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religion era la de puestros abuelos; sonaban mucho por consiguiente semejantes palabras en los oidos de la multitud. No falta quien haya atribuido el proceder de los que tal decian á miras ambiciosas ó de privado interés; pero si es cierto, por desgracia, que los hombres mezclan en sus doctrinas la inclinacion de sus pasiones, tambien lo es que para hacerlas prevalecer acuden a los resortes que en su concepto ejercen mayor influencia sobre los demas, y así es visto, que al invocar aquellos recuerdos, estaban seguros ó por lo menos convencidos de que sus palabras habian de encontrar eco entre las masas. Mucho les ayudaba la misma tirantez de la Coost tucion para convencer de la verdad de sus dichos al pueblo y al monarca; no tardando en conseguir que diversas clases influyentes y aup el trono quedaran prevenidos en contra de ella.

La exaltacion de los ánimos no daba treguas para discutir tan encontradas opiniones; y así los partidarios de las modernas cortes dieron en apagar por medio del terror los clamores de sus antagonistas: se les prohibia manifestar sus pensamientos, se les presentaba al público como sospechosos, y ellos en su impotencia juraron odio mostal å los que no podian resistir entonces. Así se confundieron insensiblemente la cuestion de principios con la cuestion de personas, y ya no pensaron uno y otro bando en apalizar los proyectos que se apunciaban, sino en reparar el lado de donde partian, y atribuirles en seguida dañadas intenciones que necesariamente les ijabian de cerrar el paso entre sus adictos. Para el rey y los amigos del gobierno absoluto era la Constitucion un amago del jacobinismo que se reflejaba en todas y cada cual de las reformas por ella introducidas: para el partido liberal era la oposicion un siniestro anuncio de! despotismo que nuevamente quería -invadirlo todo: y como fueron tan desastro · sos los últimos acontecimientos debidos, á su ipflujo en el reipado de D. Carlos IV., ofuscábale el terror al simple aspecto de semejante idea, y trataba á todo trance de sofocarla erigiendo en dogma constitucional la opuesta. De este modo se encarnizó la lucha de los partidos que fué sorda y á muerte.

Cuando volvió de su cautiverio el rey Fernando, nadie aun vislumbraba cuál sería su conducta respecto á lo hecbo por las cortes durante su ausencia; pero la reprobacion de todo ello estaba ya decretada, y no con la parsimonia del padre que modera la impetuosidad de su hijo, como sucedia en las peticiones de las antiguas, sino con la violencia del hombre acosado que intenta dejar á su enemigo fuera de estado de combatir; y así cuando Madrid celebraba su entrada con arcos de triunfo

у vítores y aclamaciones, ya gemian en sus cárceles algunos diputados, mientras que otros, y fueron los mas felices, andabap espatriados en estraños climas por evitar igual catástrofe en sus personas.

Así acabó la Constitucion en 1814: y como el estremado recelo nos lleva a querer borrar hasta la memoria del objeto que le causa, juntamente con las reformas políticas se abolieron tambien las civiles, útiles y acertadas en su mayor parte, y que en nada afectaban al interés de la corona.

CAPITULO XXVII.

Retroceso en la legislacion. Nuevos cambios políticos, Restableci

miento de las reformas constitucionales; introduccion de otras nuevas. Código penal, Reseña analítica del mismo. Segundo trastorno en el sistema de gobierno y abolicion de todo lo hecho.

Desde la época en que termina el anterior artículo, veremos jugar en constante alternativa dos órdenes de leyes civiles amoldadas al espíritu de los sistemas de gobierno que se han sucedido hasta nosotros, viviendo su propia vida y desapareciendo tambien con ellos. Estos dos órdenes son, el antiguo o introducido hasta la Novísima, que permaneció inalterable siempre; y el moderno al cual van inherentes las reformas y novedades ocurridas despues de aquella.

Desterrada la Constitucion de Cádiz y con ella las innovaciones que sufrió el derecho, segun acabamos de refe: ir, volvió éste á presentar igual aspecto que tenia en '1805: y aun cuando las nuevas leyes, en especial las de enjuiciamento, caminaban en armonia con les adelantos del siglo y eran verdaderas mejoras en la organizacion judicial, no por eso las respeto ni quiso consentir el fanático asombro de los anti-constitucionales.

Volvieron pues á establecerse las antiguas máximas y las reglas derivadas de ellas: complicáronse los procedimientos, tornaron á su ser los tribunales, y los litigantes y reos perdieron otra vez las garantías que la Constitucion les daba, y las esperanzas que les habia hecho concebir. Los jurisconsultos por su parte hubieron de abandonar, acaso con satisfaccion , el estudio filosofico y comparativo de la legislacion, para engolfarse de nuevo en el de intérpretes y comentadores, ateniéndose en la tramitacion a la discorde práctica de los tribunales mas confusa entonces con la aparicion aunque momentánea de las reformas. Una se mantuvo no obstante; la reversion de los señoríos jurisdiccionales a la corona, que pareció oportuno aprovechar. Así continuaron las cosas por espacio de seis años, y hasta que la fuerza de los acontecimientos públicos llevó el poder á manos de los vencidos. Tal vez fué imprudente esta conducta en los que dominaban, como lo babia sido en los que cayeron á su impulso; y si es probable, como algunos piensan, que una Constitucion mas conforme al régimen movárquico hubiera sido aceptada por el trono y sus consejeros, tambien lo es, y con mayor motivo, que si la reforma de los derechos civiles de cada individuo se hubiera respetado y permanecido intacta, no habria ocurrido el restablecimiento solemne de las políticas, ó al menos se hubiera dilatado por mucho tiempo.

Al desechar la Constitucion el rey Fernando, habia prometido en el célebre manifiesto de 4 de mayo de 1814, que á la forma de gobierno introducida por las cortes., sustituiría otra mas análoga á la autoridad del trono, y mas templada y aceptable que el despotismo de sus antecesores. Pero no llevándose a cabo aquella promesa, empezó a cundir el descontento que desde luego causó la dureza empleada contra los autores del código fundamental; y ya en 1817 dió señales de estallar en Galicia la tormenta que iba cuajando y estendiéndose por todo el reino. Púdose apagar entonces la insurreccion; mas volvió a romper con mayor estruendo en Barcelona y otros puntos á principios del año 20, y ya finalmenta se vió precisado el monarca á admitir de lleno las condiciones que le imponian. Hubo pues de acceder a la convocacion de cortes, y prestó en su seno el juramento de guardar la Constitucion como en la misma se previene, quedando por tanto nuevamente sancionada y en su vigor.

Consiguiente á esta novedad era que se restableciesen los deeretos y órdenes publicados en la otra época constitucional: no se hizo así a pesar de todo, y distraidos los ánimos con el afan de asegurar las bases políticas, descuidaron la rehabilitacion espresa de las leyes promulgadas anteriormente y que con algun fundamento se podian creer abolidas. Mas diéronse otras nuevas cuyas disposiciones se ajustaban al espíritu de aqueHlas, y aun en su contesto se encueotran remisiones a las mismas.

La libertad de imprenta fué uno de los objetos que primeramente llamaron la atencion de las cortes en 1820. Esa institución por unos tan celebrada, por otros tap perseguida, fundamento iodispensable del régimen representativo, se - toleró en Francia mucho tiempo antes de quedar consignada en sus códigos. Esto prueba que el influjo de la prensa es puramente relativo y depende del grado de civilizacion en que el pueblo se encuentra, obrando sobre la opinion en razon inversa de sus adelantos. Los temidos efectos de aquella , tienen lugar solamente en la ignorancia y barbarie de las naciones; y así no parece cuerdo ahogarla del todo, sino moderarla y permitir suavemente su introduccion. ¿De qué sirvieron en este punto los esfuerzos de los absolutistas? Las sociedades secretas sustituyeron con harto mayor perjuicio y riesgo al prohibido medio de comunicacion. Establecióse ahora nuevamente, si bien coo demasiada fatitud, conservando no obstante la prévia censura en materias de dogma y religion á cargo del ordinario eclesiástico, precaviendo en lo posible, y castigando los abusos, y ereando fiscales con el carácter de letrados que celaran su observancia. Tambien se erigió una junta suprema de proteccion en vez de la antigua de censura. Pero lo que mas notablemente contribuyó á hacer peligrosas las concesiones legales, faé

el juicio por jurados que se decretó para esta clase de asuntos. La organizacion particular de aquellos tomada tambien en su mayor parte de los conocidos en Francia, era defectuosa y espuesta á grandes inconvenientes que podian falsear el espíritu de la institucion.

Otros objetos de mas inmediata utilidad para la nacion reclamaban urgente remedio en lo civil. Tal era la desamortizacion de bienes que se hallaban acumulados eo manos de muy pocos poseedores, coa general detrimento y en abierta oposicion con los principios reconacidos en materia de propiedad. Estas consideraciones pesaron desde muy remota época en el ánimo de nuestros monarcas, que estaban bien convencidos de que la desigualdad escesiva de fortunas, basta para empobrecer un imperio, asi como un sábio y uniforme repartimiento de bienes raices, para su prosperidad y riqueza : por eso dieron eficaces providencias contra la acumulacion de propiedades, en cuanto lo creian compatible con el derecho legítimo de los particulares. Siguiendo el mismo rumbo, acordaron ahora las cortes que cesara toda especie de vinculaciones, cualquiera que fuese el nombre y destiro de ellas; declarando propietarios á sus actuales poseedores, é imponiéndoles la sola obligacion de reservar la mitad al sucesor inmediato, por no perjudicarle en sus derechos ya adquiridos: pero en el finalizaba completamente la prohibicion de enagenar.

Mayor era el daño en las fiocas del clero. La piedad de nues. tros mayores habia estancado en su poder una inmensa propiedad, a pesar de los esfuerzos que por evitarlo hicieron de consuno los procuradores del reino y los soberanos. Habíanse mandado observar repetidamente las antiguas leyes de desamortizacion eclesiástica; pero los regulares consiguieron siempre enervar su vigor, dando á sus pretensiones el colorido de santidad y devocion. Para desarraigar de una vez el mal, pensaron nuestros legisladores en estinguir los conventos; si bien contribuyó mucho á que tomaran semejante determinacion otra idea política ademas de la económica, á saber; la de contrarestar su poderosa influencia en todas las clases de la sociedad, y aun junto al mismo trono, que se presentaba en contradiccion con las meditadas reformas. Asi la adjudicacion de sus bienes al crédito público se presenta en la ley como una disposicion secundaria, y la principal tendencia de ella consiste en promover la secularizacion de religiosis de ambos sexos, y prohibir las nuevas profesiones. Mandáronse reunir ademas las comunidades que no pasaran de veinte y cuatro sacerdotes, y se sujetaron todas a la autoridad del ordinario que habian conseguido eludir mucho hacia predicando su dependencia esclusiva de los papas, y declinando para ante el tribunal de Roma la jurisdiccion de los obispos (1).

(1) Dec. de 1.° de octubre de 1820.

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