á salvar incorrupta la sana doctrina de la religion, en cuyo desempeño se distinguieron constantemente, cooperando asi mas de lo que parece á la alta gloria y esplendor á que se encumbró la España á

breve tiempo. Sin embargo, trasladándonos al continente americano aún podemos observar que en aquellas vastas regiones, en sus islas y en las Filipinas, el obispado español contrajo méritos propios de su alta gerarquía, y adquirió un renombre estraordinario que ha sobrevivido á las colonias desmembradas, ha escitado la admiracion de los mismos protestantes, y se ha preservado del anatema fulminado en América contra los españoles en general, por cuanto habiendo comparecido siempre el influjo episcopal como el escudo de los pueblos y los indios, ha trasmitido una memoria tan grata á aquellos naturales, que ahora mismo ofrecen esperanzas de reconciliacion con la madre patria si supiéramos a preciar un prestigio tan peregrino y envidiable. A mí no me queda duda de que algun dia se verificará este anuncio deseado y venturoso, porque el estímulo de la fe, animada de la caridad, es el mas eficaz y delicioso de la tierra; y habiéndose preservado pura en aquellas vastas regiones, sedientas por otra parte de operarios españoles para cultivarla, todo coopera para que se concierten relaciones íntimas de comercio y de amistad entre nuestro Gobierno y los ameTICa nOS. 21. De todos modos el obispado español, que antes y despues de la fundacion de la momarquía ha radicado tan gloriosamente la religion de Jesucristo, merece de justicia que el Gobierno de V. M. oiga con benevolencia su dictamen en materias religiosas, quedando á salvo los derechos correspondientes á la Corona para intervenir en cuanto dice relacion con el Estado, de lo que lejos de padecer agravio la autoridad civil se la origina un nuevo beneficio para consolidarse con mas aceptacion y fundamento, porque no hay vínculo tan seguro y respetable como el de la mútua alianza del Gobierno con la Iglesia. Sí, no temo repetirlo; cuando los pueblos, testigos de esta armonía moral, advierten agradablemente que las personas eclesiásticas, y en especial los Obispos, predican y enseñan con su ejemplo la obediencia y respeto á la potestad civil, conminando con la perdicion eterna á los que, dominados de sus pasiones, violan el juramento de fidelidad ó interrumpen el ejercicio de las leyes; cuando los pueblos, digo, aprenden del sacerdocio estas lecciones, no pueden menos de formar una alta idea del poder supremo, y de reconocer visiblemente la mano de Dios en el orden social que les gobierna. Recíprocamente, cuando el mismo pueblo, propenso por naturaleza al culto religioso, observa por otra parte que los generales, magistrados y los mismos augustos Reyes, en medio de su grandeza y esplendor del trono, se glorían de honrar á la Iglesia y sus ministros, comprenden fácilmente la escelencia divina de la religion, y penetrándose de sus deberes se enseña prácticamente á respetar las autoridades civiles y eclesiásticas, connaturalizándose asi con aquel admirable

caracter nacional que ha distinguido en todos tiempos la sensatez de los españoles.

22. Fundado en estas razones poderosas, el infrascrito vive persuadido, en medio de su escasa ilustracion, de que ningun servicio mas adecuado y eminente puede prestar al Estado en la crisis peligrosa que por todas partes nos asedia, que el de mostrar claramente y sin rodeos, á pesar del peligro, el único modo de orillar las dificultades políticas en que se hallan complicadas las mas de las cuestiones religiosas, que en suma es el de valerse para el efecto de la autoridad de los Obispos y supremacía de la santa Sede en union con la Corona. Y véase aqui, Señora, de una vez completamente descubierto el plan de mis ideas, las que sin esta aclaracion podrian acaso no ser bien interpretadas. Hasta aqui, obligado por necesidad á blasonar á cada instante de la unanimidad de los Obispos, en declinar la competencia de la potestad civil respecto de las materias eclesiásticas, y empeñado tambien en la defensa de la supremacía pontificia, presumirian tal vez ciertos hombres prevenidos, que intentaba ponderar un privilegio tan relevante con siniestras miras, ó con el designio de proponer exageradas pretensiones y reparaciones imposibles; pero desarrollados ya mis pensamientos, V. M. verá patentemente ahora como la feliz concurrencia de la unanimidad de los Obispos me sirve de fundamento principal para elevará su alta consideracion mis reflexiones, con el único objeto de

dictamen en materias religiosas, quedando á salvo los derechos correspondientes a la Corona para intervenir en cuanto dice relacion con el Estado, de lo que lejos de padecer agravio la autoridad civil se la origina un nuevo beneficio para consolidarse con mas aceptacion y fundamento, porque no hay vínculo tan seguro y respetable como el de la mútua alianza del Gobierno con la Iglesia. Si, no temo repetirlo; cuando los pueblos, testigos de esta armonia moral, advierten agradablemente que las personas eclesiásticas, y en especial los Obispos, predican y enseñan con su ejemplo la obediencia y respeto a la potestad civil, conminando con la perdicion eterna á los que ,

dominados de sus pasiones, violan el juramento de fidelidad ó interrumpen el ejereicio de las leyes; cuando los pueblos, digo, aprenden del sacerdocio estas lecciones, no pueden menos de formar una alta idea del poder supremo, y

de reconocer visiblemente la mano de Dios en el orden social que les gobierna. Recíprocamente, cuando el mismo pueblo, propenso por naluraleza al culto religioso , observa por otra par

los generales, magistrados y los mismos augustos Reyes, en medio de su grandeza y esplendor del trono, se glorian de honrar á la Iglesia y sus ministroš, comprenden fácilmente la escelencia divina de la religion, y penelrándose de sus deberes se enseña prácticamente á respetar las autoridades civiles y eclesiásticas, connaturalizándose asi con aquel admirable

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