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clon de Ioi que se atienen á la razon y á la Escritura (1); pero que los que miran la silla de Roma como el centro de todas las iglesias y al Papa .como al obispo ecuménico, abraaen tambien la misma opinion, esto es lo que debe parecer no poco absurdo, porque la proposicion que hace al concilio superior al Papa, establece una verdadera aristocracia; y sin embargo la iglesia romana es una monarquía (2).» ,

Mosheim, examinando el sofisma de los jansenistas , que el Papa es con efecto el superior de cada iglesia considerada aparte; pero no de todas las iglesias reunidas; Mosheim, repito, se olvida de su fanatismo anticatólico, y discurriendo con recta lógica responde: «Con el mismo juicio podría defenderse que la cabeza dirige á cada miembro en particular; pero de ningun modo al cuerpo que es la reunion de todos estos miembros; ó que un rey manda á la verdad en las ciudades, villas y campos que componen una provincia; pero no en la provincia misma (3).»

Un doctor inglés ha hecho á su iglesia este argumento tan sencillo y tan fuerte, que ha adquirido celebridad: ccSi la supremacía de un arzobispo (el de Cantorbery) es necesaria para mantener la unidad de la

(1) Con estas palabras quiere PufPendorf designar á los protestantes.

(2) Id qitidem non parilm abmrditath habet cum slatus ecclesi® monarchicus sit ( PutFendorf, de hubitu relig. Christi ad ritam civilem , p. 38 )

(3) Id lam mihi scitum videtur, ac si quis affirmaret memora qu'idem á capiteregietc (Mosliuim. t. I,dis*. ad hist. ecclcs. pertiu. p.542.)

¡glesia anglicana; ¿cómo no lo ttabid de ser la supremada del soberano pontífice para mantener la unidad de la iglesia universal? (1)»

Tambien es una confesion notable la de Cándido Seckenberg tocante al gobierno de les papas: «No hay, dice, mi solo ejemplar en la historia entera de que un soberano pontífice haya perseguido á los que aferrados en sus derechos legítimos no intentaban pasar mas allá de sus límites (2).»

Me seria fácil multiplicar estos textos; pero es preciso abreviar. Concluiré con una cita interesante, no tan conocida como merece, y que puede equivaler á mil otras. Va á hablar un ministro del santo Evangelio , al que no tengo derecho de nombrar ya que ha juzgado oportuno conservar el anónimo; pero no experimento la ansiedad de no saber á quién dirigir mi aprecio.

« No puedo menos de decir que Lutero y ("alvino pusieron los primeros una mano profana en el incensario, cuando bajo el nombre de protestantismo y de reforma causaron un cisma fatal en la iglesia, que ha introducido por medio de una division absoluta las va

(1) Si necessarium est adunitatem in ecclesid (Analice) tu'.ndam anutn archiepiscopam alus prceese; cur non parí ¡atione toti ecclesice Dei unus praerit archiepiscopus (Cartwrhh in deferís. Wirghti).

(2) Jure affirmari poterit ne exemplum quide m esse in omni rerum memoria, ubi pontifex processerit adversüs eos qui juribus sais intenti ultra limites vagari in animum non induxerunt tttum. (Henr. Christ. Seckenberg method. jurispr. adJit. W, Jt Htitri MtUi.gtrm. III.)

riaciones que Erasmo hubiera logrado introducir de una manera mas r,uave con la sátira que manejaba tambien.

ct Si, los reformadores son los que tocando á rebato contra el Papa y contra Roma, dieron el primer golpe al coloso antiguo y respetable de la gerarquía romana, y llamando la atencion de los hombres hácia la discusion de los dogmas religiosos, los prepararon á discutir los principios de la soberanía, y minaron con la misma mano el trono y el altar

« Ha llegado el tiempo de levantar nuevamente ese

palacio soberbio destruido con tanto estruendo y quizá

ha llegadoel instante de hacer que vuelvan al seno de la glesia los griegos, los luteranos, los anglicanos y los calvinistas.... A vos os toca, pontífice de Roma mostraros el padre de los fieles, restituyendo al culto su pompa y á la iglesia su unidad (1): á los sucesores de S. Pedro toca restaurar la religion y las costumbres en la Europa incrédula.... Los mismos ingleses que sacudieron los primeros vuestro imperio, son hoy vuestros mas zelosos defensores. Ese patriarca que en Moscow rivalizaba con vos en poderío, acaso no está muy distante de reconoceros (2)

«Aprovechaos pues, santo padre, aprovechaos dela

(1) Siempre la misma confesion : Sin el no hay unidad.

(2) El autor podía tener esperanzas legítimas con respecto á los ingleses , que deben en efecto, segun todas las apariencias, volver los primeros á la unidad ; pero; cuáifto se engaña en puntoa los griegos que estan mucho mas distantes de la verdad que lot ingleses. Ademas hace un siglo que en Moscow no hay patriarca, y el arzobispo ó metropolitano que ocupaba aquella silla en 1797■ era el menos dispuesto á volver al centro de unidad entre cuantos obiipos lian llevado la mitra rebelde.

ocasion y de las disposiciones favorables. El poder temporal se os escapa: recobrad el espiritual, y haciendo tocante al dogma los sacrificios que las circunstancias exigen, unios á los sabios, cuya pluma y cuya voz dominan a las naciones: restituid á la Europa incrédula una religion simple (1); pero uniforme y sobre todo una moral purificada, y sereis proclamado el digno sucesor de los apóstoles (2). »

Pasemos por estos restos rancios de preocupacion que tan dificilmente se arrancan de las cabezas mas sanas donde una vez se han arraigado. Pifemos por eso del poder temporal que se va de entre las manos al soberano pontífice, como si nunca hubiera debido restablecerse: pasemos por el consejo de recobrar el poder espiritual, como si hubiera estado suspenso jamás, y por el consejo mucho mas extraordinario de hacer tocante al dogma los sacrificios que las circunstancias exigen, es decir, en otros términos enteramente sinónimos, hacernos protestestantes para que no los haya. Por lo demas ¡qué sabiduría! ¡qué lógica! jqué preciosas y sinceras confesiones qué esfuerzo admirable sobre las preocupaciones nacionales! Al leer este trozo recuerda uno la máxima de que pueden recibirse las lecciones de un enemigo; si lícito es llamar enemigo al que tanto se ha aproximado á nosotros impelido de una conciencia ilustrada.

(1) ¡Cuánto hubiera deseado yo que el estimable autor no» hubiese dicho en una nota lo que entiende poruna religion Simple, Si por casualidad era una religion corregida y disminuida; el Papa no daría en esta idea.

(1) De la necesidad de un culto publica L,... 1797, en 8.a (Conclusion).

CAPÍTÜLO X.

TESTIMONIO BE LA IGLESIA RUSA Y POR

ELLA TESTIMONIO DE LA IGLESIA GRIEGA

DISIDENTE.

No se leerán sin un grande interés los testimonio» luminosos y tanto mas preciosos cuanto son menos conocidos, que la iglesia rusa nos suministra contra ella misma en la importante cuestion de la supremacía del Papa. Sus libros rituales contienen en este punto confesiones tan claras, tan expresas, tan eficaces, que con dificultad se comprende cómo no se rinde á ellas la conciencia que consiente en pronunciarlas (1). No hay que extrañar que no se hayan citado aun estos libros eclesiásticos. Incómodos*por su tamaño y peso, escritos en slavo, lengua, aunque riquísima y muy bella, tan estrena como el sanscrito á nuestros ojos y oidos impresos en caracteres que repugnan sepultados en las iglesias

(1) He sabido que hace algun tiempo qne se encuentran en el comercio de Moscow y S. Petersburgo algunos ejemplares de esto* libros mutilados en los pasajes mas notables; pero en ninguua parte son mas legibles aquellos textos decisivos, que en los ejemplares de donde han sido arrancado*.

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